¿Viene una 'Primavera Latinoamericana'? Esta son las similitudes y diferencias en las protestas ciudadanas del Cono Sur

Manifestantes en la Plaza Italia de Santiago (Chile), rebautizada popularmente como 'Plaza de la Dignidad', al cumplirse un mes del inicio de las protestas sociales en el país.
Manifestantes en la Plaza Italia de Santiago (Chile), rebautizada popularmente como 'Plaza de la Dignidad', al cumplirse un mes del inicio de las protestas sociales en el país.
ALBERTO VALDÉS / EFE

Latinoamérica está viviendo en la actualidad un momento de fuerte actividad política, con hitos que van desde las crisis de los regímenes de izquierda de Venezuela y Bolivia hasta las protestas que sacuden Haití, Colombia, Chile, Ecuador o Argentina entre otros y que pasan por el giro hacia la ultraderecha de la política brasileña.

Algunos expertos concuerdan en encontrar un hilo conductor en todos estos acontecimientos, tanto que muchos hablan ya de una 'primavera latinoamericana', a semejanza de la 'primavera árabe' que barrió Oriente Medio y el Norte de África a comienzos de la década.

Sin embargo, las protestas simultáneas son muy variadas. Si en Chile o Colombia los gobiernos que enfrentan crítica son de corte liberal o conservador, en Bolivia y Venezuela se invierte el signo. Se producen en economías radicalmente diferentes, con críticas diferentes (contra las políticas económicas en Chile o Ecuador, contra la corrupción en Colombia o Perú, por la democratización en Venezuela, contra un supuesto fraude electoral en Bolivia...) y coexisten con otros fenómenos políticos igual de contradictorios, como el ascenso de la derecha en Uruguay (considerado a menudo un modelo para la izquierda .

¿Se puede hablar de una 'primavera latinoamericana'?

Francisco Sánchez, del Instituto de Iberoamérica de la Universidad de Salamanca, explica a 20Minutos sus reservas: "El término 'primavera', que hace referencia a hacia donde van los cambios, se usa como analogía a la primavera árabe, en la que las protestas iban en un mismo sentido. En cambio, en Latinoamérica hay protestas de distinto signo y características", señala.

En su lugar, Sánchez prefiere enmarcarlas dentro de lo que Sidney Tarrow teorizó como 'ciclos de acción colectiva' unidos por un efecto contagio: "Los manifestantes tienen en cuenta que existe un 'coste de participación' al unirse a las protestas. Si tu ves que tus vecinos consiguen algo, la percepción de este coste se reduce y la gente sale a las calles". De esta manera, propone que hay tres tipos de protestas en la región: "Crónicas, que incluirían las de Nicaragua o Venezuela, tendencialmente políticas, como Bolivia o Perú, y tendencialmente económicas, como Chile o Ecuador".

Aún así, si que señala una serie de similitudes que las unen: por un lado, la participación de los militares en ellas como actores y árbitros, así como los niveles de represión y violencia que, además, no viene únicamente del Estado. Igualmente, Ana Martínez, antropóloga y profesora titular de sociología en la Universidad Rey Juan Carlos apunta a 20Minutos "un denominador común en los índices de desigualdad de estos países, que están entre los más altos del mundo".

Martínez, que ha vivido varios años en Ecuador, defiende que sí se podría calificar lo que esta sucediendo como una 'primavera latinoamericana', ("siempre entendiéndola dentro de un contexto global", puntualiza) porque sí se trataría de una situación específica de América Latina.

Crisis crónicas

En algunos estados, como Venezuela, Nicaragua, los conflictos sociales se hayan enquistados y vienen principalmente provocados por la intransigencia de regímenes de tendencia autoritaria que no son capaces de asumir las demandas sociales. 

Maduro, en un acto en Caracas.
Maduro, presidente de Venezuela, en un acto en Caracas.
PRENSA MIRAFLORES / EFE

Sánchez incluye en esta categoría a Haití, pero destaca su excepcionalidad por la "ausencia de un Gobierno fuerte que controle la totalidad del aparato Estatal".

En los dos casos anteriores, no obstante, existe una serie de patrones comunes. En ambos países el partido gobernante, autoidentificado como progresista, lleva un buen número de años ostentando el poder, y las protestas tienen la "democratización" como eslógan central. También, en ambas, se ha desatado una violenta reacción por parte de otros sectores afines al partido gobernante.

Ana Martínez ofrece una visión algo diferente: "En Latinoamérica existen unas oligarquías que mantienen su hegemonía reproduciendo un modelo colonial anterior"; a diferencia de Sánchez, considera que si en Bolivia o Venezuela (la antropóloga habla también en este caso de Uruguay) los fenómenos son algo diferentes no es porque las élites sean diferentes, sino porque esas oligarquías económicas han perdido parte del poder a causa de la irrupción de gobiernos de corte más progresista.

