Compartir un vaso, la picadura de un mosquito... Cuarenta años de falsas creencias sobre la transmisión del VIH

Recurso Día contra el SIDA
Lazos rojos en apoyo a la lucha contra el vih y el sida.
EUROPA PRESS

Un 10% de la población española no mantendría ninguna relación con una persona con VIH; un 36,3% sentiría incomodidad si un compañero de su hijo tuviera el virus, y un 8% sigue apoyando medidas de segregación para este colectivo. Un 11% piensa que se puede transmitir al compartir un vaso y un 21,3%, a través de la picadura de un mosquito. Igualmente, dos tercios ignoran lo que quiere decir 'indetectable=intransmisible'. 

Datos como estos, recogidos en el último estudio 'Creencias y actitudes de la población española hacia las personas con VIH', corroboran el gran desconocimiento que sigue existiendo sobre esta infección. Acaban de cumplirse cuarenta años desde la detección del primer caso y aún hay quien no sabe lo mucho que se ha avanzado médicamente desde entonces. El informe, llevado cabo por la Coordinadora Estatal de VIH y Sida (Cesida), en colaboración con la Sociedad Española Interdisciplinaria del Sida (Seisida), se hará público íntegramente en enero pero algunas de sus conclusiones fueron avanzadas durante la presentación del primer 'Orgullo positivo'.

Para aclarar algunas cuestiones y desmontar falsas creencias, 20minutos charla con Ramón Espacio, secretario general de Cesida, y con María José Fuster, directora de Seisida, profesora de la UNED e investigadora principal de la encuesta. Se estima que uno de cada trescientos españoles tiene VIH y se diagnostican unos 3.200 nuevos casos al año. 

¿Es lo mismo VIH y sida?

En los países desarrollados, infectarse de VIH (virus de la inmunodeficiencia humana) no significa terminar desarrollando el sida (síndrome de inmunodeficiencia adquirida), algo que sí continúa ocurriendo en zonas de África, por ejemplo, donde el acceso a los tratamientos es muy limitado. Aquí, gracias a la medicación, hoy en día es poco probable que el virus, que ataca al sistema inmunitario, avance tanto como para llegar a destruirlo. "Tras más dos décadas de antirretrovirales eficaces la reducción de la incidencia de sida en España ha sido enorme", recoge el último informe sobre vigilancia epidemiológica del Ministerio de Sanidad.

Si no se ponen medidas, el tiempo medio que pasa entre el momento en el que se contrae la infección y la etapa avanzada de la enfermedad suele estar en torno a los diez años, aunque puede ser menor. El organismo puede permanecer estable, pero el virus continúa multiplicándose y afectando a células nuevas. De ahí la importancia de realizarse la prueba si se han mantenido relaciones sexuales no protegidas u otras prácticas de riesgo, sobre todo teniendo en cuenta que pueden no aparecer síntomas. Sanidad alerta de que el 46,8% de las personas diagnosticadas en 2020 presentaba un diagnóstico tardío y recuerda que esta serología es gratuita y confidencial para todos.

¿Cómo se transmite y cómo no se transmite el virus?

El VIH se puede encontrar en fluidos corporales como la sangre, el semen, los fluidos vaginales y la leche materna. En la actualidad es básicamente de transmisión sexual y se puede contraer por mantener relaciones sin protección. El año pasado, en el 82,7% de los nuevos positivos fue esa la causa, según el departamento que dirige Carolina Darias. La penetración vaginal se considera una práctica de riesgo y la anal, de alto riesgo. La probabilidad de infectarse a través del sexo oral es menor. "No se transmite por la saliva, ni por el sudor, ni por el aire, ni por estornudar. Descartamos por tanto los besos, comer junto a un compañero de trabajo o las picaduras de mosquito", sentencia el secretario general de Cesida. 

En el caso de compartir utensilios de higiene personal, como cepillos de dientes o maquinillas de afeitar, podría haber transmisión, pero "sería muy improbable". "No tenemos casos", afirma Espacio, sobre una práctica que además no suele ser habitual. Igualmente en una primera época fueron mucho más frecuentes las infecciones entre consumidores de droga por compartir jeringuillas -hoy en día suponen el 2,4%- o en intervenciones hospitalarias que requerían transfusiones sanguíneas. "Esto último ocurría porque no se conocía el virus, no se había aislado. Pero ahora toda la sangre se analiza", apunta.

Otro tipo de vía es la que se produce de madre a hijo durante el embarazo o la lactancia. No obstante en España actualmente se dan "dos o tres casos al año" gracias a que es obligatoria la prueba del VIH, previo consentimiento, a todas las embarazadas y a la efectividad de los tratamientos. "Normalmente son mujeres que están fuera del sistema sanitario o migrantes que cuando llegan ya es muy tarde", comenta el responsable de Cesida sobre las transmisiones verticales que se siguen registrando.

¿Se puede tener la infección y no transmitirla?

En España el 97% de las personas con VIH está en tratamiento. Y de esas, el 90,4% tiene la carga viral indetectable. Esta avalado científicamente que esto significa que no transmiten la infección en ninguna circunstancia. De ahí que las organizaciones que luchan contra esta pandemia hagan hincapié en la campaña 'indetectable=intransmisible'. "Depende de la cantidad de virus que haya en la sangre al inicio del tratamiento se puede tardar en que sea indetectable pero es cuestión de semanas", indica Espacio. En el 10% restante se encuentran quienes acaban de empezar a tomar la medicación o un pequeño grupo con un virus muy resistente y que no consigue la supresión.

