La curiosa historia del coton de Tuléar, un perro pequeño y resistente al que describen como ‘sumamente encantador’

  • El coton de Tuléar se incluye en el grupo 9 de perros de compañía, subsección bichones y razas semejantes.
El único color admitido por las asociaciones caninas internacionales es el blanco, aunque pueden tener algún rastro de gris o rojizo solo en las orejas.
El único color admitido por las asociaciones caninas internacionales es el blanco, aunque pueden tener algún rastro de gris o rojizo solo en las orejas.
20minutos
El único color admitido por las asociaciones caninas internacionales es el blanco, aunque pueden tener algún rastro de gris o rojizo solo en las orejas.

Madagascar es una de las islas con mayor biodiversidad del mundo, con el 90% de su flora y fauna endémica, lo que significa que no se encuentra en ningún otro lugar. Es en este territorio insular donde se desarrolla el pizpireto coton de Tuléar, el único perro originario de esta región.

Sus orígenes son tan fascinantes como su apariencia y su temperamento. El término ‘coton’, que en francés significa algodón, hace referencia a su pelaje blanco, suave y esponjoso. Tuléar, hoy conocida como Toliara, es una ciudad portuaria en Madagascar que fue un centro comercial vital desde el siglo XV. La historia de cómo los perros llegaron a la isla es un misterio; algunas fuentes mencionan barcos comerciales y piratas que transportaban perros ratoneros que fueron intercambiados o se quedaron por diversas razones, mientras que otras hablan de un naufragio en el siglo XVI cerca de la bahía de Tuléar, donde algunos perros lograron nadar hasta la costa tras la tragedia que acabó con la vida de todos los humanos a bordo.

Aunque se pensaba que el coton de Tuléar estaba relacionado con los bichones debido a su apariencia similar, investigaciones genéticas recientes han revelado que el coton se sitúa entre el perro de aguas portugués y la raza pumi, original de Hungría. Sea como fuere, estos perros pequeños y resistentes, que solían acompañar a los navíos en sus viajes entre Asia y África, prosperaron en la isla de Madagascar.

Perro real de Madagascar

A lo largo del siglo XVI y XVII, los cotones fueron acogidos por la tribu nativa de los merina, un grupo malgache con su propio reino que dominaban buena parte de la isla. La dinastía real del Reino de Merina convirtió a los cotones en sus mascotas y empezaron a ser conocidos como ‘perro real de Madagascar’, título que se consolidó en 1974, cuando fueron declarados raza canina nacional y se emitió un sello en su honor.

La llegada de los franceses a la isla en el siglo XVII, marca un antes y un después en la historia de esta raza. Se describen, por primera vez, en el libro ‘Historia de la gran isla de Madagascar’ escrito por el gobernador Etienne de Flacourt. Las damas francesas se enamoraron de los pomposos y simpáticos perros y, pronto, comenzaron a criarlos y reclamarlos para sí. Hasta entonces, la posesión de estos perros era ilegal para los plebeyos ya que se consideraban un privilegio de la realeza en la cultura de los merina.

Pese a esto, no fue hasta pleno siglo XX, bien entrada la década de 1960, cuando las compañías aéreas comenzaron a transportar cotons a París, desde donde se expandieron hacia el continente europeo y Estados Unidos.

Alegres, dependientes e inteligentes

El coton de Tuléar es un perro de compañía que lleva cientos de años siendo seleccionado específicamente para la convivencia casera y ser un compañero canino cariñoso e ingenioso.

Se trata de una raza segura de sí misma, confiada y noble, que se lleva bien con niños de todas las edades, con otros perros y cualquier animal con el que comparta hogar. Son perros ansiosos por complacer, lo que les hace muy aptos para aprender y practicar cualquier actividad canina adecuada a su tamaño. Pueden llegar a ser bulliciosos por su naturaleza juguetona y alegre y buscan de forma constante la participación en todo lo que suceda a su alrededor. Por consiguiente, es una raza adecuada para quienes desean un perro ‘faldero’ en el más estricto de los sentidos, con quien pasar mucho tiempo, compartir experiencias y acostumbrarse a su altísima vocalización.

También se debe valorar el considerable esfuerzo que requiere su cuidado físico: la mutación que les causa el aspecto esponjoso necesita cepillados diarios para retirar los pelos sueltos y evitar los enredos.

Para ampliar información sobre el coton de Tuléar, se puede contactar con la Association des Cynophiles de Madagascar (ACYM) o con la Real Sociedad Canina de España.

Divulgadora

Empecé Antropología Social y Cultural, tengo el certificado profesional del curso de técnica en gestión medioambiental, el curso “The Truth about Dogs and Cats” de la universidad de Edimburgo y el curso “Capacitación social en educación canina, tenencia responsable y gestión del bienestar animal” de la UNED. Colaboro escribiendo sobre animales en '20minutos', 'Etología Canina' y para la Cátedra de Animales y Sociedad de la Universidad Rey Juan Carlos. He criado con responsabilidad gatos y perros, he sido asistente de tiendas de animales y auxiliar de peluquería canina y felina y me he dedicado a la gestión, atención y mantenimiento de especies animales e instalaciones en núcleos zoológicos.

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