Las mascarillas bajan al Metro para los que vuelven al trabajo: "La necesidad se impone a la seguridad"

Un vagón de Metro Madrid a primera hora del lunes 13 de abril de 2020, día de vuelta al trabajo tras la "hibernación" por el coronavirus.
Un vagón de Metro Madrid, a primera hora del lunes 13 de abril de 2020.
A. L.
Un policía reparte mascarillas en una estación de metro de Madrid.
A. L.

Son las siete y cuarto de la mañana, llueve, y la plaza de Tirso de Molina (Centro de Madrid) está oscura y prácticamente vacía. Solo dos personas, con mascarillas blancas, esperan un autobús cobijados en una marquesina, y otros tres hombres, cada uno a su paso y mochila en ristre, se internan en el Metro por la única boca abierta. Llevan mascarilla propia. Aquí no hay reparto. 

Abajo en el andén, una decena de viajeros practica la distancia social, algo que una vez llega el convoy de la Línea 1, la azul, se vuelve imposible.  Falta espacio para cumplir con el metro y medio de separación interpersonal.

Es hora punta del primer lunes que pone fin a la "hibernación de la economía", y vuelven al trabajo los obreros de la construcción, personal de banca, cocineras y aquellas que nunca pararon: migrantes internas, auxiliares de geriatría o limpiadoras.

Nueve de cada diez llevan la boca tapada. 

En la estación contigua, en Sol, sí que hay un punto de reparto de los 10 millones de mascarillas que anunció el Gobierno. No en vano es uno de los principales intercambiadores de transporte de la capital.

Apostados en los vestíbulos y en los andenes, por parejas, Policía Nacional, Policía Local, la seguridad del Metro y hasta Cruz Roja extienden la mano para dar una mascarilla azul a quienes no llevan la suya y a quienes se la solicitan.

Son mascarillas higiénicas, también llamadas quirúrgicas, de un solo uso. De las que si eres portador del coronavirus, explica una agente de policía, reduces la posibilidad de diseminarlo, pero de las que si no estás contagiado tampoco te protege del todo dado que no filtran todas las partículas.

El vestíbulo principal, el que une Cercanías con Metro, además de las policías que ejercen de repartidores, lo ocupan a primera hora los supervisores del control de pasajeros y un limpador con desinfectante a mano.

Cada dos o tres minutos, al llegar un convoy de Metro o Cercanías, cruzara por aquí una decena de viajeros. Ellos, casi todos, obreros de la construcción, como Rafael que se reincopora a la obra, tras dos semanas de paro forzoso, porque "en casa ya queda poca comida" o, como Vicente, que tampoco tuvo elección de regresar, ya que también en su caso "la necesidad se impone a la seguridad", explica de camino a unas obras de reforma en un establecimiento. 

Las dos agentes de la Policía Municipal adscritas a Centro-Sur llevan apostadas junto a los torniquetes desde las 6.30 de la mañana. "Habremos dado en una hora solamente unas cincuenta mascarillas, porque la mayoría trae una puesta". Aunque a algunos deben de recordarles que estas protecciones tienen que cubrir boca y nariz, no la barbilla.

En el control de viajeros, el supervisor explica que en esta primera hora han entrado y salido de la estación de Sol menos de mil personas, cuando un lunes pre-pandemia circulan por este lugar más de 100.000.

Reparto de mascarillas contra el coronavirus en Sol el lunes 13 de abril de 2020.
Reparto de mascarillas contra el coronavirus en Sol el lunes 13 de abril de 2020.
A. L.

Las mujeres llevan más prisa que los hombres y, sin dejar de caminar a paso ligero, cuentan que van a trabajar de auxiliares de geriatría, de cocineras de bases militares, de internas o de limpiadoras. Como Karin, que limpia oficinas en Centro por la mañana y viviendas en Torrelodones por la tarde. No ha dejado de trabajar en toda la pandemia, salvo en festivos, pero nadie le ha dado hasta hoy equipo de protección. Lleva puesta la mascarilla azul que le han dado aquí, se la baja, y explica que es en el transporte público donde ella tiene "más miedo al contagio".

Los paquetes de 50 mascarillas bajan muy poco a poco de la caja de cartón. Llegan las cámaras de televisión a grabar el reparto y a recabar más testimonios de gente camino del trabajo que, como Karin, Rafael o Vicente, aunque hubieran preferido quedarse hoy en casa no han tenido elección.

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