¿Faltan camareros en España? "Lo que te hace no querer trabajar son las condiciones, es casi esclavitud"

Ribadeo, Lugo. Primer dia tras el fin del Estado de Alarma en toda España. Desde hoy domingo se puede de nuevo pasar de una Comunidad Autónoma a otra. En la imágen, dos camareros atienden una terraza en los cantones d
Un bar en ribadeo, Lugo
Carlos Castro/Europa Press

Los hosteleros no encuentran camareros. O eso han dicho algunos en redes sociales y programas de televisión este agosto. Se ha insinuado, incluso, que muchos prefieren cobrar el paro antes que aceptar un contrato en hostelería. La respuesta de los camareros con los que ha hablado este medio es muy clara: "Lo que te hace no querer trabajar son las condiciones, es casi esclavitud", cuenta a 20Minutos, Alejandro, un camarero de Albacete. Una situación que empeora si eres mujer o parte del colectivo LGTBI: "Un empresario me dijo que no contara que era lesbiana porque no se me notaba", dice María Pía, hostelera de Barcelona.

Según los datos del Ministerio de Empleo, en julio, el paro caía hasta los 3,4 millones, por lo que ya hay 600.000 personas ocupadas más que en el año 2019, el previo al coronavirus. Y una de cada dos personas contratadas en julio ha ido destinada a bares, restaurantes, chiringuitos, tascas y demás.

"Páguenles más"

Desde la Asociación de Maitres y Camareros de España (AMYCE) se ciñen a la llamada "receta Biden". Cuando el presidente de los Estados Unidos oyó que los empresarios se quejaban de que no encontraban trabajadores para sus negocios, les dirigió una única frase: "¡Páguenles más!". "Si quieres buenos trabajadores tienes que pagarlos. Un restaurante en Madrid, o en una gran ciudad, con 20 personas trabajando, puede facturar de media entre de 300.000 euros y medio millón al mes. Dinero hay, nos aprietan el cinturón para tener todavía más beneficios", asegura Ignacio Guido, presidente de la asociación.

Las malas condiciones espantan a muchos de los que quieren trabajar en hostelería. Pero para Guido, el principal problema es el sueldo: "La gente profesional que lleva muchos años en la hostelería no quiere seguir trabajando porque no les están pagando acorde. Y la gente joven no quiere aprender porque ven que los méritos no se traducen en sueldo".

"Dinero hay, nos aprietan el cinturón para tener todavía más beneficios"

Para la AMYCE es cierto que hay falta de camareros, pero no porque los jóvenes no quieran serlos. "Se trabajan 14, 15 o 16 horas y no pueden cobrar lo mismo que un empleado que trabaje 8. Al final, perderemos la atención y la profesionalidad", asegura Guido a 20Minutos. 

Ignacio Guido, Presidente de AMYCE
Ignacio Guido, Presidente de AMYCE
Cedida por Ignacio Guido

"Cotizando solo 15 horas cuando llego a hacer 10 al día"

Alejandro, un camarero de Albacete que no ha querido dar más datos que lo identifiquen por miedo a las represalias de su jefe, cree que la situación de los camareros es "precaria en el 90% de los casos". Cuenta su historia a 20Minutos: trabaja en un bar de barrio, que abre hasta las dos de la mañana "cotizando 15 horas a la semana cuando llego a hacer 10 al día. Son 7 euros la hora pero solo gano lo que trabajo", añade. 

"De seis trabajos que he tenido en hostelería, este es en el que mejores condiciones hay". Y no debería ser así, según el convenio de hostelería, un camarero debería cobrar un mínimo de 1.260 euros al mes, cobrar las horas extras, las nocturnas, estar dado de alta en la seguridad social e incluso recibir comida en su local de trabajo. Pero eso es una quimera. La trampa que utilizan muchos es hacer contratos de ayudante de camarero para pagar menos: "Según mi contrato soy ayudante de camarero y en realidad llevo pedidos, proveedores... soy el encargado", afirma Alejandro.

Lo mismo opina José Perez, que después de haber trabajado en hoteles, locales de comida rápida, bares de copas y restaurantes de tapas dejó la hostelería "y no volvería a ella" por las nefastas condiciones". "Estás sin dar de alta o con un alta inferior a la que correspondería, sueldo por debajo del convenio y si pagan horas extras es en negro", relata José.

Semanas enteras sin librar, sin vacaciones, durmiendo 4 horas...

Pero lo peor para estos camareros no es el sueldo, sino las jornadas maratonianas a las que se enfrentan sin cotizar. "En enero estuve un mes entero cerrando y abriendo. Me iba a la una y media a casa y me levantaba a las seis para abrir el bar. No se respetaban las 12 horas de descanso, iba casi sin dormir", cuenta Alejandro.