Así, estas oligarquías serían las verdaderas impulsoras de las protestas: "Han visto su hegemonía en peligro por políticas como las de Venezuela sobre el petróleo o la nacionalización de muchos bienes naturales en Bolivia".

Tensiones económicas

El contexto es muy diferente en estados como Chile, Ecuador, o Argentina. En ellos, tres estados con un sistema con garantías democráticas, las protestas tienen su origen en una población que ve reducirse sus ingresos (Chile) o una ciudadanía frustrada ante un estado incapaz de tirar de su sistema económico y un sector privado poco eficaz (Ecuador).

Barricadas e incendios durante las protestas contra el Gobierno de Sebastián Piñera, en Santiago (Chile).
Barricadas e incendios durante las protestas contra el Gobierno de Sebastián Piñera, en Santiago (Chile).
ALBERTO VALDÉS / EFE

Las manifestaciones, en estos países, tienen en su punto de mira las políticas de signo liberal que se han puesto en marcha en los últimos años y que han tenido un impacto negativo en la vida de los ciudadanos. "En Chile se ha producido un malestar creciente por las reducciones en el sueldo de los ciudadanos, que han provocado tensiones económicas".

"En Chile conviven barrios con una renta superior a la de Bruselas y otros con un nivel de vida parecido al de El Congo", añade Martínez. "La subida del precio del metro es sólo la gota que colma el vaso; la base del conflicto está en la desigualdad".

"Las élites no respetan el sistema democrático"

En países como Bolivia, Perú o Colombia, el principal detonante es el hartazgo hacia "unas élites que no respetan el sistema democrático", dice Sánchez. Los grupos que ostentan el poder se resisten a cederlo, generando un sistema incapaz de afrontar los conflictos sociales y un estado de derecho disfuncional.

El expresidente de Bolivia Evo Morales, durante una entrevista en Ciudad de México.
El expresidente de Bolivia Evo Morales, durante una entrevista en Ciudad de México.
JOSÉ MÉNDEZ / EFE

"En particular, Colombia hace mucho tiempo que no ha renovado sus élites", afirma Sánchez. "Durante mucho tiempo, la violencia armada acaparaba la totalidad del debate público, lo que no dejaba lugar a otras demandas; sin embargo, se ha desplazado del debate y han entrado muchos nuevos conflictos".

En estos escenarios se hace patente la profunda división de América Latina, un leitmotiv que permea todos los conflictos. "Latinoamérica es profundamente conservadora", dice Sánchez; en una región marcada por una desigualdad estructural multifactorial se produce una fuerte brecha en la sociedad, en la que se enfrentan facciones que defienden un avance de los derechos sociales (y que recogen demandas como el indigenismo, el ecologismo o el feminismo) con una reacción conservadora y restrictiva en materia de derechos.

De hecho, Sánchez habla de un "movimiento patriarcal" reaccionario, muy movilizado, y radicalmente contrario a algunas demandas como el feminismo y a la ideología de género. "El ejemplo más claro estaría en Bolsonaro: tras unos años de ampliación de derechos sociales, ha ganado una política restrictiva". Este movimiento no arroparía a la totalidad del conservadurismo latinoamericano, sino que representaría el 'ala dura' de esta corriente.

En una línea similar, Ana Martínez explica la influencia que tienen los movimientos indigenista, ecologista y feminista en las corrientes progresistas, por un lado, y la Iglesia Evangélica en las conservadoras. "El movimiento indigenista de Ecuador, que se debilitó durante los años de Correa, se ha rehecho ahora; el feminismo es muy importante países como Argentina, muy conectado con su contraparte europea, donde pugna por derechos como la despenalización del aborto; y el ecologismo se está enfrentando al extractivismo en el Amazonas. Los movimientos sociales son una avanzadilla que se adelanta a los movimientos políticos".

En sentido contrario, destaca la penetración de la Iglesia Evangélica en la región. "En algunos lugares compitiendo con la Iglesia Católica y en otros uniéndose a ella para paralizar intentos de despenalizar prácticas como el aborto o la eutanasia", destaca, y subraya la importancia que tiene en el impulso de la ultraderecha latinoamericana, tal y como demuestra el caso de Jair Bolsonaro.. 

Según esta antropóloga, la Iglesia Evangélica ha logrado entrar en poblaciones marginalizadas, lo que explicaría su gran avance. Con ella concuerda Sánchez, que explica que los pastores evangelistas se implican activamente en la vida de sus feligreses y logran conectar de una manera muy profunda. Esta influencia les permite impulsar una agenda política muy conservadora y muy específica.

El fantasma del narcotráfico

Sin embargo, para Francisco Sánchez, el mayor problema que afronta América Latina, en conjunto, es el narcotráfico; una lacra que llega a poner en jaque a algunos estados (el pasado mes de octubre, por ejemplo, México claudicó ante la potencia armada del Cártel de Sinaloa, y liberó a Ovidio Guzmán, hijo de 'El Chapo' para detener la violencia que se había desatado en Culiacán).

