Mujeres que no aparecen en las estadísticas de violencia de género, recuento, víctimas, machismo
De arriba a abajo y de izq. a dcha., Ana Orantes, Laura Luelmo, Diana Quer y Laura del Hoyo, ninguna registrada en el recuento oficial de víctimas de violencia de género en del Ministerio de Igualdad. 20MINUTOS

Violencia de género, violencia machista o violencia contra la mujer. No importa la fórmula que se emplee para referirse a la gran lacra que sigue sacudiendo a nuestro país y, cuya verdadera magnitud, a día de hoy, no se ve reflejada en el recuento oficial que el Ministerio de Igualdad elabora desde 2003.

Primero es necesario recordar que la violencia de género consiste en "una violación de los derechos humanos y una forma de discriminación contra las mujeres". Esta amplia definición –que no distingue si el agresor es la pareja, expareja, amigo, vecino, familia, etc.–, viene recogida en el Convenio de Estambul, un acuerdo a nivel europeo al que España se adhirió hace cinco años pero que, en la actualidad, continúa sin aplicarse de manera efectiva.

"Nuestra estadística se enfoca en las mujeres que sufren violencia por parte de sus parejas o exparejas hombres, es decir, que hayan sido sus maridos, exmaridos, parejas de hecho, exparejas de hecho, novios o exnovios", indica a 20minutos Marta del Pozo, directora del Centro de Estudios de la Mujer de la Universidad de Salamanca.

¿A qué ley se acoge España?

A la hora de sopesar si un caso es violencia machista o no, el Gobierno se basa en lo que dice una ley que ya tiene 15 años de antigüedad, en la cual únicamente se reconoce la violencia contra la mujer cuando esta es ejercida "por parte de quienes sean o hayan sido sus cónyuges o de quienes estén o hayan estado ligados a ellas por relaciones similares de afectividad, aun sin convivencia".

Esta normativa (que es la Ley Orgánica 1/2004 de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género) es la culpable de que casos como el de Laura Luelmo, Diana Quer, Nagore Laffage, Laura del Hoyo o las dos mujeres asesinadas recientemente por su cuñado en Aranjuez se queden fuera del recuento oficial. Igualmente, las mujeres que ejercen la prostitución y que son asesinadas son víctimas invisibles que no aparecen en las estadísticas del Gobierno.

El portal Feminicidio.net se encarga de recopilar todos los casos, incluidos los que no entran las listas oficiales. En lo que llevamos de año, 47 mujeres han muerto a manos de hombres, pero la cifra del ministerio es de 27. Esto supone que el 43% de los casos no se tienen en cuenta.

La consecuencia de esta discriminación va más allá del problema de dejar unos censos de víctimas incompletos. La verdadera desventaja es que las mujeres que sufren este tipo de agresiones (cuando sobreviven) o sus familias (hijos, padres...), no pueden acceder a las ayudas a las que sí tendrían derecho si sus casos se considerasen violencia de género. "Si tu caso está fuera de la ley integral, accedes a menos cosas. Todo lo que tiene que ver con la renta activa de inserción, pisos tutelados, casas de acogida... una víctima que no está dentro de esa ley integral, no lo recibe".

"Listado paralelo"

El Ministerio de Igualdad está recuperando casos de asesinatos cometidos fuera del ámbito de la pareja para, después, elaborar un listado paralelo al que ya existe, según indican fuentes del departamento al periódico. Aún se desconoce cuándo estará listo y a partir de qué año habrá datos disponibles.

"Si no visibilizamos a esas víctimas, un gran sector de la población seguirá pensando que estos casos son obra de cuatro personas desequilibradas, y en realidad es la punta de un iceberg en la que lo visible es el asesinato y, sumergido bajo el agua, hay una ingente cantidad de violencias machistas", reclama la psicóloga Bárbara Zorrilla, experta en violencia de género.

Ellas también faltan

Ana Orantes

"Mi padre me decía: 'Ana, ese hombre a ti no te conviene'". Y tenía razón. Después de casarse con José Parejo a los 19 años, Ana soportó palizas y toda clase de humillaciones durante 40 años, y no solo por parte de él, sino también por parte de sus suegros.

El primer bofetón llegó después de que Ana saliese un momento a la calle para ir a casa de su madre a recoger unas sábanas. Después, vinieron muchos más. Tras muchos años de silencio, presentó 15 denuncias, pero en aquel tiempo la Guardia Civil lo veía como "peleas normales de familia".

El 4 de noviembre de 1997, un año después de divorciarse, Ana contó su historia en Canal Sur. "No me podía acercar a la ventana, y si lo hacía para bajar la persiana y por casualidad pasaba un hombre que se quedaba mirándome, mi marido me preguntaba:'¿Es que te has acostado ya con él?'".

