La generación de los 'líderes efervescentes': la nueva política acorta la fecha de caducidad de sus dirigentes

Ilustración de algunos de los líderes que han abandonado la política en los últimos meses
Ilustración de algunos de los líderes que han dejado sus cargos en los últimos meses
Henar de Pedro

Acaban de cumplir los 40 años, pero ya están retirados… de la primera línea política. Pertenecen a distintos partidos políticos, de signo e ideología diversas, pero todos ellos tienen algo en común: irrumpieron con fuerza en sus respectivas organizaciones y parecían llamados a suceder a los rostros que durante años, incluso décadas, han protagonizado el debate político del país. Y, sin embargo, en apenas dos o tres años, han pasado de líderes de sus respectivas formaciones a convertirse en un ciudadano más. De los que van a votar, pero su nombre no sale en la papeleta. Una generación que se subió a un tren que hoy circula demasiado rápido para no sufrir los efectos de las turbulencias. Hasta que, por motivos muy diversos, se han tenido que apear. Un fenómeno que los analistas políticos achacan a la "aceleración" y "urgencia" de la política actual y cuyo inicio fechan en 2014, con la llegada de nuevos actores al tablero electoral.

La pasada semana, Macarena Olona decía adiós a su fulgurante carrera política con la entrega de su acta en el Parlamento andaluz. Han sido tres años en los que la dirigente de Vox se convirtió en uno de los azotes de Pedro Sánchez y copó titulares por sus declaraciones e incluso por los mensajes de sus camisetas en el Congreso. Su renuncia, por motivos médicos y personales, es la última de una larga lista de ‘políticos efervescentes’, dirigentes que suben a lo alto de sus respectivos partidos y que, prácticamente en cuestión de meses, se diluyen hasta renunciar. 

Una característica de la nueva política de la que no se escapa ningún partido. Hace solo tres semanas, la número dos del PSOE, Adriana Lastra, daba un paso atrás y provocaba una nueva reforma del partido en el poder. Aunque con una trayectoria política más larga, con solo 43 años decidía parar. La socialista, una ‘sanchista’ leal que incluso acompañó al presidente en su viaje en coche por el país para volverse a ganar el favor de los militantes, apenas duró un año como vicesecretaria general de los socialistas hasta su despedida voluntaria. Por motivos personales, adujo, pero con un importante desgaste y un enfrentamiento poco disimulado con otro de sus compañeros, Santos Cerdán.

Echando la vista atrás, aunque no demasiado, tanto el PP como Podemos y Ciudadanos cambiaron de número 1 provocando una situación hasta ahora inédita: de los cuatro líderes que debatían con mayor o menor fortuna en los debates electorales de abril de 2019 hoy solo sobrevive uno… porque está instalado en la Moncloa. Aunque parezca que hace una eternidad, Pablo Casado fue descabalgado de la secretaría general de su partido hace solo cuatro meses, en abril de 2022. En este caso, no fue ningún resultado electoral -incluso había encuestas que le situaban como el más votado en las siguientes generales- el que motivó su caída. En menos de una semana pasaba de celebrar el triunfo del PP en Castilla y León a marcharse tras verse acorralado después de haber acusado de corrupción a Isabel Díaz Ayuso, su principal activo electoral.

Antes que él, Pablo Iglesias, el mayor de todos ellos con solo 43 años y el que más ha seguido en el foco mediático, abandonaba el liderazgo de Podemos tras no alcanzar los resultados esperados en las elecciones madrileñas de mayo de 2021 -hace poco más de un año-, siguiendo el mismo camino que Albert Rivera había tomado en noviembre de 2019. El dirigente de Ciudadanos, que incluso podía haber llegado a una vicepresidencia del Gobierno que al final fue para Iglesias, se dejó en apenas unos meses tres millones de votos y lo dejó.

¿Qué ha llevado a esta situación?

El politólogo y director de Asuntos Públicos de Atrevia, Manuel Mostaza, cree que el cambio de caras en los partidos responde a un "momento de aceleración de los tiempos de la política" que se presenta desde la crisis de 2008, pero que se manifiesta especialmente desde 2014. En su opinión, ese fue el momento en que surgieron "partidos start up, que suben muy rápido, pero bajan de la misma forma", como le está pasando a Ciudadanos en las últimas citas electorales y que, pronostica, le ocurrirá a otras siglas en próximos comicios. 

