Sánchez cumple tres años en la Moncloa y los indultos ponen a prueba su manual de resistencia

  • El presidente, que cumplirá este martes su tercer aniversario en el cargo, atraviesa un momento complejo.
  • ​El Gobierno allana el terreno para otorgar el perdón a los condenados por el procés antes del parón de verano.
  • Moncloa descartó el adelanto electoral hace semanas y se prepara ahora para estirar al máximo la legislatura.
  • OPINIÓN: Sánchez y el dilema del prisionero. (por Encarna Samitier)
Pedro Sánchez
Pedro Sánchez
EFE

A las 11.32 del viernes 1 de junio de 2018, Pedro Sánchez se convirtió en presidente fruto de la moción de censura que desalojó al PP. Desde entonces han transcurrido tres años marcados por un primer Gobierno en minoría, unos presupuestos fallidos por el rechazo de ERC que precipitaron el adelanto de las urnas, las elecciones de abril de 2019, su repetición por la falta de acuerdos, un pacto de coalición con Iglesias y el apoyo de los independentistas, y una pandemia. Un mundo. 1.096 días después, este martes, Sánchez cumplirá su tercer aniversario en la Moncloa tocado por el 4-M y a las puertas de una decisión que marcará su mandato: el indulto a los condenados por el procés.

El Gobierno dice que aún se tomará unas semanas para decidir. La medida de gracia llegará, previsiblemente, tras las primarias del PSOE de Andalucía, que se celebran los días 13 y 20 de junio, pero todas las señales apuntan ya al perdón. Sánchez y sus ministros se han multiplicado esta semana para abonar el terreno y tendrán difícil esquivar este asunto hasta que lo zanjen. El presidente habló el miércoles de abrir un "tiempo para la concordia", Calvo prometió el viernes que se abrirá "una página diferente" en favor de la "convivencia" en Cataluña, y este sábado fue Salvador Illa quien abogó por el "reencuentro" y pidió un "salto hacia delante" con independencia de las "encuestas" o la "coyuntura cortoplacista".

Precisamente los sondeos apuntan ya al coste político de la maniobra. El publicado por 20Minutos señala que dos tercios de los españoles están en contra de los indultos, incluidos la mayoría de socialistas. Algunos barones del PSOE –Vara, García-Page, Lambán, además del expresidente Felipe González– ya han alzado la voz para advertir de la posible factura de una decisión controvertida, que llega justo ahora que el Gobierno acaba de sufrir su primera derrota grave, el batacazo del 4-M, una victoria por amplísimo margen de Díaz Ayuso que ha insuflado ánimos al PP y ha rearmado a la derecha: por primera vez en la legislatura las encuestas ven posible de un cambio de Gobierno.

Resistir para (tener opciones de) vencer

Pese a ello, pese al duro informe contrario del Supremo y pese a las palabras de alguno de los condenados –"ho tornarem a fer" (lo volveremos a hacer)–, Sánchez defiende que tiene que afrontar la responsabilidad de pasar página definitivamente en Cataluña y el Gobierno sostiene que el perdón servirá para ir desactivando la ola independentista. Es la línea argumental expresada, por ejemplo, por el expresidente Zapatero, que expresó esta semana que la medida ayudaría a recuperar el diálogo, a que "el independentismo pierda fuerza" y a que "las cosas estén mejor entre Cataluña y el resto de España", al tiempo que equiparó la dificultad de adoptar esta decisión con la de aprobar la ley del matrimonio entre personas del mismo género o de negociar con ETA.

La maniobra no provocará tensiones en el seno del Gobierno, porque Unidas Podemos está claramente a favor de la medida de gracia. "El tiempo de los jueces ha terminado", dijo el presidente del grupo morado en el Congreso, Jaume Asens, que agregó que la mesa de diálogo entre gobiernos no puede empezar "con la contraparte en prisión". También tendrá la virtud de reforzar los lazos de Sánchez con sus socios nacionalistas e independentistas en el Congreso, pero a cambio romperá los escasos puentes con el resto de la oposición y enterrará la operación para atraerse a Cs como socio, tocada desde el fracaso de la moción en Murcia y que quedará ahora definitivamente dinamitada.

Así las cosas, a Sánchez no le quedará otra alternativa que aplicar, una vez más, su ya famoso Manual de resistencia para aguantar la legislatura. Si la opción de adelantar las generales ya estaba descartada tras el fracaso en las elecciones madrileñas, la factura que pasarán los indultos al PSOE obligarán al presidente a atarse a sus aliados de la investidura para sacar adelante las votaciones en el Congreso y a esperar: mientras se comprueba si el perdón a los presos provoca un bache temporal o hunde a los socialistas, Moncloa confía en retomar la iniciativa, en que la pandemia no se tuerza en su recta final y en que los fondos europeos animen la economía hasta lograr que la mejora se note en los bolsillos.

Podemos en mínimos y una derecha que se rearma

La hoja de ruta de Sánchez, no obstante, está llena de dificultades. La primera es que el PSOE está a la baja, y la segunda es que su principal socio, Unidas Podemos, está en mínimos electorales, debilitado en los territorios y en plena renovación. Los morados tendrán que engrasar los engranajes de la bicefalia que formarán Ione Belarra y Yolanda Díaz, y diseñar –en línea con el estilo de esta última– una estrategia para poner en valor su peso en el Gobierno sin provocar tantos choques con los socialistas. La marcha de Iglesias tiene otra derivada para Sánchez: muchos de los que antes atacaban al vicepresidente –que desataba las iras de sectores de la derecha– irán ahora directamente contra él.

Al otro lado del tablero, el PP parece haber puesto freno al ascenso de Vox y ha absorbido buena parte del voto que llegó a cosechar Ciudadanos, lo que le sitúa en disposición de disputarle la victoria al presidente. Los populares también han conseguido alejar en los últimos tiempos las sospechas de corrupción que le costaron el Gobierno a Rajoy, aunque aún hay casos pendientes que podrían causarles sobresaltos y provocar que el escenario político se reconfigure una vez más. Sin ir más lejos, el juicio por la 'caja B' quedó visto para sentencia el pasado 12 de mayo, y en otoño comenzará el proceso por la segunda época de Gürtel.

Mientras tanto, Casado prepara una convención para el otoño con el fin de "rearmar" el discurso de los populares y piensa rentabilizar al máximo el rechazo ciudadano a los indultos repitiendo la receta que su partido empleó, por ejemplo, contra el Estatut de 2010 o contra la negociación con ETA de Zapatero, pues ya ha avanzado que recogerá firmas contra la medida de gracia y que el PP participará en una manifestación en Colón el 13 de junio. La oposición a las subidas fiscales que estudia el Gobierno serán otro de sus caballos de batalla.

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