Dos semanas después, José la roció con gasolina y prendió fuego a su cuerpo. El caso fue un revulsivo para la protección de la mujer, que comenzó con la reforma del Código Penal.

Nagore Laffage

Él era licenciado en Medicina y tenía 27 años. Ella, estudiante de segundo curso de enfermería, 20. Ambos trabajaban en la Clínica Universitaria de Navarra, él como médico residente de Psiquiatría y ella como alumna en prácticas. Se veían por los pasillos, pero nunca habían intercambiado palabras. Hasta los Sanfermines de 2008.

Aquel 7 de julio, los dos jóvenes se encontraron en las fiestas y se fueron juntos a casa de él, donde Diego le quitó la ropa violentamente para mantener relaciones sexuales, algo a lo que ella se negó. La mató estrangulándola, pero antes le propinó 36 golpes en los que le fracturó el cráneo y la mandíbula. Para ocultar el cadáver, primero intentó descuartizarlo, pero luego optó por meterlo en bolsas de basura.

Tras el crimen, pidió ayuda a un amigo para deshacerse del cuerpo, pero este llamó a la Policía para desvelar lo que Diego había hecho. El Tribunal Supremo le condenó en 2010 a 12 años y seis meses de cárcel por homicidio, no por asesinato. Ocho años después, quedó en libertad condicional.

Laura del Hoyo

Laura era amiga de Marina Okarinska, una joven que tenía una cita pendiente con su ex, Sergio Morate, para recuperar algunas de sus pertenencias. El problema es que Sergio era definido por su propia familia como un ser de "mente perturbada" que, en este caso, no había superado la ruptura con Marina.

Por ese motivo, Laura se ofreció a acompañarla al encuentro, para que su amiga, de 26 años y origen ucraniano, no tuviese que pasar por ese trago sola. Pero allí presenció lo que nunca debería haber sido: aquel 6 de agosto de 2015 se convirtió en testigo de cómo Sergio asfixiaba a su compañera. El hombre, para eliminar pruebas, hizo lo mismo con ella. Después el crimen, trasladó sus cuerpos a una fosa que había excavado previamente en el nacimiento del río Huécar, en Cuenca, donde cubrió los restos de las dos mujeres con una capa de cal viva.

Tras huir a Rumanía, Sergio fue extraditado y condenado a 48 años de cárcel. Laura, por ser la amiga, no fue considerada víctima del machismo

Diana Quer

Un total de 497 días tuvieron que pasar hasta que la Guardia Civil encontró dentro de una nave industrial abandonada el cuerpo de Diana Quer, oculto en un pozo lleno de agua con unos bloques de hormigón atados para que no emergiese a la superficie.

Las tareas de búsqueda arrancaron desde que la pista de la joven, que hacía unos meses había alcanzado la mayoría de edad, se perdiese el 22 de agosto de 2016 en las fiestas de A Pobra do Caramiñal (A Coruña), donde la madrileña veraneaba. Aquella madrugada, cuando emprendió a pie el camino de vuelta a casa, un hombre llamado José Enrique Abuín Gey, más conocido como el Chicle, la comenzó a seguir con el coche. Asustada, escribió a un amigo: estaba "acojonada". A las 2.58 h, su móvil se apagó y su rastro se perdió.

En distintas confesiones, el Chicle reveló que estranguló a Diana Quer y que la intentó violar, aunque ha ido desdiciéndose y cambiando su versión de los hechos. La Audiencia Provincial de A Coruña tiene fijado para el 29 de octubre de este año el inicio del juicio.

Laura Luelmo

Laura era una profesora interina que se esforzaba por conseguir una plaza fija. Por eso, cuando la llamaron para cubrir una sustitución para Plástica en un instituto de Huelva, decidió abandonar Zaragoza e ir al sur para hacer méritos.

Se instaló en El Campillo, una pequeña localidad de unos 2.000 habitantes, pero a los ocho días de aterrizar allí, la maestra, de 26 años, desapareció.
Ocurrió por la tarde del 12 de diciembre del año pasado. "No sé si saldré a caminar, hace viento", le dijo a su novio por WhatsApp. Pero sí, salió. A eso de las 17.00 h, las cámaras de un súper la grabaron por última vez haciendo la compra. Para cuando volviese, el vecino de enfrente, Bernardo Montoya, la estaba esperando. La metió en su casa, donde la mató. La autopsia cifró en 40 las lesiones que le ocasionó, sobre todo en el cráneo. Después, escondió el cuerpo entre unos matorrales.

Montoya confesó que la asesinó y que la intentó agredir sexualmente, aunque después se desdijo y acusó a su ex de ser la autora. Ahora, Montoya se encuentra en prisión provisional.