Los niños del coronavirus

Una familia pasea por las calles de Madrid
Una familia pasea por las calles de Madrid
KIKO HUESCA / EFE

Me encanta cocinar. Mi religión futbolística me dice que solamente debo comer pizza porque es una cosa que cocino de maravilla. Por más que intente hacer tortilla de patatas, cocido madrileño o perdiz en pepitoria, ninguna me queda igual que las italianas. 

Elaboro una consistente y fina masa el día anterior, una pequeña base de salsa, y apuesto por diversos quesos en su interior. Una receta que da resultado casi siempre entre mis familiares o invitados. Un plato napolitano que elaboran los pizzeros y que para la UNESCO es un arte pizzaioli declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. 

Las primeras pizzas datan de antiguas civilizaciones como la griega, la romana, la egipcia o la persa, donde comían un pan de trigo plano en muchas ocasiones con queso fundido y dátiles, o en otras con aceite de oliva y hierbas, y ya más recientemente en la época moderna con salsas de tomate. Un plato que como una vez a la semana, como un partido de la liga de fútbol.

Al igual que tras la contienda civil española del siglo pasado existieron los "niños de la guerra", no tengo ninguna duda de que a los que están viviendo esta situación se les conocerá como los "niños del coronavirus". Menuda la que les ha caído encima. 

Pese a la oposición de padres y profesores, todo está encaminado a que haya una parte de alumnos que sigan el curso que viene con clases de forma online. Veremos a ver cómo se resuelve y sobre todo en los casos más vulnerables. Habrá que estudiar también qué pasa con los recreos, las clases de educación física o el comedor. 

Distanciar a los niños en pleno tiempo de descanso va a ser tarea casi imposible, pero por poder, claro que se puede. Basta con una pequeña formación de estilo militar o de campamento de verano con costumbres Scout. De momento, me conformo con que los que más lo necesitan, no coman pizza todos los días.

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