La pandemia comenzó a mejorar en Madrid antes de la adopción de las primeras restricciones

Transeúntes por la Gran Vía de Madrid en una imagen tomada a finales de septiembre.
Transeúntes, por la Gran Vía de Madrid en una imagen tomada a finales de septiembre.
Jorge París | Jorge Paris

Tras dos semanas de conflicto entre la Comunidad de Madrid y el Gobierno central sobre las medidas que debían ponerse en marcha para frenar la ola de la pandemia, la capital y varias ciudades de su periferia se mantendrán finalmente confinadas perimetralmente durante el puente del 12 de octubre.

Paradójicamente, mientras las dos administraciones se enfrentaban dialécticamente y en los juzgados sobre estas restricciones, la pandemia seguía su curso y los datos han venido mejorando desde hace tres semanas, antes de que se pusiera en marcha ningún tipo de medidas.

El pasado 7 de septiembre, la segunda ola de la pandemia del coronavirus avanzaba imparable por la Comunidad de Madrid. Desde esa fecha hasta hoy, la incidencia acumulada se sitúa por encima de los 500 casos por cada 100.000 habitantes, el límite que 23 días después acordaría el Gobierno regional con Sanidad como umbral para confinar municipios. 

La medida que fue tumbada el jueves por el Tribunal Superior de Justicia de Madrid y reinstaurada este viernes mediante la aplicación del estado de alarma en la Comunidad de Madrid por parte del Gobierno central.

Misma tendencia desde el 17 de septiembre

No sería hasta el 21 de septiembre cuando el Gobierno liderado por Isabel Díaz Ayuso se decidió a imponer restricciones en las 45 zonas básicas sanitarias de la capital y la periferia que superaban una incidencia acumulada de 1.000 contagios.

El pasado martes –dos semanas después de la entrada en vigor de las primeras restricciones–, el Gobierno regional anunciaba que la incidencia había caído de ese umbral en todas esas áreas, salvo en una, desde la aplicación de las medidas. Sin embargo, la tendencia de la pandemia habría comenzado a cambiar antes, según defienden los expertos.

"Lo que hemos visto es que la dinámica de bajada que estamos viendo ahora es la misma desde el 17 de septiembre", declara Saúl Ares, científico del CSIC, que ha participado en la elaboración de un novedoso modelo de análisis de pandemias que ha permitido alcanzar esta conclusión. "Las medidas no han tenido ningún efecto en el modelo", señala Ares.

"La gente se ha anticipado a las medidas"

La razón principal del cambio de tendencia a mejor de la pandemia no serían, para Ares, las restricciones –tardías y aún incuantificables–, sino un cambio en las conductas de riesgo por parte de la población que comenzó cuando llegaron los primeros rumores de un nuevo confinamiento. 

"Simplemente, la gente le ha visto las orejas al lobo y cuando ha empezado a haber más ruido mediático ha cambiado el comportamiento", considera Ares.

En la misma línea, Rafael M. Ortí, presidente de la Sociedad Española de Medicina Preventiva, Salud Pública e Higiene (Sempsph), opina que "la gente se ha anticipado a las medidas" y que el resultado de las mismas no se podrá ver hasta dentro de otra semana.

"La aministración debería ser muy humilde a la hora de jugar con los datos", declara Ortí, que considera que la ralentización de la pandemia "se estaba gestando" antes de la aplicación de las medidas.

"Atribuir a la toma de medidas que la segunda ola ahora esté bajando puede ser muy peligroso", advierte Ortí, que indica que el dato del número de ingresos diarios -considerada una de las variables más fiables para medir la situación de la pandemia- puede llegar hasta con dos semanas de retraso, por lo que los resultados de las medidas no serían visibles hasta dentro de "10 o 15 días".

La pandemia, según los expertos, tiene dinámicas propias que las medidas restrictivas, en el mejor de los casos, pueden suavizar. Es de esperar que, hasta que se logre una inmunidad de grupo –idealmente, mediante la vacunación de la población— que ponga fin a la pandemia, sigamos experimentando olas de subidas y bajadas de caso periódicamente.

"Esto será una inercia y tenemos una deficiencia en nuestros servicios de Salud Pública y Atención Primaria que nos obligan a tomar medidas estructurales", declara Ortí. "No sirven los parches para parar una ola que ya nos ha cogido, sino las medidas que también nos sirvan para evitar futuras pandemias".

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