Luis Ruiz de Gopegui era el director de la estación de la Nasa de Fresnedillas de la Oliva (Madrid) cuando a ésta le tocó monitorizar las comunicaciones de la nave Saturno V en la misión Apolo 11 que consiguió poner al primer ser humano en la polvorienta superficie lunar el 20 de julio de 1969.

Durante 28 años estuvo al mando de la estación, desde 1966 hasta 1994. "La NASA buscaba gente que supiera inglés y electrónica". Antes había trabajado para el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), tras pasar por la Universidad Autónoma de Madrid, la Universidad de Barcelona y la de Stanford (California, EE UU). Su etapa en la NASA fue "la parte más emocional de mi carrera". También fue jurado de los premios Príncipe de Asturias, "pero comparado con la NASA, nada. En los Príncipes de Asturias, si te equivocabas y le dabas el premio a uno más tonto, no pasaba nada". En cambio, durante las misiones, "un error nuestro podría matar a un astronauta".

Gopegui nos recibe en su casa. Con ayuda de un andador se desplaza hasta una silla reforzada con almohadones en la que se sienta para responder a las preguntas de 20minutos. "Sois los últimos, ya no admito más". A sus 90 años, le supone un gran esfuerzo atender a los muchos periodistas que estos días, con motivo del 50 aniversario de aquella hazaña, le han llamado.

Un autorretrato de la salita donde nos atiende evidencia que el tiempo no pasa en vano para nadie. Sobre la mesa bajita, un casco de la NASA "para subir a la antena" y una réplica en miniatura del módulo que posó a los astronautas Armstrong y Aldrin sobre la Luna.

¿Qué nos queda por descubrir?
El mundo entero, porque la Luna es un pedacito. Tenemos que descubrir qué hay más allá de los planetas. Tenemos que descubrir muchísimas cosas, pero yo que estoy al borde del precipicio no las veré... y usted, que es joven, tampoco.

¿Cree que algún día las veremos?
No, son cosas a largo plazo. A largo plazo tenemos que ir fuera del Sistema Solar, ver en qué consisten los agujeros negros...

¿Aunque hubiera posibilidad algún día de llegar a los agujeros negros, cree que habría voluntad?
No —responde rotundo y sin dudar—.

¿Se llegaría a escondidas?
No, se harían pactos entre países y se sacaría el dinero de debajo de la Tierra.

¿Cómo cree que se habría contado hoy en día, cuando se han expandido los móviles con internet, la llegada del hombre a la Luna?
Mucho mejor que como se contó, aunque se contó bien. No había móviles ni redes sociales pero se retransmitió bien gracias a la buena tecnología que había en ese momento. Incluso algunos percances que se vivieron, se contaron con detalle. Aunque se contara de otra forma, la información sería la misma. Nosotros nos enteramos de que tuvieron problemas al llegar porque no encontraban el sitio al que iban, pero todo esto se hubiera contado también.

¿Cómo se sintió y cómo recuerda la noche en la se llegó a la Luna y usted estaba a la cabeza de la estación de control de Fresnedillas?
Para saber la importancia de ir a la Luna había que saber que en 50 años no se iba a volver. Esto no lo sabía nadie. Yo, que estaba muy involucrado, pensaba que iba a ser como el puente aéreo y que una vez al mes iría alguien, por tanto no me daba cuenta de la importancia. Hay que conocer el futuro para saber la importancia del presente.

La estación de Fresnedillas se llamó así, aunque en realidad estaba entre los términos municipales de Fresnedillas y Navalagamella. Gopegui recuerda la anécdota que vivió con los alcaldes de ambas localidades poco después de la inauguración de la estación. "Traemos los planos que demuestran que la estación ocupa más terrenos en Navalagamella que en Fresnedillas", le expusieron para exigirle que así se publicara en la prensa. Un decisión que habría supuesto todo un reto de pronunciación para los americanos, quienes "no sabían decir Fresnedillas y en cambio decían Madrid" y ahora les pedían que llamaran a la estación Fresnedillas-Navalagamella. "En efecto, al día siguiente salió la nota en el periódico pero nadie le hizo caso". Y así fue como la estación se quedó con el nombre a secas de Fresnedillas.

¿De dónde viene su curiosidad, siempre ha querido ser físico?
Cuando se es joven no se sabe qué hacer. Mi padre era de la primera promoción de ingenieros de telecomunicación y me advirtió de que los profesores eran muy malos. ¿Y qué hago?, le pregunté. Hazte físico, me aconsejó. Y así lo hice, simplemente por el consejo de mi padre. Luego me gustó mucho porque me dieron una beca para estudiar en EE UU, donde aprendí muchísimo.

¿Cuál era la probabilidad real de que la misión del Apolo 11 fallara?
La real era menor de la que se dijo, pero todo se había probado muchas veces. No llevaban pastillas para tomarse en caso de que no pudieran volver. Se les preguntó y ninguno quiso: 'Si pasa algo, lucharemos hasta el final', dijeron. Hubo suerte, la suerte es fundamental en esta vida.

Pero hubo más trabajo previo que suerte...
De los dos. Trabajo previo hubo mucho, mucho, mucho. Pero suerte también porque la misión era tan complicada que un pequeño fallo hubiera producido un desastre. Y no lo hubo. Eso fue suerte.

Como madridista, ¿le perdona a Casillas que cuestionase la llegada del hombre a la Luna?
Completamente. Iker Casillas sabe del espacio lo que yo de fútbol, como si yo digo con la punta de la nariz hice un remate y metí un gol. Casillas diría 'el idiota ese no sabe que eso no es posible'.

¿Qué le diría a los negacionistas?
Me lo han preguntado 1.832 veces —sonríe—. El ir a la Luna fue un acto público. En el periódico se anunció el día y la hora del lanzamiento de la nave para que, quien quisiera, pudiera seguirlo. En cambio, la oveja Dolly, se metieron en un laboratorio, hicieron lo que les dio la gana y luego dijeron que habían clonado una oveja. Pero esto (la llegada a la Luna) fue público.

¿Qué avances supuso que el hombre llegara a la Luna?
Directa ninguna pero indirectamente, millones. Los móviles actuales están mucho más desarrollados técnicamente que el aparato que llevaba Armstrong buscando la Luna y eso se ha conseguido gracias a los desarrollos posteriores.

¿Le hubiera gustado a usted ser el astronauta que pisó la Luna?
No. Cuando entré en la Nasa ya era mayor. Entonces los únicos astronautas que había eran rusos y americanos. No entré pensando en acabar como astronauta porque sabía que eso no estaba a mi alcance. Nunca me he quedado con ese complejo.

Ha dicho que está "al borde del precipicio". ¿Qué cree que hay después de la muerte?
Para escribir mi primer libro, Cibernética de lo Humano (Fundesco, 1983), tuve que revisar la imagen de Dios y por qué influye en el libre albedrío. Concluí que yo no tenía libre albedrío. Después me enteré de que algunos sitios saben lo que Dios cree y piensa de nosotros y me digo '¿dónde lo habrán aprendido?' —dice irónico—. Si se ha estudiado a fondo, es muy difícil creer en Dios.

¿Descarta descubrir vida extraterrestre?
El universo es inmenso. Lo que es difícil es encontrar esa vida pero tiene que existir, la probabilidad es altísima.

¿Cree que el asteroide 2006 QV89 colisionará con la Tierra en septiembre?
Si pensara que va a chocar con la Tierra me tiraría por la ventana pero creo que no va a colisionar.

¿Qué consejos le daría a los jóvenes?
Que trabajen mucho y acabarán teniendo suerte.

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