¿Qué es el periodo ventana?

El periodo ventana suele oscilar entre las dos y las ocho semanas. La prueba estándar que se hace frente al VIH es de anticuerpos y el organismo tarda en generar la suficiente cantidad para que sean detectables en sangre. "Cuando hay una sospecha alta de una transmisión reciente se puede hacer una PCR, que sí mide el virus. La realizan los centros hospitalarios y algunas ONG también las tenemos. Pero se realiza en casos excepcionales. Rutinariamente se hace la serología", remarca el secretario general de la coordinadora. 

Pese a no ser detectable el virus, durante el periodo ventana el riesgo de transmisión sí es alto. Es lo que se llama la primoinfección, un momento en el que la carga viral es muy elevada: "Tú creas anticuerpos y aunque no pueden con el virus disminuyen su presencia. De esta forma al principio hay mucha carga viral y luego baja, aunque tu cuerpo por sí mismo no consigue acabar con la infección".

¿En qué momento se encuentran los tratamientos?

"Hoy en general hay unos tratamientos bastante cómodos, muy eficaces, con muy poca toxicidad. Quienes hace muchos años que fuimos diagnosticados llevamos el peso de haber tomado muchos fármacos y muy fuertes", remarca Espacio. En un paso más hacia esa comodidad en lugar de una pastilla al día -el estándar actual- se trabaja en unas inyecciones con una duración bimensual. La idea es aplicar una o dos cada ocho semanas. La Agencia Europea del Medicamento (EMA) acaba de aprobarlas pero aún no se comercializan en España.

"De todas maneras estos son tratamientos crónicos. Lo que necesita el mundo es un tratamiento curativo, que en unos meses consiga eliminar el virus del cuerpo. Se tendrá que conseguir. Es un patógeno muy complicado, incluso también para la vacuna. Muta mucho, se esconde en el sistema inmunitario, se integra en el ADN de la célula a la que ataca... Ha habido algún caso de curación pero puntual. Hay bastante investigación en el área de la cura y llegará, pero no a corto plazo", concluye.

"Las creencias incorrectas influyen en la existencia del estigma"

María José Fuster, directora de Seisida y profesora de la UNED.

MARÍA JOSÉ FUSTER

  • María José Fuster es directora de la Sociedad Española Interdisciplinaria del Sida (Seisida) y
    profesora en el departamento de Psicología Social y de las Organizaciones de la Universidad a Distancia (UNED). Asimismo es la coordinadora del estudio 'Creencias y actitudes de la población española hacia las personas con VIH'.

¿Qué falsas creencias de las detectadas en la encuesta le preocupan más? Las más importantes y que se repiten a lo largo de las tres encuestas que hemos hecho desde 2008 son las creencias incorrectas sobre las vías de transmisión, que son las que influyen en la existencia del estigma hacia las personas con VIH. Creencias sobre el contacto casual, sobre compartir un vaso o baños públicos, sobre toser o estornudar cerca… Han disminuido mucho a lo largo de los años pero siguen existiendo. Si las corregimos, aunque sea en un porcentaje pequeño, disminuimos uno de los predictores fundamentales que tiene el VIH, que es la amenaza.

¿Se sigue culpando a esas personas de haber contraído la infección? Desde el principio el VIH se atribuye a unas conductas 'desviadas', que tienen que ver con el sexo y al inicio con el uso de drogas y eso se ha quedado ahí. ‘Si lo tiene es que se lo ha buscado’ es una frase muy típica. También es algo muy característico de las condiciones más estigmatizadas. Cuando pensamos que una circunstancia es congénita percibimos más víctimas que culpables. Las víctimas normalmente no producen estigma ni rechazo sino otro tipo de sentimientos, como la pena. Habría que también hacer intervenciones dirigidas a aumentar la empatía. La encuesta muestra que los sentimientos de simpatía disminuyen negativamente hacia las personas con VIH y también ahora con Covid.

"Estimo que entre un 8 y un 10% de la población es muy radical y eso supone 4,7 millones de personas"

¿Perdura la idea de que afecta solo a un grupo determinado? Esa percepción ha disminuido más. En la encuesta de ahora un 78% de la población no lo asocia a colectivos. Es un 12,6% el que dice que sí tiene que ver. Hay creencias muy discriminatorias que han ido reduciéndose mucho a lo largo de los años, como la de que las personas con VIH tendrían que ser separadas del resto para proteger la salud pública. En 2008 empezó siendo un porcentaje del 20% y ahora ha caído al 8%. Pero también vemos por ejemplo que un 10% no tendría ninguna relación con personas que tienen el virus. Con todos los datos en la cabeza yo hago una estimación en el global de que podemos tener alrededor de entre un 8 y un 10% de la población muy radical y eso son 4,7 millones de personas.

Después de tres encuestas en trece años, ¿qué sensación le queda? ¿La evolución de la situación le permite ser optimista? Sí, hay mucho camino por hacer pero los datos demuestran que las cosas van a mejor. Mejoran porque las organizaciones, las sociedades científicas, y ahora también el Ministerio de Sanidad, estamos haciendo un trabajo concienzudo para responder a la discriminación y reducirla. Los estigmas no se sostienen con conocimientos científicos y están claras la vías por las que hay que ir.

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