Adolfo Suárez Illana, el representante de "la concordia" que quiere centrar la imagen de Casado

Adolfo Suárez Illana, con su mujer Isabel Flores y sus hijos, durante la capilla ardiente de su padre en el Congreso de los Diputados.
Adolfo Suárez Illana, con su mujer Isabel Flores y sus hijos, durante la capilla ardiente de su padre en el Congreso de los Diputados.
GTRES

Las quinielas apuntaban a Ávila o a Madrid. Finalmente ha sido Madrid. El recién desvelado como número dos de Casado a las elecciones generales del próximo 28 de abril es Adolfo Suárez Illana, el actual presidente de la Fundación Concordia y Libertad, creada por el PP en agosto de 2018 ad hoc para el hijo del expresidente de la Transición.

Suárez Illana es una persona muy próxima al actual líder de Pablo Casado y así lo demostró en el Congreso Nacional del PP de julio del año pasado, cuando apoyó el proyecto y la nueva visión del PP del que finalmente salió elegido presidente del partido. De hecho, Suárez Illana tiene su despacho en la séptima planta de la sede nacional del PP de la calle Génova de Madrid.

Antes de reincorporarse a la política en julio de 2018, fue candidato del PP en Castilla-La Mancha en las elecciones autonómicas de 2003, pero consechó tan malos resultados que el hijo del expresidente renunció a su escaño, dimitió y volvió al sector privado.

Después de este fracaso político presidió el bufete de abogados Ontier, donde llevó a cabo la internacionalización de la empresa y abriendo 14 delegaciones en diferentes países.

Cinco años después de que su padre muriera tras una larga enfermedad neurológica, Suárez Illana decide volver a la política de la mano del PP. Adolfo Suárez Illana, de 54 años, es el primero de cuatro hermanos —después de que su hermana mayor, María Amparo, falleciera en 2004—. Está casado con Isabel Flores Santos-Suárez, con quien vive en La Moraleja junto a sus dos hijos, Adolfo y Pablo.

En el nombre del padre

Es prácticamente imposible encontrar una entrevista o declaración de Suárez Illana en la que no mencione a su padre, el expresidente Adolfo Suárez (1932-2014); la reivindicación de su legado, el espíritu de la Transición y la defensa de la Constitución de 1978 son las constantes en su discurso. Su infancia y adolescencia estuvo marcada por aquella época. Adolfo Suárez Illana tenía 11 años cuando murió Franco, 12 cuando su padre fue nombrado presidente del Gobierno por el Rey Juan Carlos, 13 cuando se firmaron los Pactos de la Moncloa y 14 cuando se aprobó la Constitución.

De aquellos años recuerda que en el colegio (el Retamar de Madrid) pasó de ser simplemente "Adolfo" al "hijoputa de Suárez", como le llamaron algunos cuando se legalizó el Partido Comunista, según contó en 2015 en un programa de TVE. Parece lógico que, con su apellido y en las circunstancias históricas de España, la militancia política fuera temprana. Se afilió con 14 años a las juventudes de la Unión del Centro Democrático (UCD) y después militó en el CDS, formaciones lideradas por su padre y con las que participó en varias campañas electorales.

Su bautismo político tardaría aún en llegar. Primero se licenció en Derecho, cursó un doctorado en Harvard (EE UU) y comenzó su carrera profesional en el Banco Popular. También formó parte de la asesoría de inversiones Cambridge Transnational Associates e incluso trabajó en Venezuela tres años. Al volver a España en 1998 fundó el bufete de abogados "Suárez & Illana S.L.".

Eran los años del Gobierno de José María Aznar y el hijo de Suárez comienza a aparecer en actos del PP, los primeros para apoyar a Jaime Mayor Oreja en el País Vasco como candidato a lehendakari en las elecciones de 2001. Meses después anunció su afiliación: fue el 25 de enero de 2002, el día del inicio del XIV Congreso del PP. Y de forma meteórica, tan solo 24 horas después, se convirtió en miembro del nuevo Comité Ejecutivo del partido propuesto directamente por José María Aznar.

