Viaje a la luna
Famosa imagen de 'Viaje a la luna' de Georges Méliès. ARCHIVO

Todos miramos a la Luna. Todos hemos soñado, llorado y amado bajo nuestro satélite. La humanidad ha cantado, ha compuesto poemas y canciones, la ha pintado y ha filmado a la Luna. Ha marcado nuestras creencias y nuestros anhelos. Y la humanidad soñó, desde la Antigüedad, en poder alcanzar aquel lejano y a la vez cercano cuerpo celeste.

Aún hoy, cuando ya hace 50 años que el hombre pisó la Luna, seguimos leyendo a nuestros hijos cuentos que hablan de llegar allí. Los célebres Papá, por favor, consígueme la Luna, donde un padre se sube a una montaña muy alta (no se dan detalles de su situación) con una escalera muy alta (sin dar medidas) para bajar la Luna para su hija; o ¿A qué sabe la Luna?, donde un grupo de animalitos hacen un improvisado castell para alcanzar el satélite, arrancar un trocito y ver a qué sabe.

No es un tema literario nuevo: ya en el siglo II, el sirio Luciano de Samósata describió en su Historia Verdadera como una tromba marina había llevado su barco hasta la Luna y allí había encontrado civilización, gentes y guerras. A comienzos del siglo XVII, un obispo de Gales, llamado Francis Godwin, escribió sobre un viaje lunar realizado por un vehículo tirado por cisnes silvestres: allí, encontró una paraíso habitado por selenitas cristianos. Y son solo algunas de las muchas ficciones que fantasearon con alcanzar aquel lugar que la humanidad miraba noche tras noches (casi todas, al menos).

En 1834, Edgar Allan Poe, clásico de la literatura de terror, padre del género de misterio y apasionado por la astronomía, publicó el relato La incomparable aventura de un tal Hans Pfaal, donde un hombre acuciado por las deudas decide huir a la Luna en globo aerostático y quedarse a vivir allí.

Los visionarios: Verne y Hergé

El relato se publicó treinta años antes de la mucho más conocida De la tierra a la Luna, en la que Julio Verne fantaseaba (o no tanto, visto lo que pasaría un siglo después) con la idea de que el Gun-Club de Baltimore construía un gigantesco cañón para disparar una bala hueca que serviría de nave tripulada para alcanzar el satélite. La ficción tendría, pocos años después, una continuación Alrededor de la Luna. Algunos creen que el relato de Poe fue una influencia directa en la obra de Verne.

Nunca sabremos si Verne fue realmente un visionario o quizá su imaginación inspiró a científicos e ingenieros aerospaciales posteriores. Lo que sí sabemos es que nos dio algunas claves: que la llegada a la Luna tendría que ver con proyectiles (que a fin de cuentas un cohete lo es) y que sería lanzado desde Florida. Lo que no acertó, sin embargo, fue que que la motivación principal no sería el aburrimiento de unos artilleros sin guerra, sino precisamente el contexto bélico sería lo que impulsaría la carrera espacial.

El sin par H.G. Wells también fabuló, esta vez en 1901, la llegada del hombre a nuestro admirado satélite en Los primeros hombres en la Luna. No fue su mejor obra, y quizá sus tesis no estuvieron muy pegadas a lo que en realidad ocurriría (punto para Verne):  la nave de Wells llega a la Luna gracias a una sustancia antigravitario creada a partir del Helio y allí encuentran una civilización selenita que habita en cuevas.

Lo que sí está claro es que las ficciones de Verne y Wells fascinaron a los precursores del cine. Sería el francés Georges Méliès quien mezclaría aquellas dos historias en la celebrada Viaje a la Luna (1902). Uno de las primeras obras cinematográficas de la historia dejó un fotograma inolvidable: la luna tuerta por la bala del célebre cañón de Verne. Bien mirado, y pensando en la cantidad de basura que las poquitas visitas humanas han dejado en la Luna (unas 181 toneladas), tenía un carácter ciertamente visionario: donde va, el hombre deja huellas marcadas.

Si Verne fue visionario respecto a la misión lunar, no debemos olvidar nunca a Hergé y a sus dos estupendos cómics sobre el viaje a la Luna de Tintín y sus amigos. Publicados en 1950 y 1953, respectivamente, Objetivo a la Luna y Aterrizaje a la Luna sí que dió bastantes claves de lo que la humanidad vería más de veinte años después. Incluso las palabras del intrépido periodista al pisar el satélite tienen resonancias a las palabras de Armstrong: "¡Ya está!... Acabo de dar algunos pasos... ¡Por primera vez en la Historia de la humanidad, un ser humano acaba de hollar la Luna!..."

Regresar y colonizar

El hombre llegó a la Luna en 1969... y en 1972 dejó de ir.  Así que el deseo lunar volvió a trasladarse a la ficción. Por un lado, se recordaba con nostalgia las cada vez más lejanas glorias espaciales y, por otra, volvía el deseo de un futuro retorno.

Se han hecho películas sobre la conquista de la Luna, algunas míticas como aquel Apolo 13 (1995) que convirtió la frase "Houston tenemos un problema" en una expresión popular, o la reciente (y algo fallida, pese a tener algunas espectaculares y realistas secuencias) El primer hombre (2018), basada en una reciente biografía de Armstrong. Y quién no recuerda aquella secuencia, llena de gazapos científicos, de Superman II (1980) donde los villanos de la ficción se divertían con unos pobres astronautas sobre la Luna. Incluso se llegó a estrenar una película en formato de falso documental, donde se fantaseaba con una misión ocultada en 1974 porque contactó con extraterrestres (y la cosa no fue bien, claro, que el género es el terror). No es muy conocida, se titula Apolo 18 y es de 2011.

La ciencia ficción literaria contemporánea, por su parte y como hicieran Verne y tantos otros, da un paso más y ya convierte ese anhelo de llegar en el de colonizar. O no sabemos si es más un deseo o una advertencia al leer la trilogía lunar de Ian MacDonald, donde en un futuro varias familias luchan por el control del satélite y sus recursos, o la novela Luna Roja, de Kim Stanley Robinson.

Así pues, la Luna que nos sigue mirando desde arriba mientras da vueltas a nuestro alrededor, sigue habitando nuestras fantasías y sueños. Y eso, que no nos hemos detenido ante uno de los subgéneros literarios más propiamente lunares, el de la conspiración.

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