¿Miedo a una cuarta ola? Así se aflojaron las medidas en ocasiones previas... y estos fueron los errores cometidos

Nos encontramos en ell pico de la pandemia, pero ya empezamos a vislumbrar la luz. Este vecino ha decidido sacar sus propias luces al balcón para iluminar a su vecinos.
Luces en el balcón para iluminar a su vecinos.
Jorge Paris
Luces en el balcón para iluminar a su vecinos.

La curva de la pandemia de coronavirus se ha doblegado por tercera vez en España. La bajada en los indicadores ha animado ya a las comunidades autónomas a iniciar una desescalada, relajando las fuertes medidas que se tomaron después de las Navidades.

Sin embargo, las sucesivas olas de la Covid en España demuestran que, a cada desescalada, sigue inevitablemente un repunte de los casos, al permitirse más contactos sociales, la principal fuente de contagios según todas las evidencias científicas.

¿Crees que el Gobierno debería adelantar el final del estado de alarma?

Tanto la OMS como expertos españoles han insistido en el cuidado con el que se debe hacer la desescalada, porque, recuerdan, el virus sigue activo y aún no hay vacunas suficientes para lograr una inmunidad de grupo suficiente para contener la pandemia.

Así fue como España desescaló en las olas anteriores, y el aumento de contagios que siguió.   

Primera ola

El primer estado de alarma se decretó el 14 de marzo de 2020, ante el crecimiento de casos que se estaba produciendo en el país. Las cifras llegaron a ser espeluznantes para el momento, en una situación en los que aún se desconocían muchos aspectos del virus y había pocos recursos para protegerse. No había mascarillas para la población general, y se multiplicaron los voluntarios que imprimían por su cuenta pantallas para los sanitarios, que en muchos casos tuvieron que usar bolsas de basura falta de EPI.

La primera ola alcanzó su pico hacia finales de marzo, cuando se llegaron a registrar más de 7.000 casos diarios; el 2 de abril se registró el pico de muertes diarias, 950. Una cifra que ha estado sujeta a cambios por las modificaciones en los criterios de recuento de Sanidad, y que en todo caso es relativa porque en ese momento había poca capacidad de diagnóstico, lo que habría dejado sin registrar muchos contagios y muertes.

Para doblegar la primera curva se implementó el confinamiento ciudadano más estricto que se ha vivido en la pandemia, con colegios, comercios, hostelería y la mayoría de centros de trabajo cerrados. 

Al doblegarse la curva de contagios, el Gobierno de Pedro Sánchez diseñó el primer plan de desescalada. El 28 de abril anunció que ese plan constaba de cuatro fases, a través de las cuales las comunidades autónomas avanzaron según iban cumpliendo con los criterios controlados por el Gobierno central. El objetivo era abrir la economía todo lo posible ante la llegada del verano.

Esa desescalada terminó a finales de junio (las clases no llegaron a reanudarse presencialmente) con algunos contratiempos. Comunidades como Madrid llegaron al final del estado de alarma saltándose una fase del plan, porque el Gobierno central se quedó sin la herramienta jurídica para obligar a los Gobiernos regionales a seguir con las medidas.

Los números de la pandemia llegaron a julio a sus mínimos, con apenas unos centenares de casos diarios e incluso con días en los que no se registró ninguna muerte por coronavirus (2, 5 y 16 de ese mes). Las comunidades diseñaron planes especiales para el verano (aforos en la hostelería y playas divididas en parcelas) pero la mayoría de las restricciones duras decayeron.

Segunda ola

Al regreso del verano, como algunos expertos previeron, los contagios volvieron a subir. De hecho, las estadísticas muestran que la curva comienza a remontar ya en agosto y para primeros de septiembre ya son más de 12.000 casos diarios. El pico de esta segunda ola se alcanza a finales de octubre: el 23 de ese mes los nuevos contagios diarios superan los 23.000.

Esta segunda ola se caracterizó porque las comunidades autónomas fueron las responsables directas. El 25 de octubre Pedro Sánchez decretó un segundo estado de alarma que incluía el toque de queda y delegaba en los ejecutivos regionales la capacidad para aplicar restricciones.

La mayoría de ellas comenzaron a decretar cierres perimetrales y limitaciones a comercio y hostelería bajo el mantra de "salvar la Navidad", es decir, llegar a finales de diciembre con números lo suficientemente buenos como para abrir la economía en una de las épocas de mayor consumo del año.

Así, los cierres y restricciones se mantuvieron durante los puentes de noviembre y principios de diciembre, cuando los contagios llegaron a estar por debajo de los 6.000 diarios. Es decir, la curva bajó, pero no a los niveles a los que llegó en julio.

Muchas restricciones decayeron después del puente de diciembre, y es a partir de esas fechas cuando la curva comenzó a subir de nuevo. A las puertas de la Navidad, los contagios diarios rondaban los 12.000 diarios, y muchas comunidades ampliaron el número de personas en las reuniones sociales y retrasaron el toque de queda para facilitar las fiestas.

El resultado fue que la escalada de contagio no se detuvo y siguió acelerando hasta alcanzar el pico de la tercera ola: El 15 de enero ya se pulverizaron todas las marcas de la pandemia: 40.000 nuevos casos en un solo día: 

Los números se han mantenido en cotas altas durante varias semanas, en las que las comunidades han vuelto a cerrar la economía, con medidas como cierre de los interiores en la hostelería, prohibición de reuniones en los domicilios y cierres perimetrales a nivel autonómico y provincial. 

Uno de los casos más notorios fue el toque de queda a las 20.00 horas en Castilla y León, que excedía los límites del estado de alarma, que solo permitía imponerlo a partir de las 22.00 h.

Ahora, ante la clara tendencia a la baja en los indicadores, han comenzado a levantarse los cierres provinciales y municipales que habían decretado algunas comunidades como Andalucía o Aragón, así como la reapertura del pequeño comercio y el interior de bares y restaurantes. 

¿Camino de la cuarta ola?

Muchos expertos, como la viróloga Margarita del Val, han señalado que es un error levantar las restricciones en cuanto bajan los contagios, porque ello solo ocasiona un aumento de contagios. La viróloga es partidaria de medidas severas pero aplicadas a tiempo.

"En cuanto se aplana la curva, ya empezamos a desescalar", señaló una de las mayores expertas en Covid del país en una entrevista concedida a 20minutos. "La elección que hemos hecho como sociedad ha sido vivir en el límite, a pesar de que haya muchos muertos".

Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad, no ha descartado que se produzcan más olas de coronavirus en el país, pero ha señalado que esta vez la curva evolucionará de forma diferente ante la llega de las vacunas.

El viernes pasado, el número de inoculados llegó en el país a los tres millones. Los estudios han demostrado una caída drástica en el número de casos tras la vacunación. 

Sin embargo, el número de personas que ya han recibido el pinchazo aún no es suficiente para garantizar una inmunidad de grupo, que se alcanzará previsiblemente cuando el 70% de la población esté inmunizada 

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