El abandono del enfermo crónico por la sobrecarga sanitaria tras la pandemia: "En dos años he envejecido diez"

Juan Carlos Tuya, paciente crónico vecino de Getafe.
Juan Carlos Tuya, paciente crónico vecino de Getafe.
M. T.
Juan Carlos Tuya, paciente crónico vecino de Getafe.

Llevamos dos años de pandemia de covid-19, pero no todos la hemos vivido de la misma forma. Los pacientes con enfermedades crónicas, especialmente vulnerables al coronavirus, han denunciado haber sentido "total abandono" por parte del Sistema Nacional de Salud, que se ha visto desbordado y al borde del colapso en diferentes momentos de las olas pandémicas. Desde la Federación Española del Dolor (SED) y la Federación Española de Diabetes (FEDE) calculan que unos 20 millones de personas sufren dolor crónico en España y, de estas, seis millones padecen diabetes. La pandemia ha dificultado sus revisiones presenciales y ha agravado su estado de salud, tanto física como mental. 

Juan Carlos Tuya acaba de cumplir 71 años pero, lamenta, "en dos años me han caído diez". Desde que comenzó la pandemia no ha salido de casa nada más que para "lo imprescindible": visitas médicas cuando la incidencia ha estado baja. Este jubilado vecino de Getafe (Madrid) lleva diez años trasplantado de riñón y, como inmunodeprimido, solía "coger todos los virus que rondan por ahí". Tras una infección ocular, perdió un ojo.

El covid, hasta el momento, ha logrado esquivarlo. Todos los días se fija en la cifra de fallecidos que deja la pandemia en España. Este martes se sumaron a la estadística oficial otros 408 fallecimientos en un solo día, la cifra diaria más alta desde marzo de 2021 (el máximo de toda la pandemia fue el 2 de abril de 2020 con 996, según Worldometers). La supuestamente 'leve' ómicron sigue causando estragos entre quienes tienen patologías de base, que son los que mayoritariamente tienen que ser hospitalizados, junto a las personas no vacunadas.

Las medidas de protección frente al coronavirus de Tuya han sido muy estrictas: "Llevo dos años sin ir a un restaurante. Ni a las terrazas. Aunque estás al aire libre, la gente fuma y la mayoría de los camareros meten los dedos en los vasos al recoger un servicio y, al no poder asegurarme de que se han lavado las manos antes de servirme, no puedo jugármela", relata Tuya, que está a la espera de recibir la cuarta dosis, pautada en España para las personas especialmente vulnerables y de alto riesgo por covid.

A su familia más cercana, una hija y dos nietos, los ha visto "muy poco" y siempre con las ventanas abiertas y distancia de seguridad. En ocasiones, también test mediante. Ni hablar de ir a casa de amigos. Las visitas a su nefróloga habitual solo las ha realizado cuando la transmisión estaba en niveles bajos. El resto, todo por teléfono. "Me llama tras ver la analítica y me da las indicaciones. En dos años la habré visto una o dos veces". Reconoce que evita ir a urgencias por otras patologías -ha sufrido vértigos-: "Me estoy perjudicando. En dos años me han caído diez más. Tengo 71, pero estoy como si tuviera 81". La situación también ha minado su ánimo y salud mental: "Antes de la pandemia iba a caminar y salía a tomar cerveza y alternaba con amigos. Cada vez tengo menos esperanza de que esto pase, no creo que pueda recuperarme, ni siquiera volver a como estaba este verano", lamenta.

Juan Carlos evita ir a urgencias por otras patologías, aunque ha sufrido vértigos: "Me estoy perjudicando"

Juan Carlos Tuya es un ejemplo de los pacientes en nombre de los cuales desde la FEDE y la FED han denunciado esta semana que la saturación de los servicios asistenciales provocada por la covid-19 está empeorando y complicando el control y seguimiento de los pacientes con diabetes tipo 2, una enfermedad crónica que padece el 14% de la población española (5,3 millones de personas), según las cifras que maneja la FEDE. 

Diabetes y dolor crónico

Estos pacientes, según ha denunciado la portavoz de la FEDE y presidenta de la Federación de Asociaciones de Castilla-La Mancha (FEDICAM), María José Salmerón, "han vivido con total abandono, sin acceso a consultas médicas ni de enfermería, sin pruebas de glucosas, sin tener ni idea de cómo iba su diabetes", con la consiguiente "reducción en la calidad de vida a raíz de la pandemia". "La falta de seguimiento continuo contribuye a la aparición de complicaciones asociadas a la enfermedad", añadió. Respecto a los enfermos de diabetes tipo 1, estos "sí han tenido algo más de asistencia puesto que es medicina especializada", anotaba en rueda de prensa. 

