El gato savannah, un híbrido del salvaje serval que necesita licencia, alimentación y estimulación especial

  • En España, esta raza se considera una especie exótica y se necesita obligatoriamente la licencia del CITES.
Savannah brown spotted tabby.
Imagen de un ejemplar de gato savannah marrón atigrado.
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La fascinación por poseer animales salvajes, pese a la enorme variedad de especies domesticadas que han convivido con nosotros durante miles de años, es algo común y no son infrecuentes los comentarios de querer poseer un felino salvaje, un fénec o zorro del desierto o un mapache

En algunas ocasiones, estas especies acaban siendo asequibles y hasta que la legislación se actualiza para controlar su posesión y el tráfico ilegal que siempre llevan aparejado, pueden llegar a convertirse en especies invasoras una vez que — como era de esperar— ese animalito de adorable aspecto resulta ser una mascota arisca, miedosa y problemática que, si no logra escapar por sus propios medios, resulta más sencillo soltar en el campo o en zona urbana.

 Así, sin ir más lejos, hemos llegado a la invasión ecológica de especies como el mapache o la cotorra argentina cuando sus irresponsables propietarios decidieron deshacerse de ellas dejándolas en libertad en un entorno que no es su hábitat natural y que, de otra forma, es improbable que hubieran llegado a ocupar. Recordemos que las invasiones biológicas son, en la actualidad, una de las principales causas de pérdida de biodiversidad en el mundo.

En el caso de los felinos, la adquisión de híbridos de gatos domésticos con especies salvajes como el caracal (que da origen a la raza caracat) o con el gato de la jungla (la raza chausie) se han popularizado en algunos países como reflejo de nivel adquisitivo, exotismo y exclusividad.

Hasta la sexta generación, no hay una fertilidad asegurada

La raza del savannah nació en 1986, cuando una mujer en Estados Unidos que tenía un serval africano (Leptailurus serval) en cautividad, lo cruzó con su gata siamesa. Nació una única gatita, que al ser el resultado del cruce inicial, se denomina F1 o primera generación. Esta híbrida fue a su vez adquirida por una criadora que quiso probar si era capaz de crear una nueva raza. Es frecuente, pese a que sean especies compatibles reproductivamente, que muchas de las crías sean prematuras, muy escasas y estériles (de hecho, con los híbridos felinos, todos los machos suelen serlo hasta la cuarta generación, por lo que se usan a las hembras para seguir criando), pero en este caso en particular esta gatita sí era fértil, de modo que Suzi Wood, la criadora, pudo cruzarla una vez alcanzada la edad adecuada con razas domésticas como el mau egipcio y el oriental y también con gatos comunes sin raza. Estas segundas camadas se llaman F2, o segunda generación. 

Siamés seal point y serval salvaje.
Siamés seal point y serval.
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De nuevo, estas crías, fueron cruzadas con servales (cuyas crías vuelven a ser F1) para afinar o recuperar el aspecto salvaje buscado y sus camadas resultantes se cruzaron con más gatos domésticos hasta alcanzar la cuarta generación (F4), esto es, que padres, abuelos y bisabuelos son ya gatos savannah sin presencia directa de servales y donde el gen salvaje está muy diluido. 

Es entonces cuando Suzi Wood y su socio redactaron el primer reglamento de estándar de la nueva raza y lo presentaron a The International Cat Association (TICA), en Estados Unidos, cerca del año 2000. TICA la admitió en 2001 pero habría que esperar hasta 2012 para que se permitiera la presencia del savannah en exposiciones felinas, solo y exclusivamente, ejemplares a partir de la cuarta generación. Es decir, se consideran ya gatos domésticos de pleno derecho y sus tres generaciones previas son savannah puros sin un serval implicado.

Cuando alcanzan o superan estas cuatro generaciones, TICA admite cuatro colores de manto.

Ninguna otra asociación felina internacional reconoce al savannah, entre ellas la Asociación Felina Española (ASFE) filial de la Federación Internacional Felina (FIFe), y cuyos requisitos de admisión de razas es estricta y rechazan categóricamente la introducción de razas híbridas, de cruces de razas ya existentes que carecen de sentido ante la variedad presente o bien cuyos ejemplares sufren graves problemas de salud como es el caso del scottish fold.

Su regularización en España: permisos especiales

El savannah, como todos los híbridos felinos de especies salvajes, necesita un aporte proteínico más alto que el gato doméstico común, lo que se traduce en una alimentación más especializada y costosa, mayor espacio y mucho enriquecimiento ambiental para responder a sus altísimas exigencias de ejercicio y actividad. No cumplirlas implica que estos animales se encuentran estresados, con una enorme energía que no pueden quemar y un comportamiento nervioso.

Hay numerosos países que tienen prohibida la introducción o posesión de gatos savannah, incluso dentro del propio Estados Unidos cada estado tiene su legislación al respecto. En Europa, la situación es similar y hay unos pocos criadores repartidos en Países Bajos, Noruega, Rusia y Lituania

Por supuesto, y en relación al primer párrafo con el que abríamos este artículo, las camadas más demandadas son las de primera o segunda generación, donde la presencia de los genes de un progenitor salvaje es más notoria y eso afecta tanto al aspecto como al carácter del felino, e incrementa notablemente su valor económico.

En Españaesta raza se considera una especie exótica y se necesita obligatoriamente la licencia del CITES (Convenio sobre el Comercio Internacional de Especies de Fauna y Flora Silvestre) para introducir uno en el país. Este certificado, gestionado por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, es el documento que autoriza al comercio y posesión de especies protegidas, exóticas o potencialmente invasoras.

El fraude del ashera, una raza que no existe

En el año 2013, una granja de cría norteamericana se vio envuelta en una grave polémica con demandas incluidas cuando se hizo famosa por publicitar una nueva raza felina híbrida creada con servales y gatos salvajes de Bengal (Prionailurus bengalensis) que bautizaron como asheras. En sus anuncios, llegaron a decir que algunos de sus ejemplares se habían vendido por 27 000 dólares y muchos titulares se hicieron eco de la que pasó a llamarse “la raza de gatos más cara del mundo”. 

En realidad, esto fue solo un gancho publicitario y nadie pagó tal cantidad de dinero, pero al cambio, sí se alcanzaron los 7.000 euros por las crías en venta. Un criador norteamericano de savannah reconoció en las fotos de esos supuestos ashera a algunos de sus propios gatos vendidos a esta granja de cría, que utilizaban para revender como la supuesta nueva raza exclusiva. El caso llegó a los tribunales y se realizaron pruebas de ADN a los ashera, confirmando que, definitivamente, todos esos gatitos siempre fueron savannah de primera generación, que compraba a criadores repartidos por el país y después revendía bajo el nombre de una raza que, en realidad, nunca existió.

El autor del fraude había sido sentenciado previamente a dos años y medio de cárcel por otros delitos de contabilidad, pero ante la estafa de vender savannah a precios desorbitados bajo el engaño de una raza nueva, la única consecuencia fue tener que cerrar el turbio negocio de cría.

La adquisición de gatos híbridos acarrea riesgos de impacto ambiental, la posesión de animales con necesidades especiales en un entorno que no es el adecuado y es rotundamente innecesario cuando ya tenemos gatos domésticos, con o sin raza, totalmente adaptados a convivir con seres humanos y cuyo ‘hábitat’ es, o debería serlo, un cojín mullido y nuestro regazo.

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