Casado y Rajoy
Pablo Casado, junto a Mariano Rajoy tras ser elegido nuevo presidente del PP. EFE

Pablo Casado (Palencia, 1981) se ha convertido este sábado en el nuevo presidente del PP compaginando su perfil del joven político guardián de las esencias del aznarismo con ser el líder de toda una generación de políticos en la treintena y cuarentena bregados como él en Nuevas Generaciones y hoy en puestos de responsabilidad, pero bajo superiores en los que no ven intención de dejarles paso.

A estos últimos se dirigió el mensaje de renovación del partido que ha imperado en una campaña en la que Casado no ha perdió ojo tampoco de su segunda identidad, la de heredero de los tiempos de José María Aznar y de una actitud, la de hablar "sin complejos", que muchos en el partido vieron disiparse a medida que el Gobierno de Mariano Rajoy se llenaba de tecnócratas.

La candidatura de Casado fue una sorpresa en el PP, que primero esperó a que el presidente de la Xunta,Alberto Núñez-Feijóo, diera el paso y, ante su negativa, se resignó a presenciar la guerra abierta entre su adversaria última,Soraya Sáenz de Santamaría, y la secretaria general, María Dolores de Cospedal.

Dice que la decisión de competir por el liderazgo del PP la tomó cuando supo que Feijóo no lo haría y que la última palabra la tuvo su mujer. En todo caso, su paso al frente respondió a las demandas de quienes cree que esta era la ocasión para que en el PP hubiera un verdadero debate de proyecto y equipos. Así lo defendían dirigentes, jóvenes generalmente, que no querían ni pensar que el partido volviera a cerrar en falso una sucesión y no aprovechara para abrir las ventanas para airearlo.

Fuera por convicción renovadora o por oportunidad, Casado ha contado con el apoyo de numerosos cuadros medios a los que conoce de la amplia red de Nuevas Generaciones y sobre los que en ocasiones recaen las peores tareas. Entre ellos, dos vicesecretarios, Javier Maroto y Andrea Levy; los diputados Teodoro García Egea o Guillermo Mariscal o la vicesecretaria del PP madrileño Isabel Díaz Ayuso.

Él mismo se identifica como uno de ellos cuando alude a que ha dado la cara por el PP en las peores circunstancias, cuando se le enviaba a ruedas de prensa o debates televisivos cuando se perdían elecciones o había un nuevo fuego por corrupción que apagar.

Candidato inesperado

El vicesecretario cambió el paso al partido anunciando su candidatura a través de Twitter. No citó a a nadie, pero ese día trató de diferenciarse de dirigentes respetados, cuyo apoyo ahora reclama, cuando enfatizó "yo sí quiero quiero liderar el PP, no podemos arrastrar los pies toda la semana para penar quién quiere".

Fue el inicio de una voraz campaña electoral interna que partió con el objetivo de hacer 20.000 kilómetros y visitar todas las provincias con el objetivo de renovar el PP y recuperar a los votantes fugados a Ciudadanos y también a la formación de extrema derecha Vox.

Con tintes por momentos americanos -como la transcripción de los audios que ha ofrecido su equipo a los periodistas o el hecho de ser el único candidato que se presentó a votar acompañado de su mujer-, Casado ha buscado la foto y el apoyo público de referentes para el PP como su "maestro" Manuel Pizarro y María Dolores de Cospedal, aspirante eliminada por la militancia el 5 de julio y con la que la relación en campaña ha evolucionado de la tensión a la colaboración.

Aguirre, Aznar y Rajoy

Precisamente, fue la secretaria general la que en 2015 le fichó como vicesecretario de Comunicación, donde empezó su verdadero despegue hacia el liderazgo nacional del partido que se dirimirá este fin de semana. Sin embargo, su trayectoria en el díscolo bastión de Madrid había empezado mucho antes, como asesor del vicepresidente segundo del Gobierno regional, Alfredo Prada y diputado madrileño hasta que con 24 años fue elegido presidente de las Nuevas Generaciones madrileñas.

Fiel a la línea aguirrista del momento, consiguió llamar la atención en toda España por un discurso, incendiario a veces, en que atacaba a la izquierda llamándolos "carcas" y pesados por estar "todo el día con la guerra del abuelo, con la memoria histórica, con el aborto, la eutanasia y la muerte, cantando la Internacional".

Por aquel entonces, el enfrentamiento era muy patente con posiciones más moderadas, como la que encarnaba el presidente nacional de Nuevas Generaciones, Nacho Uriarte. Éste terminó abandonando la política, Casado siguió ascendiendo hasta el gabinete de Aznar, que en 2009 lo fichó para dirigirlo, hasta 2012, un año después de entrar en el Congreso.

Aunque físicamente se alejó de la política madrileña, en el imaginario de parte de la militancia del PP ha seguido siendo representante del aznarismo, algo que el candidato no ha tratado de ocultar en campaña. No sólo porque, a diferencia de otros candidatos, él sí reivindicarse la figura de Aznar y su legado o porque el expresidente haya sugerido en varias ocasiones que él es su favorito. También porque desde el primer momento se ha hecho acompañar de personas muy vinculadas al expresidente o a Ana Botella.

No le ha impedido terminar la campaña reivindicando a Rajoy, su gobierno y sus políticas, tras un primer momento de querer alejarse de todo ello para fortalecer su imagen de renovación. A medida que se acerca el voto de los compromisarios, Casado ha olvidado sus diferencias con la gestión en Cataluña o la subida de impuestos para enorgullecerse de haber formado parte del equipo de Rajoy en Génova durante casi tres años. Rebajaba así el tono para no dar una imagen "agresiva", admitían en su entorno, o "belicosa", como la veían desde el entorno de su adversaria.

Casado incluso parece haber hecho olvidar el principal manchurrón que se cierne sobre su curriculum, caso máster, por el que el Tribunal Superior de Justicia de Madrid está investigando las presuntas irregularidades en la obtención de un máster en el mismo Instituto de Derecho Público de la Universidad Rey Juan Carlos en el que Cristina Cifuentes obtuvo su máster presuntamente fraudulento.

Bajada de impuestos y oposición al aborto

En lugar de achantarse, el candidato apuntó que estas informaciones intentaban impedir su victoria y siguió por toda España ofreciendo renovación y críticas al inmovilismo de un aparato del que dice no formar parte y, al mismo tiempo, prometiendo una mano mucho más dura en Cataluña y para los presos de ETA, bajadas de impuestos en la más pura clave liberal así como postulados conservadores en temas de familia y educación.

Casado ha empleado el eufemismo de la "defensa de la vida" y ha propuesto a volver a la ley que prohíbe el aborto salvo en algunos supuestos, ha afirmado que para él el matrimonio solo es entre hombre y mujer y ha arremetido contra la llamada "ideología de género". Frente a su adversaria, se ha hecho merecedor incluso del visto bueno de la asociación ultraconservadora Hazte Oír.

Por otra parte, Casado, firme defensor del libre comercio, lanzaba hace unos días el reto de afrontar la "cuarta revolución industrial", haciendo frente a los desafíos que suponen la inteligencia artificial, el block chain o la robótica.

Finalmente, esta mezcla de tradición del partido y de modernidad y renovación ha calado entre los compromisarios, que le han otorgado la presidencia del PP.