Pero Mostaza aún ve otro motivo detrás de esta salida generalizada de la política: la confusión entre información y entretenimiento, que provoca una exposición mediática casi diaria de los portavoces de los partidos. "En un momento en el que hasta las series tienen menos temporadas porque lo consumimos todo pronto, los rostros de la política también se queman rápido", opina.

Los líderes de Ciudadanos, Albert Rivera, Unidas Podemos, Pablo Iglesias y del PP, Pablo Casado.
Albert Rivera, Pablo Iglesias y Pablo Casado, en un debate electoral.
EFE/Juan Carlos Hidalgo

El director de Opinión Pública y Estudios Políticos de Ipsos, José Pablo Ferrándiz coincide en la fecha en la que todo cambió y lo atribuye a la entrada en las instituciones de nuevos partidos políticos. "La urgencia de la política se da sobre todo con la ruptura del bipartidismo. Pero es un fenómeno que va a seguir produciéndose, vamos a seguir viendo caras nuevas que durarán menos de lo habitual en política", augura.

Desde su experiencia, es lógico ver dimisiones cuando los resultados electorales no acompañan -lo que pasó con Hernández Mancha en Alianza Popular o a Joaquín Almunia en el PSOE-, aunque en la actualidad existen otros fenómenos que influyen. Y del que no se escapan los partidos mayoritarios. "En el PP, eligieron a su candidato a través de un sistema de primarias muy atípico y que no estaba en el ADN del partido -explica Ferrándiz-. Además, el liderazgo de Casado partía de una legitimidad extraña: una pelea entre Sáenz de Santamaría y Cospedal". Por otro lado, opina que, de no haber triunfado la moción de censura, en el PSOE también se hubiera producido una renovación.

Otro veterano analista político, el cronista parlamentario Miguel Ángel Aguilar, utiliza la misma palabra para definir esta ola política efímera: la aceleración. "Hay más aceleración que velocidad. No hay crítica, no hay análisis, solo cortoplacismo, y eso pasa factura", señala. El término, acuñado por el sociólogo francés Jean Baudrillard en su libro ‘La ilusión del fin’ y que Aguilar recomienda vivamente, se refiere a la necesidad de un mayor poso en la sociedad para que las cosas cobren sentido.

Según el periodista, la rapidez con la que se suceden los portavoces políticos también se relaciona con la solvencia de sus planteamientos y con lo que considera "un exceso de improvisación". "Por eso no llegan a profundizar ni a conectar con la gente. Y cuando llegan las dificultades, se desinflan", declara Aguilar. Otra diferencia que ve con lo que ocurría años atrás es la trayectoria y la experiencia previa. "La gente se curte empezando en la política municipal, pasando después a la autonómica y, más tarde, dando el salto a la nacional y estando unos años en la oposición. Hoy, se saltan todos esos pasos", lamenta.

Vamos a seguir viendo caras nuevas que durarán menos de lo habitual en política

Respecto a si se vislumbra un cambio de tendencia en un futuro cercano, con tiempos más reposados para afrontar el tablero político, Mostaza cree que llegará, aunque aún no se pueda predecir cuándo. Y pone a Estados Unidos como ejemplo. "Allí, Obama fue una especie de excepción frente a gente que lleva toda la vida en política. Después de él, ha habido dos presidentes muy mayores. Y, como todo lo que pasa allí llega después aquí, quizá cuando acabe la aceleración actual veremos a líderes políticos más experimentados y de más edad", apunta el especialista.

Por su parte, Ferrándiz mantiene que la izquierda se encuentra en una situación más difícil en la actualidad para afrontar posibles cambios de cara al futuro. "Hoy, el PP parece haber vuelto a sus raíces, se ha asentado y da una imagen tradicional, pero en el PSOE quedan pocas caras conocidas y reconocibles", señala. También cree que se enfrentarían a una reestructuración los nuevos partidos, por ejemplo, en el caso de que Sumar, la nueva experiencia que está liderando la vicepresidenta Yolanda Díaz, no obtenga una apoyo claro de la ciudadanía en las urnas.

También Miguel Ángel Aguilar piensa que la efervescencia política acabará en un futuro. "Ahora estamos en el punto máximo, pero en política nada es constante y siempre hay oscilaciones. Yo creo que esto cambiará cuando en los partidos se paren a pensar, a discutir y a debatir", comparte. 

Es el diagnóstico que realizan tras una desbandada generalizada de un grupo de jóvenes que accedió a la política con el mandato y la intención de regenerar unas instituciones que acabaron fagocitándolos.

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