Un 14-F marcado por la lluvia y el miedo al contagio

Miembros de la mesa electoral ataviados con trajes EPI en la franja horaria de votación de positivos de Covid y contactos estrechos.
Miembros de la mesa electoral ataviados con trajes EPI en la franja horaria de votación de positivos de Covid y contactos estrechos.
HUGO FERNÁNDEZ

El paraguas y la mascarilla marcaron ayer las elecciones autonómicas catalanas más singulares de la historia democrática. A la excepcionalidad de votar en medio de una pandemia se le unió un San Valentín lluvioso en buena parte de Cataluña para complicar aún más la logística de una jornada que, sin embargo, transcurrió sin apenas incidentes destacables.

Aunque se extremaron las medidas sanitarias frente al coronavirus en todos los centros de votación, hubo nerviosismo y algo de miedo entre los miembros de muchas mesas electorales, especialmente a la hora ponerse los trajes EPI y el resto del kit de protección para afrontar la última hora de votación, la más temida, en la que acudieron a depositar sus papeletas los infectados por Covid y contactos  estrechos. Fueron, no obstante, muy pocos los votantes que acudieron a votar en esta última franja horaria, entre las 19.00 y las 20.00 horas.

También fue excepcional la presencia policial, con más de 14.000 agentes de los Mossos d’Esquadra y policías locales velando por el correcto desarrollo de las votaciones en el que fue "el dispositivo más ambicioso de toda la historia de la democracia", en palabras del conseller de Interior de la Generalitat, Miquel Sàmper. 

Entre los altercados registrados destacó el sabotaje de dos centros de repetición de telecomunicaciones, en Girona y Lleida, horas antes de que arrancara la jornada, aunque no repercutió en la transmisión de datos. Sí afectó a las emisiones de RTVE en Cataluña, pero la corporación pública no tardó en restablecer sus servicios.

Asimismo, dos jóvenes fueron detenidos en el municipio tarraconense de Castellvell del Camp por negarse a ponerse la mascarilla para votar y enfrentarse a dos agentes. 

Y en Barcelona, activistas de Femen increparon con gritos de "fascista" y pechos al descubierto al candidato de Vox, Ignacio Garriga, a su llegada a su colegio. Esta formación también denunció que una de sus apoderadas fue agredida en otro colegio de Canovelles: el agresor fue arrestado.

Como buena jornada electoral, el 14-F dejó también muchas anécdotas y sorpresas, una de ellas la que se llevaron los votantes del colegio Les Escoles de Sant Just Desvern cuando se encontraron al expresidente catalán, José Montilla, al frente de una de las mesas. También fue curioso ver al futbolista del Barça Gerard Piqué depositar su voto en una mesa presidida por su hermano, Marc.

Una paradoja también relacionada con el fútbol fueron las quejas, medio en broma medio en serio, de seguidores del Real Madrid por tener que ir a votar al Camp Nou, ayer transformado en colegio electoral. Algo parecido les ocurrió a los antitaurinos que votaron en la plaza de toros de Tarragona.

También hubo catalanes que se resistieron a olvidarse del Carnaval –fiestas suspendidas por la pandemia– y acudieron a votar disfrazados, entre ellos el presidente de una mesa de Tarragona, que llegó vestido de payaso, aunque en su caso para expresar su malestar por haber sido citado para esa función en plena pandemia. Y no fue el único en dar la nota con disfraz a cuestas. 

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