Vehículos incendiados durante una enfrentamiento de grupos armados con fuerzas federales en Culiacán tras la captura del hijo del Chapo.
Vehículos incendiados durante una enfrentamiento de grupos armados con fuerzas federales en Culiacán tras la captura del hijo del Chapo.
EFE

En otros lugares, como Honduras o Venezuela, los imperios de la droga entierran sus raíces en la más alta política, llegando a tener un poder inmenso en las estructuras estatales (lo que vale a estos países el apodo de 'narcoestados'), y siendo fundamentales en escenarios de corrupción estructurales.

En conjunto, se trata de un fenómeno que influye en toda la sociedad, que genera problemas de seguridad, diplomáticos, económicos y políticos, e íntimamente ligado a la desigualdad estructural en el corazón de los conflictos latinoamericanos.

"El narcotráfico permea toda la sociedad", apunta Sánchez: "Desde el camello del barrio hasta la alta política".

"Los responsables de los problemas en cada país son sus propias élites"

En contexto de la ola de protestas actual, cabe preguntarse por la influencia de diversos estados en las pugnas políticas en América Latina.

De hecho, no ha sido infrecuente que los sectores progresistas (en casos como Venezuela o Bolivia) hayan lanzado acusaciones más o menos directas a Estados Unidos, que mantiene sanciones contra Venezuela, Cuba y Nicaragua (calificadas como "la troika de la tiranía" por la Administración Trump).

Y no es el único que ha ejercido presiones. En el ejemplo Venezolano, pero en sentido contrario, China también han tomado partido, en este caso en favor del Gobierno de Maduro. Y su actividad no se limita a Venezuela: China es receptora de en torno a un cuarto del total de las exportaciones extractivas latinoamericanas participa de modo creciente en la propiedad de las minas de litio y otras tierras raras en Chile, Argentina y Bolivia, una piedra angular en la economía de estos países. 

Rusia también cuenta con importantes intereses en la región: además de estrechas alianzas con la ya mencionada "troika de la tiranía", desde 2016 se ha lanzado a la forja de lazos comerciales y mantiene un vigoroso flujo comercial con la región, especialmente con Brasil, México y Ecuador. En marzo de este año, un informe del Real Instituto Elcano señalaba "evidencias" de que Rusia pretende influir en la región para "irritar" a Estados Unidos.

Con todo, Sánchez sostiene que "al final, los responsables de cada conflicto son las élites de su país".

"Todos ellos tienen estrategias geopolíticas con distintos objetivos, pero al final, son las élites las que aceptan apoyos y permiten esa influencia. Son las élites quienes aceptan préstamos de China o del FMI".

"Más que los países, quienes están influyendo son las multinacionales", afirma, en cambio, Martínez. Estas empresas empujan sus intereses en la región especialmente sobre la enorme riqueza natural: "a nivel internacional, el poder económico está por encima del poder político", subraya, aunque también apunta a la importancia de las élites locales, pieza clave del modelo extractivista heredado del colonialismo que explotan las empresas.

¿Un cambio en Latinoamérica?

En cada caso particular merece la pena preguntarse por el desenlace de los conflictos en marcha, y la repercusión que tendrá este momento político en el conjunto de la región.

Miles de personas ocupan la Plaza de Bolívar, en Bogotá (Colombia), en una protesta nacional contra la política económica y social del presidente Iván Duque.
Miles de personas ocupan la Plaza de Bolívar, en Bogotá (Colombia), en una protesta nacional contra la política económica y social del presidente Iván Duque.
DIEGO BAUMAN / EFE

En algunos países las protestas ya han producido resultados visibles. En Chile, el Gobierno de Sebastián Piñera ha anunciado la apertura de un proceso constituyente que rompa con el texto heredado de la dictadura. En Bolivia, han desembocado en un golpe de estado contra Evo Morales. En Argentina, Mauricio Macri ha sido derrotado en los comicios generales en favor de Alberto Fernández, de ideología peronista.

En cambio, en otros, como Colombia, Ecuador o Perú, las autoridades se resisten a anunciar ningún cambio significativo en respuesta a los clamores de la ciudadanía, que, paralelamente, no muestra signos de aminorar la marcha.

Un caso particular es el de Venezuela, en el que, pese la tensión vivida con la proclamación de Guaidó, no se ha producido ningún cambio real a nivel político y en su lugar las manifestaciones se han ido sofocando mediante represión. "Es un caso con mala solución", comenta al respecto Sánchez. "Creo que en Venezuela se producirá un cambio sólo cuando se produzca una pelea interna en la coalición dominante". Un destino que parece común otros lugares, como Haití o Nicaragua.

Así, en todo caso cabe esperar cambios en algunos países en concreto, pero, a nivel regional, los grandes problemas de Latinoamérica (la desigualdad, el narcotráfico, la corrupción política y la división de la sociedad) siguen presentes y, por el momento, no parece que vayan a solucionarse.

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