Óscar López, nueva mano derecha de Sánchez: la vuelta a la primera línea de un hombre experimentado y de partido

Óscar López, nuevo jefe de gabinete del presidente Sánchez, en una fotografía tomada en 2012.
Óscar López, nuevo jefe de gabinete del presidente Sánchez, en una fotografía de 2012.
Flickr PSOE

Su nombre no estaba en las quinielas, pero fue uno de los más comentados este sábado: Óscar López. Junto a la renovación –más bien revolución– que Pedro Sánchez introdujo en el Consejo de Ministros, la salida de Iván Redondo y la elección de López como jefe de gabinete es muy significativa y da pistas sobre el rumbo que el presidente quiere marcar en su segunda mitad mandato. López es un hombre de partido y un político experimentado. Conoce la organización y ha superado mil batallas. Tras una dura travesía por el desierto, ahora vuelve a la primera línea con el reto de ayudar a Sánchez a remontar la legislatura.

Licenciado en Ciencias Políticas, López (Madrid, 1973) lleva 25 años afiliado al PSOE. Ha sido diputado en el Congreso (2004-2011), en las Cortes en Castilla y León (2011-2014) y senador (hasta 2018). A nivel orgánico, fue secretario general en Castilla y León (2008-2012) y secretario de Organización federal durante la etapa de Alfredo Pérez Rubalcaba (2012-2014), quien también contó con él para coordinar la conferencia política del partido en 2011, tras la caída de Zapatero.

Para Sánchez es un viejo conocido. El hoy presidente, López y Antonio Hernando –este último ya alejado de la primera línea– trabajaron juntos en el equipo de Pepe Blanco cuando éste era secretario de Organización. Después Sánchez se convirtió en secretario general, Hernando en portavoz en el Congreso y López en el rostro de los socialistas en el Senado. En las campañas de 2015 y 2016, López se ocupó de la preparación de los debates, y participó en el diseño de la estrategia y la comunicación, pero los resultados no fueron los esperados y el PSOE comenzó a resquebrajarse hasta romperse en otoño de 2016.

Lo que siguió a aquello fue una de los episodios negros del socialismo, una batalla que fracturó al partido y que se resolvió, al menos sobre el papel, con las primarias de 2017, donde Sánchez se impuso a Susana Díaz y López estuvo a los mandos de la campaña del tercero en discordia, Patxi López. En la nueva etapa López no formó parte de la Ejecutiva ni del Comité Federal, pero a su llegada al Gobierno, el presidente Sánchez le premió con la Presidencia de la empresa pública Paradores, un puesto con una elevada retribución.

Su regreso a la arena política es un mensaje de que la Moncloa reconecta con el PSOE y de que Sánchez recupera a figuras que estuvieron a su lado y de las que se distanció en la época de las primarias. Y, además, supone poner fin a la etapa como jefe de gabinete de Iván Redondo, un perfil que despertaba escasas simpatías en el partido y que en los últimos tiempos había acumulado fracasos como la campaña electoral de Ángel Gabilondo a las elecciones del 4 de mayo en Madrid –que se saldó con un batacazo y el sorpasso de Más Madrid a los socialistas– y la comunicación del breve encuentro entre Sánchez y Joe Biden.

Y es que los perfiles de Redondo y López no pueden ser más diferentes. Si López es un hombre fiel al PSOE, Redondo (San Sebastián, 1981) es un asesor que colaboró con empresas y múltiples candidatos del PP antes de acercarse a Sánchez. Entre otros, fue el autor de la durísima campaña de Xavier García-Albiol a la Alcaldía de Badalona (2007), la de Antonio Basagoiti a la lehendakaritza vasca (2008) y la de José Antonio Monago a la Presidencia de Extremadura, cuando sacó a Fernández Vara del Gobierno gracias a IU. Hasta 2017, cuando ayudó a Sánchez a recuperar la Secretaría General del PSOE, nunca había colaborado con los socialistas. Un año después, se convirtió en jefe de gabinete del presidente, desde donde concentró competencias y poder.

Sus detractores le reprochaban haber creado una suerte de Gobierno paralelo a su alrededor. Poco a poco, Redondo se las ingenió para estar presente en la comisión del CNI –maniobra que posteriormente tumbó el Tribunal Constitucional–, puso bajo sus órdenes a la Secretaría de Estado de Comunicación y logró ejercer una supervisión casi total sobre los asuntos de calado. Mientras tanto, la desconexión con Ferraz era cada vez más evidente.

El pasado mayo, en una comparecencia en el Congreso, Redondo aseguró que se tiraría por un barranco por Sánchez y que estaría con él hasta el final. Desde entonces apenas han pasado 40 días. En una mañana, el presidente ha renovado a casi la mitad de los ministros de la cuota socialista y ha elegido a una nueva mano derecha. Iván Redondo es ya historia: Sánchez ni siquiera se refirió a él en su despedida a los miembros del Gobierno que dejan el cargo. Y ahora Óscar López deberá desempolvar toda su experiencia política y su astucia para dar la vuelta a las encuestas en los 30 meses de legislatura que restan.

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