Contracrónica

Flamenco, Fangoria y 'heavy' en el hilo musical del Congreso de los Diputados

Ovación al presidente del Gobierno a su llegada al Debate del estado de la Nación
Ovación al presidente del Gobierno a su llegada al Debate del estado de la Nación
EFE/Chema Moya
Ovación al presidente del Gobierno a su llegada al Debate del estado de la Nación

El Congreso de los Diputados amaneció ayer más animado de lo habitual, lo cual es mucho decir en un escenario donde suele haber más movida que en el Madrid de los ochenta y que está resguardado por dos leones que, de no ser de piedra, rugirían más fuerte y a menudo que los de la Metro.

La nación está en tal estado que cualquier debate sobre su situación necesariamente tiene que interesar, y más cuando esa conversación sobre su salud se nos ha hurtado durante más de siete años. Por eso, quizá, los diputados lo tomaron como una fiesta a su llegada, a tenor de los vítores con que fueron recibidos los líderes del Gobierno -con pin de la agenda 2030- y de la oposición -con lazo azul, nacido contra el terrorismo, y ayer en coincidencia con el aniversario del asesinato de Miguel Ángel Blanco-. Unas palmas contagiosas, ya que hasta Pedro Sánchez se ovacionó a sí mismo a su entrada. Como ya sabía lo que iba a decir, y por si acaso no obtenía la reacción pretendida, decidió celebrarse antes de tiempo.

Durante su casi hora y media de alocución, se arrancaron a dar palmas en la bancada socialista hasta 19 veces. ¿Solo en la socialista? Pues según la ocasión. En determinados momentos la señal televisiva mostró a las ministras moradas Ione Belarra e Irene Montero asintiendo a lo que decía su socio de Gobierno. En otros, la vicepresidenta Yolanda Díaz no acompañaba al aplauso general.

Las palmas en el Congreso fueron ayer contagiosas, ya que hasta Pedro Sánchez se ovacionó a sí mismo a su entrada

La desconexión entre los políticos y la ciudadanía se demostró una vez más en la Cámara Baja. Mientras los españoles aprovechamos los anuncios para irnos a la nevera o al baño, en el Congreso ayer los anuncios eran lo más esperado: impuestos para eléctricas y bancos, transporte gratis, más dinero para becas… Sánchez dijo entonces que se iba a dejar la piel. Y así fue, ya que volvió a la americana de pana. A dar un giro aún más a la izquierda a través de sus nuevas medidas. Todo es cíclico, y de hecho el líder socialista retomó también una moda mucho más reciente: la de mostrar gráficos a la audiencia, al estilo de Albert Ribera en un debate electoral. También se puso a enseñar papeles Santiago Abascal, quien le espetó al presidente que el rojo "es siempre mal", ya que en lo económico es el color que simboliza las caídas.

Aunque Pedro Sánchez comenzó prometiendo que no miraría al pasado, la banda sonora del Congreso combinó éxitos que podrían aparecer tanto en el hilo musical como en listas de Spotify: las palmas generalizadas aludían al flamenco, mientras los calificativos que el presidente dedicó al PP parecían más propios de letras de Fangoria. A saber: «profetas de la catástrofe», «traficantes del miedo» o «tesis absurdas de curanderos». Retorciendo palabras, como Alaska. La jornada fue de hecho musical, aunque no siempre hubo armonía. El portavoz de En Comú Podem se acordó de los raperos, aunque fuera para pedir que no vayan a la cárcel. Y sin duda el más ‘heavy’ fue Rufián: le cantó las cuarenta al residente de la Moncloa y hasta llegó a poner sobre el atril balas supuestamente recogidas en la valla de Melilla.

La tarde había empezado con las intervenciones del PP y Vox, que dio la bienvenida a un nuevo diputado en sustitución de Macarena Olona, y a esas horas el hemiciclo comenzó a acalorarse mucho más. Algo lógico teniendo en cuenta que el mercurio se acercaba a los 40 por las calles y que, según las recomendaciones del Gobierno, el aire acondicionado tiene que subirse en el interior lo máximo posible… cuando no quitarse directamente.

Una medida de eficiencia energética para dejar al común de los mortales con poca energía. Por las elevadas temperaturas, se entiende, y no por cada uno de los debates para desgranar el estado de una nación que podrá estar tocada, pero que, en palabras del propio presidente, "es la mejor del mundo".

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