Carne para mí, carne para ti

Cerdos en un granja
Cerdos en un granja.
UMU

Han pasado ya unos días de la polémica del chuletón y ahora es momento de analizar el mensaje sobre el consumo de carne. Se lleva bastante tiempo hablando de una rebaja en la cantidad que ingerimos como una meta puesta desde diferentes organismos para mejorar nuestra salud. También se habla de la explotación industrial de la ganadería desde el ámbito de la calidad de vida que está teniendo el planeta. Mensajes de actuación prioritarios. Ahora bien, en la sociedad se puede apreciar una tendencia al alza en los últimos años hacia dietas más vegetales o la eliminación por completo de todo alimento que provenga de los animales. Cada persona debe decidir de forma racional -sin estar sometida a la obligación, como en el caso de los niños- qué régimen quiere hacer.

El ser humano necesita todos los alimentos en su dieta. Mientras no comamos metales, plásticos o maderas, será así. La clave está en buscar ese equilibro por ejemplo entre los azúcares o las fibras. Cualquier cosa que ingiramos en exceso será nociva para el organismo, pero hay que decir que, como en la propuesta anterior, necesitamos comer más fibra que azúcar para gozar de un buen estado de salud. Llevamos miles de años ingiriendo carne, huevos, leche y muchos más productos que proceden de estos seres vivos, y hacerlo no es malo.

"Si queremos comer jamón, y gusta mucho entre la población, hay que cebar y después el cerdo debe morir"

Amo a los animales, cualquiera que me conozca lo sabe, pero no por ello voy a eliminar de mi dieta los alimentos que de ellos proceden. Respeto a los veganos, sea cual sea su formato, aunque no comparto el fanatismo. No me gustan las imposiciones, sí los consejos, y más cuando vienen de los expertos. Ahora bien, el veganismo tiene vertientes reales derivadas con la salud, pero hay otra rama que se basa en razones morales. Me duele ver un animal muriendo, entiendo que muchos de ellos son criados para un fin alimenticio; ahora bien, yo no podría ejecutarlo con mis manos. De momento la tecnología que tenemos disponible hace que haya que sacrificarlos. Si queremos comer jamón, y gusta mucho entre la población, hay que cebar y después el cerdo debe morir.

Las autoridades trabajan para que se cumplan protocolos de bienestar animal. Así los animales de granja tienen derechos que les hemos concedido, como la atención veterinaria, limpieza o transporte, y aquí es donde hay que ser severos y perseguir al que no lo cumple. Estos tienen que estar lo más “humanizados” posible. Los que viven en la fauna salvaje no tienen esos derechos, excepto los que están en peligro de extinción como el lince, el oso pardo o el águila imperial, que en nuestro país tienen el derecho a la vida. No se pueden matar ni por accidente. Son escasos y se les ha concedido ese privilegio. Hay muchas especies que desde hace miles de años están entre nosotros y que si no fuese por el hombre, la naturaleza hubiese acabado con ellas. La caza sostenible es necesaria para sostener ecosistemas, cualquier biólogo puede dar fe de ello, ahora bien, la deportiva no, y siempre cumpliendo las vedas en montes y ríos para asegurar la reproducción. Los animales entre ellos no se conceden derechos, como el lobo que mata al cervatillo. Le da derecho a la vida hasta que se lo come, y crudo, además. Los humanos sí que nos concedemos derecho a la vida entre nosotros y el que no lo cumple es castigado en cualquier parte del mundo.

El debate sobre los animales está en las especies, y en por qué un pollo, un ternero o un conejo no tienen las mismas garantías de vivir que un lince o un corzo. El ser humano es el que decanta la prosperidad del resto de especies, y de momento la carne va a seguir estando en los menús. Reducir la cantidad que consumimos será tarea de cada cual, sin imposiciones, al igual que si bebemos más agua que refrescos o alcoholes, nuestro cuerpo lo agradecerá.

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