Con la "marca Suárez" dentro de casa, el PP no dudó en proyectarle para un arriesgado reto: competir por la Presidencia de Castilla-La Mancha en las autonómicas de 2003 con el incombustible socialista José Bono, que ya entonces atesoraba 20 años al frente del Gobierno regional y cinco mayorías absolutas a sus espaldas. Tras su designación como candidato (mayo de 2002) y presentado por la cúpula popular como "apuesta ganadora" y la "gran esperanza" para Castilla-La Mancha, Suárez Illana se dedicó durante un año a recorrer esa región, en una particular campaña en la que no faltó el apoyo de su padre, a quien se le vio participar por primera vez en un acto del PP.

Fue el 2 de mayo de 2003 en Albacete. En aquel mitin -uno de los últimos actos públicos del expresidente- se vio a un Adolfo Suárez emocionado y bromeando algo confuso por haberse hecho "un lío de mil diablos" con los papeles de su discurso. La aventura política de Suárez Illana en Castilla-La Mancha sirvió para descubrir también su lado más personal y aspectos como su faceta de torero y su pasión por los ruedos, un mundo al que ha estado ligado por lazos familiares (su esposa Isabel es la hija del ganadero Samuel Flores) y de amistad: los matadores Enrique Ponce o Juan José Padilla se cuentan entre sus mejores amigos.

Aunque su carismático apellido logró poner nervioso al PSOE castellano-manchego, Suárez Illana cosechó sin embargo una estrepitosa derrota en esa plaza: en su sexta reelección Bono logró la mayor victoria de su carrera política y los socialistas aumentaron su mayoría absoluta en la región. El hijo de Suárez ni siquiera llegó a tomar posesión como diputado regional en el Parlamento autonómico: decidió renunciar al escaño después de que Aznar denegara su petición de dirigir y reorganizar el PP de Castilla-La Mancha.

Premio Ortega y Gasset

Suárez Illana se retiró de la política activa, volvió a su profesión como abogado y, sobre todo, se dedicó a estar junto a padre, afectado por el mal de Alzheimer. Ejerció como portavoz de la familia durante los once años que duró la enfermedad de su padre. En ese periodo recibió el Premio Ortega y Gasset a la Mejor Información Gráfica (2009) por la fotografía que le tomó paseando con el Rey Juan Carlos -ambos de espaldas y con el brazo del monarca sobre el hombro del expresidente- en el jardín del domicilio familiar de Suárez.

El fallecimiento de su padre fue uno de los momentos más duros en la vida de Suárez Illana. Fue él mismo quien comunicó públicamente el 21 de marzo de 2014 que la muerte del expresidente era inminente, en una comparecencia donde no ocultó ni su dolor ni las lágrimas y de la que salió entre un improvisado aplauso de los periodistas.

No ha sido el único momento trágico para el miembro de una familia castigada por el cáncer. Su madre, Amparo Illana, y su hermana Mariam, murieron por esta enfermedad (en 2001 y 2004 respectivamente) que también han padecido sus otras dos hermanas, Laura y Sonsoles. Y él tampoco se ha librado. "Ser un Suárez y no tener un cáncer es como un huevo sin sal". Así bromeaba en mayo de 2014 -apenas un mes y medio después de la muerte de su padre- cuando reveló que le habían detectado un carcinoma epidermoide en el cuello que pudo ser tratado a tiempo y del que fue operado dos veces.

2018 fue el año de la reaparición de Suárez Illana de la mano de Pablo Casado, ya como presidente del PP, en lo que muchos interpretaron como un esfuerzo para subrayar el perfil centrista de la nueva dirección del partido. Además de presidir la nueva Fundación Concordia y Libertad creada por Casado, Suárez Illana ha acompañado al actual presidente del PP en varios tramos de su intensa campaña de las elecciones andaluzas y ha participado en diversos actos del partido con motivo del 40 aniversario de la Constitución, una visibilidad que le ha aupado para ocupar un escaño por Madrid a partir del 28 de abril.

Fuentes del partido citadas por El Independiente aseguran que Suárez Illana "dulcifica" la imagen de Casado, aunque advierten también del riesgo de "resucitar al fantasma de Castilla-La Mancha".

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