Los entresijos de una muerte sospechosa: por qué estaba encarcelado Navalni y cómo justifica Rusia su muerte en prisión

Alexei Navalni, el opositor a Putin silenciado en prisión.
Alexei Navalni, el opositor a Putin silenciado en prisión.
Henar de Pedro
Alexei Navalni, el opositor a Putin silenciado en prisión.

Considerado como el azote del Kremlin y condenado por ello a 30 años de prisión, Alexéi Navalni, el conocido opositor ruso, ha muerto este viernes de forma repentina en la prisión ártica de Siberia en la que cumplía su pena desde el pasado mes de diciembre. Su muerte, a los 47 años, aún sin esclarecer por las autoridades, deja consigo un sin fin de incógnitas y decenas de acusaciones a Rusia de haber ordenado su asesinato. 

"Se le practicaron los necesarios procedimientos de reanimación, que no dieron ningún resultado. Los médicos de urgencias constataron la muerte del condenado. Se están estableciendo las causas del fallecimiento", señalaron este viernes los servicios penitenciarios rusos. Lo único que se sabe, por ahora, es que su fallecimiento se produjo momentos después de haber dado un paseo por la prisión IK-3 de Jarp, ubicada en el distrito autónomo de Yamalo-Nénets. Tras su salida, se "se sintió mal" y "perdió el conocimiento" según estas mismas fuentes, lo que motivó el traslado de un equipo de servicios sanitarios en ambulancia que, a su llegada, no pudieron hacer ya nada por salvar su vida. 

Navalni era bloguero, abogado anticorrupción y organizador de las mayores protestas antigubernamentales que se han producido en el país desde la caída de la URSS. Era, así, enemigo número uno del presidente ruso, una condición que le convirtió también en objetivo del Kremlin en varias ocasiones. La paciencia de las autoridades rusas se terminó, de hecho, en agosto de 2020, momento en el que, según la oposición extraparlamentaria, el Kremlin decidió eliminar al político ruso y acabar con su vida.

Lo mismo aseguró el propio Navalni tras recuperarse de un envenenamiento que sufrió en Alemania con un agente tóxico. "Putin ordenó mi asesinato", sentenció el opositor en ese momento. Tras ello, decidió, sin embargo, volver a Rusia a mediados de enero de 2021 y después de varios meses recibiendo un tratamiento por la intoxicación en el país germano. Su vuelta le llevó a ser detenido inmediatamente por el Kremlin, que decretó para él prisión preventiva durante 30 días en una audiencia que le tomó por sorpresa. Quince días después, un tribunal de Moscú le condenó a más de tres años y medio de prisión por violar los términos de la libertad condicional procedentes de condenas anteriores. Las acumulaba desde 2014, principalmente por agitador político. "Vladimir el envenenador" llegó a decir Navalni durante ese primer juicio. 

Una condena a 9 años, otra a 19...

Desde ese momento, no volvió a pisar la calle. Tras un mes en una prisión de Moscú, las autoridades rusas le trasladaron a otra colonia penal también cerca de la capital. Allí Navalni inició una huelga de hambre para protestar ante la negativa de los funcionarios de prisión a concederle acceso a una atención médica adecuada. Una reivindicación que no terminó hasta que los trabajadores no accedieron a aceptar su demanda, 23 días después. 

Pasado un año, en marzo de 2022, el enemigo principal de Putin recibió otra condena más. Esta vez, nueve años de prisión. Fue la sentencia impuesta por otro tribunal ruso tras ser acusado de un delito de fraude por robar a la Fundación Anticorrupción, entidad que había sido creada por el propio Navalni en 2011 y que no contaba con el agrado de las autoridades rusas. Su nueva condena le llevó a ser de nuevo movilizado a otra prisión de máxima seguridad en la que, en diciembre de 2022, asegura que le están inyectando una "droga desconocida" por un problema en la columna vertebral. 

En abril de 2023, tras unos meses, Navalni declara haber sido acusado además de "cometer atentados terroristas" en la cárcel en la que se encuentra. Unos hechos que le suman otros 19 años de prisión. Es en diciembre de ese mismo año cuando la incertidumbre crece después de que su equipo de abogados denuncie no saber nada de dónde se encuentra el opositor ruso. Veinte días después, confirman que su nuevo paradero es otra cárcel a 6.000 kilómetros de distancia, en la remota región de Yamalo-Nénetsm, cerca del círculo polar Ártico, donde ya ha dado señales de vida. En este nuevo enclave, Navalni denuncia este pasado mes de enero ante un tribunal las condiciones de congelación a las que se enfrenta, alegando temperaturas bajo cero y un tiempo único de diez minutos para ingerir alimentos. 

"Putin es responsable"

Un mes después de sus últimas acusaciones, el fallecimiento repentino de Navalni este 16 de febrero ha desatado todas las sospechas. El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, ha responsabilizado directamente al presidente ruso de haber acabado con su vida. "Si la información sobre la muerte de Navalni es cierta, y no tengo razón para dudarlo, por supuesto las autoridades rusas van a contar su propia historia. Pero no se equivoquen, Putin es responsable", ha declarado en una rueda de prensa desde la Casa Blanca en Washington.

Mismas acusaciones que han hecho otro tipo de países y organizaciones, desde la OTAN, hasta la Unión Europea, pasando por los líderes de Gran Bretaña, Francia, Bélgica, Letonia, Suecia o República Checa. Pedro Sánchez, por su parte, ha lamentado también la muerte del opositor ruso, "injustamente encarcelado por el régimen de Putin por su defensa de los derechos humanos y la democracia", ha expresado a través de un mensaje escrito en X, antes Twitter. El mandatario ucraniano, Volodímir Zelenski, no ha dudado tampoco en que su muerte se deba a un acto cometido por Putin: "Es obvio, Navalni ha sido asesinado". 

Rusia insta a no realizar acusaciones "sin fundamento"

Rusia, por el momento, ha instado este viernes a no realizar "acusaciones sin fundamento" sobre los responsables de la muerte del Navalni. Así lo ha expresado el ministerio de Exteriores ruso en un comunicado: "La muerte de una persona siempre es una tragedia. En vez de acusaciones gratuitas, deben mostrar moderación y esperar los resultados oficiales de la autopsia". Todavía no hay una respuesta oficial por parte de Vladimir Putin, pero el Kremlin también ha rechazado las acusaciones de la comunidad internacional, tachándolas de "inadmisibles". 

"No hay declaraciones de los médicos, ni información de los forenses y de los servicios penitenciarios. Es decir, no hay información. Y nos encontramos con tales declaraciones", ha denunciado Dmitri Peskov, portavoz presidencial. "Se trata, evidentemente, de declaraciones absolutamente rabiosas", ha añadido a la vez que ha afirmado que los servicios penitenciarios no necesitan recibir ninguna orden especial sobre las investigaciones en curso.

Su fallecimiento, de forma repentina tras un desmayo como reiteran las autoridades rusas, ha provocado aún más teorías después de un vídeo publicado el día anterior a su muerte. En él puede verse al propio Navalni de pie, delgado, y riendo en una audiencia judicial a la que asistió este mismo jueves. Unas imágenes que contradicen a quienes se encuentran escépticos ante el relato de Rusia, que reincide en esperar a la autopsia. Hasta entonces de momento su muerte sigue siendo incógnita. 

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