Qué es el mito de la dominancia en los perros y por qué conviene desterrar esta teoría desfasada

Los expertos coinciden en que el mito de la manada es obsoleto.
Los expertos coinciden en que el mito del líder de la manada en perros es obsoleto.
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¿Por qué si la docilidad ha sido uno de los principales criterios durante el proceso de domesticación del perro, existen algunas corrientes de adiestramiento canino (cada vez menos, eso sí) que insisten en justificar que el comportamiento agresivo de un perro está influenciado por el deseo del animal de alcanzar un estatus superior?

La respuesta está en la llamada teoría de la dominancia y el uso de términos como 'macho alfa', que acuñó el doctor David L. Mech en la década de los setenta pero que, irónicamente, él mismo se ocupó de echar por tierra años después. ¿En qué consiste esta teoría? Como explican los expertos de saludmascostas.com - web dedicada a perros y gatos creada por la compañía especializada en salud animal Bioibérica- esta teoría nace en 1970 tras la publicación del libro El lobo, ecología y comportamiento de una especie en extinción de Mech.

En este libro, el biólogo estadounidense daba a conocer la teoría de la dominancia tras el estudio de grupos grandes de lobos criados en cautividad y no emparentados. “En esta obra explicaba el modelo social de las manadas y describía cómo lobos en cautividad de diferentes procedencias se peleaban por la dominación sobre los demás. El que ganaba, ya fuera macho o hembra, pasaba a ser considerado el alfa y los demás se organizaban en un rango inferior”, indican.

Sin embargo, tres décadas después el propio Mech se retractaría al volver a estudiar la estructura social de los lobos pero esta vez viviendo en libertad y en naturaleza. “Desmontaba su anterior teoría y concluía que habría sido más adecuado utilizar los términos macho y hembra reproductora, incluso padre y madre para referirse a los animales que había considerado ‘alfa’, ya que la estructura social de los lobos viviendo en libertad se basa en grupos familiares cooperativos en los que los padres guían a la descendencia en el desarrollo de las habilidades sociales y de caza y la estructura jerárquica que aparece es de relaciones entre padres e hijos más que de enfrentamientos competitivos y agresivos”.

Teniendo todo esto en cuenta, ¿por qué entonces determinados adiestradores siguen insistiendo por trasladar esta teoría a la educación canina y apostando porque el propio ser humano se convierta en el líder de la manada ante su perro o perros, ejerciendo el rol de ‘alfa’ para ser respetado? 

Muchos expertos veterinarios, entre ellos la Asociación de Veterinarios Españoles especialistas en Pequeños Animales AVEPA, han cuestionado en numerosas ocasiones la visión clásica de la agresividad por dominancia planteando que en la mayoría de casos, el problema de agresividad hacia la familia no se trataría de un conflicto jerárquico sino que estaría relacionado “con la protección o la defensa frente a manipulaciones percibidas como amenazantes para el perro, donde la dificultad del animal para predecir lo que va a ocurrir, la frustración de expectativas, el aprendizaje y el miedo, especialmente si hay castigos exagerados, juegan un papel determinante”.

Por esta razón, explican en Saludmascotas: “muchos casos de agresividad canina tienen lugar por una educación incorrecta basada en generar miedo en el perro cuando hace algo que molesta al dueño, pensando que con su actitud el animal quiere imponer su dominancia. Así, mostrar al perro quién es el jefe, tumbándolo y manteniéndolo boca arriba (alfa-roll) o de lado (dominance down), pegar al perro o cogerle del cuello comporta con frecuencia respuestas agresivas por su parte, ya que aprende que en algunas ocasiones el dueño se vuelve peligroso y tiene que defenderse de él. Otra gran fuente de conductas molestas para la convivencia tienen que ver con el estrés excesivo del animal. A veces, el exceso de ejercicio o el ejercicio explosivo puede ser un gran estresor”.

"Adoptar el rol de jefe de la manada con nuestros perros puede tener efectos adversos muy importantes"

De manera similar se expresaba recientemente la etóloga Ángela González Martínez, responsable del Servicio de Etología del HVU Rof Codina en la Facultad de Veterinaria de Lugo en una entrevista para la web SrPerro.com: “Cuando adoptamos el rol de alfa, esto de ser el jefe de la manada, y adoptamos esas técnicas que nos indican determinados programas de televisión como poner al perro patas arriba, o cada vez que el perro hace algo malo le damos toques en el cuello, le damos pataditas, o gritos, ese tipo de enfrentamiento se ha visto en diversos estudios, y esto sí que es irrefutable y toda la comunidad científica está de acuerdo: es absolutamente contraproducente. Puede ser que en algún caso funcione, en el sentido de que como es un castigo y el castigo por definición interrumpe las conductas, puede interrumpir la conducta. Pero puede tener efectos adversos muy importantes. Esos perros después pueden mostrar agresividad hacia sus propietarios, hacía otras personas o perros. Esos perros tienen miedo”, señala abiertamente.

Según la experta utilizar el mito de la dominancia para la educación canina puede traer consecuencias muy negativas tanto para el animar como para su dueño: "He visto muchos casos, por desgracia, que no solo empeora mucho el vínculo perro-propietario y el perro viene peor, sino que el dueño viene peor porque ha pasado por el hospital. Tengo muchos casos en los que estoy segura que se podía haber evitado un mordisco importante si no hubieran seguido este tipo de tratamientos”.

¿Cuál es la manera idónea, entonces, para corregir un problema de comportamiento en el can? La veterinaria lo deja claro en la citada entrevista: "Lo ideal es buscar un veterinario etólogo clínico. No obstante, siempre que escuchemos cosas como 'tienes que ser el jefe, no lo dejes subir a la cama o a los sofás (sin tener una explicación lógica para eso), somételo, o ponlo patas arriba, o sujétale el cuello, o apriétale el hocico o utiliza castigo físico o verbal, grítale o imponte...' Si escuchamos ese tipo de cosas, no es la persona adecuada para ayudarnos sea quien sea. Hay que buscar otro profesional. Un buen profesional generalmente te va a aconsejar sobre métodos amables que se van a basar, sobre todo al principio, en evitar los riesgos -para que no te muerda- que es lo más importante y en conseguir que el animal esté más feliz”. 

E insiste, sobre todo, en que se trata de cambiar una emoción en el animal no solo una conducta: "Un problema de comportamiento tarda mucho tiempo en solucionarse bien. Lo que hay que cambiar es una emoción casi siempre, no es una conducta. La conducta es una manifestación de lo que ocurre por dentro. Los perros sienten emociones. Eso lleva meses, igual que en las personas”.

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