Por su parte, la neumóloga y expresidenta de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR), Pilar de Lucas, anotó el problema de la reducción de la adherencia a los tratamientos a corto, medio y largo plazo derivado de la falta de control y seguimiento sanitarios de los pacientes crónicos. De Lucas admitió que decir que estos han estado desatendidos es "injusto", pero reconoció que el sistema ha estado "desbordado" y "no se ha podido dedicar tiempo que precisaban" a las personas con patologías crónicas. "Esto se va a poner de manifiesto cuando salgan datos del INE de morbilidad del covid", auguró.

"La telemedicina ha eclosionado sin preparación previa. Tiene que incluirse, pero en función de a quién y cómo"

Con todo, la experta prefiere ver "el vaso medio lleno" y expuso que el actual momento supone una "oportunidad para hacer cosas que se tendrían que haber hecho y no se hicieron", en referencia a protocolos específicos para el seguimiento y control de los enfermos crónicos apoyándose de las nuevas tecnologías e incorporando a todos los profesionales implicados. "La telemedicina ha eclosionado sin preparación previa. Hay que saber que hay condiciones en las que la telemedicina es buena y no hace falta más. Ahora creo que tiene que estar incluida, pero en función de a quién y de qué manera", concluyó.

A ambas les acompañó el presidente de la Sociedad Española del Dolor (SED), Víctor Mayoral, quien recordó que el 17% de la población española padece dolor crónico y que el 50% de las consultas en Atención Primaria están relacionadas con patologías que ocasionan dolor crónico. "En pacientes con diabetes, la frecuencia de dolor crónico es del 26%", señaló. "A eso se le ha añadido la covid-19, que puede agravar la diabetes". Mayoral coincidió con De Lucas en destacar que la actual crisis sanitaria es una "oportunidad" para la telemedicina y los servicios de mensajería, que "en un porcentaje no desdeñable son útiles. Detectan si se precisa atención presencial, con desplazamiento domiciliario o no".

Asimismo, Mayoral explicó que entre el 28 y el 49% de los pacientes con diabetes sufren neuropatía diabética, una patología "difícil de tratar" y que en el 50% de los casos se acompaña de dolor crónico, con consecuencias emocionales para el paciente y repercusiones en su entorno laboral, familiar y social. "Un buen control de la diabetes es capaz de prevenir esta patología discapacitante, pero nos encontramos con cierta dificultad para que el paciente reciba la mejor de las atenciones", criticó.

El caso de Carmen: "Me he sentido totalmente desprotegida en la SS"

Carmen Rabanaque (68 años) sufre diabetes tipo 2 e insuficiencia renal. Su nefróloga le ha recomendado esperar a que la incidencia baje para retomar sus clases de teatro y francés. Desde que comenzó la pandemia ha restringido mucho su vida social y solo queda "con la gente que sé que se protege y que tiene poca vida social". Los besos y los abrazos ya son solo para los nietos, con quienes hace una excepción. Esta directora de colegio público ya jubilada, vecina de Valencia, relata que compra online y, si va físicamente al supermercado, desinfecta el carro. Desde el principio ha utilizado mascarillas FFP2 y para sus visitas al hospital se enfunda una quirúrgica encima.

"Te sientes un número, no una persona mayor con miedos e inseguridades pasando por un trance desconocido"

"Echo de menos salir con libertad, pero ahora me da miedo. Si mueres, ya no hay nada que hacer. Pero cuando veo los ingresos en la UCI... No me da miedo el covid en sí, sino que infectarme pueda agravar mi insuficiencia renal u otras patologías que tengo. Si me puedo ahorrar un año antes de tener que empezar con la diálisis, mejor".

Imagen de Carmen Rabanaque, jubilada de 68 años.
Imagen de Carmen Rabanaque, jubilada de 68 años.
CEDIDA

Rabanaque cuenta que en la primera fase de la pandemia se sintió "totalmente desprotegida" con su enfermedad renal en la Seguridad Social después de sufrir cancelación de visitas y sustituirlas por llamadas telefónicas "aunque no me conocían". "Gracias a que tenía mi seguro privado fui capeando el temporal. Eso me producía mucha ansiedad. Te sientes como si no existieras y que eres un número, no una persona mayor con miedos e inseguridades pasando por un trance desconocido y que nadie te da explicaciones de ningún tipo. Fue una etapa dura", concluye.

Sobre la colaboración de la sanidad pública y privada también se refirió la neumóloga Pilar de Lucas, que consideró que "no hay que desdeñarla" pero pidió "más colaboración" a la Administración.

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