"Hay que mantener la tensión": el dilema de Sanidad y autonomías para atajar en 2020 la fatiga pandémica y los disturbios

Un hombre cruza la calle durante la primera noche de toque de queda en Madrid
Un hombre cruza la calle durante la primera noche de toque de queda en Madrid
RRF

El Ministerio de Sanidad y los consejeros de comunidades autónomas ya eran conscientes en octubre de 2020 del "cansancio" de la población a la hora de cumplir duras restricciones para contener la pandemia de Covid y expresaron esta preocupación en las reuniones en las que se habló de las medidas estrella de la segunda ola: el toque de queda y los cierres perimetrales.

Se fijaron entonces como uno de sus objetivos establecer campañas de comunicación que transmitieran a la población la necesidad de "mantener la tensión" en el cumplimiento de las limitaciones impuestas, que en aquel momento ya no pasaban por un confinamiento domiciliario general, pero sí impedían, por ejemplo, la movilidad por la noche en la mayoría de comunidades, lo que generó tensiones sobre todo entre los jóvenes y con el sector de la hostelería y del ocio nocturno. También comenzó una larga temporada de límites para poder viajar de una comunidad a otra.

Así lo reflejan algunas de las 116 actas de los Consejos Interterritoriales de Sanidad que abarcan la pandemia y a las que 20minutos ha tenido acceso través del Portal de la Transparencia. Sobre este asunto concreto, se trata de las actas de los días previos y posteriores a la declaración del segundo estado de alarma el 25 de octubre de 2020. Fue en estos encuentros en los que empezó a asistir la entonces ministra de Política Territorial, Carolina Darias, quien unos meses después fue nombrada responsable de Sanidad.

Los consejeros autonómicos empezaron a destacar el toque de queda, la limitación de la movilidad nocturna de la población, en la segunda mitad de octubre, imitando así la medida que se estaba imponiendo en otros países europeos, donde subrayaban que estaba resultando efectiva. Por eso, en el Consejo Interterritorial del 22 de octubre de 2020, el entonces ministro de Sanidad, Salvador Illa, quiso conocer la opinión de todos los representantes de las comunidades.

Estado de alarma por la disparidad judicial

El toque de queda ya había sido solicitado por algunos gobiernos autonómicos a sus respectivos tribunales superiores de justicia, pero las decisiones no habían sido unánimes, por lo que se estaban permitiendo en unas comunidades pero no en otras. Así lo constató la consejera del País Vasco, María Santos Indurain, que manifestó su "sorpresa" por esta disparidad de criterio de la justicia.

La discusión llevó a los consejeros a mostrarse más o menos favorables a que hubiera un nuevo marco legal que les permitiera adoptar este tipo de medidas en función de las necesidades por la evolución de la segunda ola. Así, Illa entendió que no había "ninguna posición abiertamente contraria a la adopción" del toque de queda y quedó a la espera del informe jurídico que determinara la posible entrada en vigor del estado de alarma, lo cual ocurrió días después vía real decreto que luego fue ratificado por el Congreso. 

En el Consejo Interterritorial del 28 de octubre, ya con el segundo estado de alarma, surgieron las preocupaciones de algunos consejeros con respecto al cumplimiento de las restricciones por parte de los ciudadanos, tal y como consta en las actas. Sara Alba, la representante de La Rioja, reconocía entonces la "dificultad de mantener la tensión en la población para el cumplimiento de las medidas". "Se eleva la tensión en la calle", dijo, para después pedir una estrategia para abordar esta nueva situación  "de la manera más eficiente".

Comunicar y concienciar

El director general de Salud Pública de Murcia, José Juan Alemán, compartía esta misma percepción y la consejera vasca explicó el "esfuerzo" de su gobierno para "comunicar las medidas y concienciar constantemente a la ciudadanía del por qué" de las limitaciones, "dado que el cansancio es generalizado".

Patricia Gómez, de Baleares, también destacó la "fatiga pandémica" y destacó la necesidad de "transmitir mensajes en positivo e invitar" a que los ciudadanos "hagan actividades al aire libre, respetando todas las medidas, ya que recibir el mensaje constante de quedarse en casa puede que no sea muy aceptado en estos momentos".

La consejera de Castilla y León, Verónica Casado, defendió que para hacer frente a la "fatiga pandémica" hacía falta "uniformidad en las decisiones, porque la adopción de medidas dispares da una sensación de debilidad y, por tanto, que haya una desafección de la población", según consta en el acta. Así, sugería que las limitaciones fuesen "lo más uniformes posibles, con decisiones consensuadas a través del Ministerio".

Respondiendo a todas estas cuestiones, Illa comenta en esa reunión que al día siguiente se iba a discutir en la Comisión de Salud Pública un documento elaborado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) "sobre la fatiga pandémica" porque este asunto "supone un reto no solo a nivel nacional, sino también europeo"

Preocupación por los disturbios

La preocupación de los consejeros por la desafección en la población y las reticencias para cumplir las restricciones se comentó también en la siguiente reunión del Consejo Interterritorial, el del 4 de noviembre de 2020, en el que se habló de las protestas violentas que se habían registrado los días previos en cinco comunidades.

En esa reunión, Illa manifestó la necesidad de crear un "grupo de trabajo" con las comunidades que quisieran participar para "conjuntamente elaborar unas recomendaciones de estrategia comunicativa" frente al fatiga pandémica. Propuso también hacer una "declaración firme para condenar los actos violentos" sucedidos el anterior fin de semana.

La mayoría de comunidades autónomas se sumaron a la declaración y al grupo de trabajo y el consejero extremeño apuntó que había que "ofrecer a la ciudadanía unos objetivos realistas en un tiempo realista, con un horizonte de duración no más allá de seis meses".- La consejera balear alertó de que habían observado "un aumento de casos de violencia", por lo que "lanzar el mensaje de 'quédate en casa' para algunas personas puede suponer un riesgo".

La fatiga pandémica fue una cuestión central de los siguientes consejos interterritoriales. En los de principios de noviembre algunos consejeros ya empezaron a hablar de las siguientes fiestas navideñas y cómo comunicar a la población la "prudencia" que había que mantener de cara a esas fechas.

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