"Falte un día y el resto de camareros me robaron mi parte de las propinas. Las condiciones eran tan malas que aquello era la jungla"

Pero para Alejandro, aunque el sector sigue siendo muy precario, algo se ha avanzado: "En mi primer trabajo estuve todo un verano sirviendo de lunes a domingo sin ningún día de descaso por 600 euros, unos 2,70 euros la hora", relata. "Se aprovechaban de que me hacía falta, pero era casi esclavitud". Tampoco tenía derecho a baja así que "falté un día por enfermedad y el resto de camareros me robaron mi parte de las propinas. En aquel momento me enfadé, a día de hoy entiendo que las condiciones que teníamos eran tan malas que aquello era la jungla, cualquier ingreso extra era bien recibido", dice apenado. 

"Debemos mirar hacia dentro y pensar que hemos hecho mal"

Y algunos hosteleros son muy conscientes de esto. Es el caso de María Pía Durán y Lola Salas Bosque, fundadoras del Lolín Café Gastrobar, en Badalona, un negocio que crearon para huir de las malas condiciones que habían soportado trabajando para otros hosteleros durante años.

María Pia Duran y Lola Salas Bosque, dueñas del Lolín Café gastrobar
María Pia Duran y Lola Salas Bosque, dueñas del Lolín Café gastrobar
Tándem Projects

Su situación empeoraba porque eran mujeres para la que la hostelería es aún más dura, como relata María: "Hay cosas a las que un hombre no se enfrenta como que a las mujeres se nos vea por una determinada forma física y no se vea el lado profesional". Y más aún formando parte del colectivo LGTBI: "Un empresario para el que trabajaba me dijo que no contara que era lesbiana porque no se me notaba", cuenta.

Alejandro está muy de acuerdo en que se discrimina a las mujeres en la hostelería: "No son clichés, pasa sistemáticamente en los bares. Soy el único chico y soy el encargado. Ellas tienen menos turnos y si no trabajan no cobran. Al menos yo tengo algo mejor salario".

"Que te paguen con la categoría real que tienes, todas las horas y las horas extra en nómina... Era una rareza", cuenta María Pía a 20Minutos. Por eso, en cuanto contaron con ahorros suficientes, crearon su gastrobar.

"Cuando pones un negocio no puedes pretender trabajar lo justo, contratar personal en malas condiciones e ir de empresario por la vida", se queja María. "Tuvimos claro que hasta que no tuviésemos la posibilidad de contratar a alguien según convenio echaríamos las horas que hiciera falta, pero no contrataríamos". Maria cree que se debe "mirar hacia dentro y pensar que hemos hecho mal para que la gente no quiera trabajar en hostelería".

Ofertas indignantes: 12 horas al día por 500 euros

Tanto los camareros como las hosteleras con los que ha podido hablar este medio, han visto ofertas que no cumplían, por mucho, el convenio de hostelería: "Se piden situaciones de semiesclavitud, que hablan de media jornada y es trabajar unas 50 horas semanales que solo cogería gente desesperada", relata María.

"Es una profesión que ha desgastado a mucha gente, es complicado, agotador... pero si tú no dignificas a una persona con un sueldo real para el esfuerzo que tiene que hacer ¿Cómo pretendes que la gente te venga a trabajar?", se pregunta María, que, aunque recalca que "ama su profesión" aunque sabe de su dureza.

Alejandro está de acuerdo: "Cuesta vivir de la hostelería. Para tener una vida digna tienes que hacer muchas horas sin cotizar y no quieres dilatar mucho la experiencia porque te vas a quedar con un paro ridículo". José cree que "si los negocios hosteleros respetaran el convenio, no les faltarían trabajadores" lo que se demuestra porque ha estado en sitios en los que se respetaba a rajatabla y "había gente que llevaba décadas trabajando allí". El problema no es la hostelería, son las condiciones.

"Para tener una vida digna tienes que hacer muchas horas sin cotizar y no quieres dilatar la experiencia porque te vas a quedar con un paro ridículo"

La solución: inspecciones y denuncias

"Yo le pido a las y los trabajadores que denuncien, es el único camino", cree María. Para ella, la solución está clara y es que haya mayor control y, sobre todo, mayores sanciones: "A la primera, segunda, tercera inspección que se sancione, va a haber algo claro para los empresarios, o nos cuadramos o nos crujen a multas". Por eso le pide "al Ministerio de Trabajo y a los sindicatos que motiven las inspecciones", porque "entre todos tenemos que hacer que esto mejore".

Para la AMYCE la solución es que los empresarios "valoren" con un sueldo digno la profesión. Entonces "la gente joven querrá estudiar hostelería" y los empresarios verán subir sus ingresos porque tener un personal cualificado "se nota en la facturación a final del mes", asegura Ignacio Guido.

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