El precio por apoyar a Putin: deportistas que han caído en el ostracismo desde que empezó la guerra

Nikita Mazepin, en el box de Haas
Nikita Mazepin, en el box de Haas
Florent Gooden / DPPI

Para Dante Alighieri, el último círculo de su infierno en la 'Divina Comedia' se destinaba los que no se involucraban en un conflicto. Los, dicho en corto, mal llamados ecuánimes. Posicionarse de un lado o de otro en una guerra implica asumir las consecuencias, pero hacerlo por el bando atacante mucho más. 

Es lo que ha ocurrido a numerosos equipos y deportistas, que por su decisión de apoyar de manera pública a Vladimir Putin lo han pagado. Algunos de manera más clara que otra, pero todos dejando claro que para ellos el ataque a Ucrania está justificado y que su presidente está siendo una suerte de salvador.

Afiliarse al ejército de deportistas de Putin puede ser un antes y un después para sus carreras... y no precisamente positivo.

Los magnates, los primeros en caer

No se puede entender la Rusia actual si no es a través de sus oligarcas. Casi convertido en un sinónimo necesario al lado de rusos, muchos multimillonarios han visto cómo sus cuentas se ven seriamente tocadas por haberse puesto del lado de Putin.

Uno de los principales es Roman Abramovich. El dueño del Chelsea no puede ni vender el club, que a su vez se ha visto castigado de manera clara: no obtendrán ningún tipo de ingreso, ni fichar, ni renovar ni nada similar hasta el punto de que incluso está en serio riesgo su futuro salvo que la Premier League y el gobierno británico den su brazo a torcer.

Otra de las grandes fortunas de Rusia es la de los Mazepin. Dmitry, dueño del gigante Uralchem, había colocado su marca Uralkali como patrocinador principal del equipo Haas de Fórmula 1 a cambio de que su hijo Nikita fuera su piloto. La escudería estadounidense prefirió perder el ingente apoyo financiero a seguir contando con la firma rusa (y el piloto) en el equipo. Su sustituto, Kevin Magnussen, ha obtenido el mejor resultado de Haas desde hace años en la primera carrera del campeonato.

Jaque a los deportistas rusos

Aunque Karpov (proPutin) y Kasparov (antiPutin) son los más mediáticos y conocidos, el mundo del ajedrez se ha posicionado también en esta batalla de bandos.

El Gran Maestro Sergey Karjakin no podrá competir en seis meses, de momento, y se perderá de momento el Candidatos de Madrid, uno de los principales torneos del mundo donde previsiblemente iba de favorito para poder disputarle el título a Magnus Carlsen. Él dice que no se arrepiente y que lo volvería a hace.

No todos los deportes han sido tan duros. La gimnasia, ese polémico foco de críticas desde Occidente por el uso y abuso de y a sus deportistas, estuvo en primera línea de actualidad por Ivan Kuliak, que presumió de la 'Z' como símbolo de apoyo a los ataques rusos en Ucrania. Se le ha abierto expediente y, hasta que decida no cambiar su actitud, no podrá competir más.

El veto a cualquier deportista o equipo ruso se ha convertido en el castigo general. Algunas federaciones deportivas, como la de Automovilismo, hacen firmar un compromiso de no apoyar de manera pública la invasión a Ucrania a sus participantes si son de ese país o de Bielorrusia, pero otras muchas no dan esa opción y prefieren eliminar cualquier atisbo de duda vetándoles.

Es el caso de la Euroliga de baloncesto o la FIFA y la UEFA de fútbol. No habrá equipos rusos ni bielorrusos en las máximas competiciones, incluido el Mundial de Catar.

Algunos deportistas han accedido a evitar posicionarse a favor de Putin, al ver que pueden hundir sus carreras de manera definitiva. Otros, en cambio, se niegan y están dispuestos a aceptar las consecuencias. Es el caso de Evgeny Rylov, uno de los mejores nadadores rusos y doble campeón olímpico. Participó en la fiesta de apoyo al régimen del Kremlin el pasado fin de semana y ya lo está pagando: Speedo, la marca de equipación deportiva que le patrocinaba, ha roto su contrato con él.

Entre los pocos que han cambiado de parecer está Alex Ovechkin, jugador de hockey de los Washington Nationals, que cuando empezó la guerra era algo más tibio para no malograr su relación con Moscú, pero al final acabó pidiendo que se acabara. ¿Sincera crítica hacia Putin o realmente es que le vio las orejas al lobo? De momento, no hay respuesta.

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