Carne o pescado

Carmelo Encinas  Asesor editorial de '20minutos'OPINIÓN
Pescadería
Una mujer en una pescadería.
DIPUTACIÓN DE GRANADA

Ya anticipo que soy ictiófago. Esta declaración no supone que me alimente solo de peces, pero sí que respondo a ese perfil de comensal que cuando ha de elegir entre carne y pescado se inclina casi siempre por los frutos del mar. Reconozco que mi elección no responde a una posición ética o medioambientalista que tampoco desprecio; la mía es una simple cuestión de gustos coincidente con la sensación personal de que el pescado le cae mejor que la carne a mi aparato digestivo, al que procuro no cabrear. Pero el cuerpo es muy sabio y, de vez en cuando, me envía señales reclamando la ingesta de carne, lo que suelo satisfacer dando cuenta de un entrecot. Eso ocurre de muy tarde en tarde porque, así como la carne de vacuno no figura entre mis preferencias gastronómicas, sin el jamón ibérico no sé si sabría vivir.

Les cuento estas intimidades del paladar para descargar cualquier prejuicio sobre las reacciones que desataron antes de remodelar el Gobierno las declaraciones del ministro de Consumo, pidiendo a los españoles que coman menos carne para proteger su salud personal y la del planeta. Alberto Garzón, que, aunque líder de IU, no se distingue por su mano izquierda, desató la salida en tromba de todo el sector ganadero del país hasta el punto de que ya se le veía fuera del Ejecutivo. Su compañero, el ministro de Agricultura, Luis Planas, calificó de errónea la iniciativa y el propio presidente Sánchez lo remató con su alabanza al chuletón.

"Lo de la salud alimentaria es un asunto complejo que exige tacto y prudencia, lo que le faltó al ministro Garzón"

La sensación que ha dejado en el Gobierno el ministro de Consumo, cuya labor presenta un manifiesto déficit de relevancia, es que, aunque hubiera un fondo de razón en sus afirmaciones, entró como elefante en cacharrería regañando a la ciudadanía, como dijo Sánchez, y manejando datos parciales o cuestionables que perjudican a un sector de la producción que genera 2,5 millones de empleos en España y 9.000 millones en exportaciones. Garzón puso el énfasis en el hecho de que los españoles consumiéramos cada año 7 millones de toneladas de carne, lo que supone una media de un kilo a la semana por habitante, cuando la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición recomienda que no pasemos de los 500 gramos. Una apreciación que los productores de carne se apresuraron a contraponer recordando que el patrón de dieta en España ha situado a nuestro país en el podio mundial de la esperanza de vida.

En el aspecto medioambiental no hay duda de que la ganadería supone a nivel planetario un porcentaje muy considerable de las emisiones de gases de efecto invernadero. En ese contexto, la aportación española es anecdótica comparada con la gigantesca cabaña ganadera de Australia o Nueva Zelanda, donde investigan y ensayan tecnologías muy avanzadas en el tratamiento de los purines que minimicen esas emisiones, mientras en España el sector asegura estar haciendo grandes esfuerzos en sostenibilidad, economía circular y digitalización.

Sobre la carne hay informes y opiniones de nutricionistas para todos los gustos. Un trabajo muy reciente de la Universidad de Harvard relaciona el consumo excesivo de carne roja con el cáncer de colon y la OMS manifestó hace unos años que la ingesta de carne procesada aumentaba el riesgo de padecer procesos tumorales.

El Gobierno, en esa agenda 2050 que presentó en mayo, ya anunciaba que la población española tendría que reducir el consumo de alimentos de origen animal. Lo de la salud alimentaria es un asunto complejo que exige tacto y prudencia, lo que le faltó al ministro Garzón. Arguiñano siempre dice que hay que comer de todo con moderación.

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