La factura de la luz es ahora un 34,9% más cara que hace un año pese a las rebajas fiscales

Imagen de una torre de alta tensión en una central eléctrica en Chantada, Lugo.
Imagen de una torre de alta tensión en una central eléctrica en Chantada, Lugo.
ELISEO TRIGO / EFE

La imparable escalada en el precio mayorista de la electricidad en España y toda Europa se está traduciendo en un importante golpe sobre el bolsillo del consumidor cuando llega el recibo a su casa. Según se desprende de los últimos datos completos del Índice de Precios de Consumo (IPC) hechos públicos por el Instituto Nacional de Estadística (INE) este martes, el precio de consumo de la electricidad fue el pasado agosto un 34,9% mayor que en el mismo mes de 2020.

Esta subida está algo condicionada por el desplome de los precios registrado el año pasado -especialmente pronunciado entre entre marzo y mayo, los meses de confinamiento duro-, pero que comenzaron a remontar a partir de junio del año pasado. Sin embargo, el grueso de este repunte no se puede atribuir a la distorsión causada por la pandemia. Si se compara el precio eléctrico actual con el del agosto inmediatamente anterior a la pandemia, la luz es ahora un 27% más cara que entonces. Incluso si se toma como referencia agosto de 2018 -uno de los años con la luz más cara de la historia- el incremento asciende al 10,8%.

Además, hay que tener en cuenta que los precios a partir de junio de 2021 están amortiguados por las reducciones fiscales aprobadas por el Gobierno -la bajada del IVA eléctrico de la factura del 21 al 10% y la suspensión del impuesto del 7% a la generación- algo que no ocurría en años anteriores.

El agosto pasado cerró con los precios mayoristas de la electricidad más caros de la historia. Dicho mes el megavatio hora se pagó a una media de 105,94 euros, un 14,4% más que en julio, cuando el promedio se situó en 92,6 €/MWh. Este incremento provocó que entre julio y agosto el coste de la electricidad para los hogares se disparara del 26,9% al 34,9% en términos interanuales, ocho puntos porcentuales de diferencia. 

Los elevados precios del gas y de los derechos de emisión de CO2 -los dos grandes disparadores del coste de la electricidad- sumados a los altos precios que registra el mercado de futuros eléctrico para lo que resta de mes y octubre  hacen prever que la electricidad mantendrá precios mayoristas elevados al menos a medio plazo. Solo en lo que llevamos de septiembre, el coste mayorista de la luz ha ascendido a 142 €/MWh de media cada día, un 34,6% más que en agosto y un 240% más que en septiembre de 2020.

No solo sube la luz

El encarecimiento de la electricidad para el bolsillo español se ha replicado en otras fuentes de energía de uso hogareño como los hidrocarburos licuados (butano, propano...) o los combustibles líquidos. En el caso del butano y el propano, los precios de consumo son ahora un 20,8% mayores que el año pasado y un 20,2% más que en 2019. Sin embargo, la inflación en los combustibles líquidos está muy condicionada por el desplome de precios que se vivió en 2020. Si bien son ahora un 32% más caros que hace un año, respecto a 2019 el precio ha caído un 2,3%. Por contra, aunque el gas natural ha visto crecer sus precios un 4,2% respecto al año pasado, es ahora un 4,2% más barato que en 2019.

Algo parecido ocurre con los precios de los carburantes, que también se han disparado en términos interanuales. Aunque la gasolina es ahora un 20,9% más cara que el año pasado y el gasóleo un 18,5%, si se comparan los importes con 2019 las subidas son más modestas: del 8% y el 5,3% respectivamente.

La inflación general se sitúa en el 3,3%

Los productos energéticos, junto a los alimentos y bebidas no alcohólicas y el transporte han sido las partidas que han empujado los precios de consumo al alza, que se son ahora un 3,3% más elevados que hace un año. Tal es el peso de la electricidad en el encarecimiento del consumo que la inflación subyacente -el encarecimiento si no se cuentan los precios de los alimentos no elaborados y productos energéticos- se sitúa en el 0,7%, una diferencia de 2,6 puntos con el indicador general, algo que nunca antes había ocurrido en la serie histórica.

El IPC de agosto refleja una subida de cuatro décimas respecto al mismo dato de julio, un incremento del que los gastos en la categoría de vivienda -que incluyen el precio de la luz y otras fuentes de energía domésticas- aporta 2,79 décimas, o lo que es lo mismo el 68%.

Desde Funcas, un laboratorio de ideas participado por las principales cajas de ahorros españolas, sostienen que la inflación podría superar el 4% en los próximos dos meses, todo ello dando por buena una bajada en la factura eléctrica del 15% tras las medidas anunciadas por el Gobierno. De no producirse esta reducción en los precios, 2021 podría cerrar con unos precios un 4,5% superiores a los del año anterior.

Ningún otro bien de consumo se ha disparado tanto como la luz

De los 219 bienes que incluye el INE en su cesta para calcular el IPC, ningún otro ha disparado tanto su precio como la electricidad. De hecho, de los diez productos que más se han encarecido respecto a agosto de 2020, cinco son bienes energéticos (electricidad, combustibles líquidos, hidrocarburos licuados, gasolina y gasóleo). Los otros productos que más se han encarecido son otros aceites comestibles (33,1% más caros), el aceite de oliva (25,3%), el precio de hoteles, hostales y pensiones (10,6%), los refrescos (10,3%) y los museos, bibliotecas y parques zoológicos (7,8%).

Sin embargo, si se obvia la distorsión que provocó la pandemia el año pasado, además de las fuentes de energía aparecen otros productos como la joyería (22,7% más cara), las frutas frescas o refrigeradas (16,45%), la carne de ovino y caprino (10,9%), los seguros privados relacionados con la salud (10,2%) y las bicicletas (9%).

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