Psicosis en la cárcel de Soto del Real por el rumor de contagios por coronavirus: "Ahora, tose uno y hay tensión"

Marta R. esposa de un recluso en la prisión de Soto del Real.
Marta R. esposa de un recluso en la prisión de Soto del Real.
EDUARDO MENDEZ

Las prisiones no se están manteniendo ajenas al estado de alarma generado por la epidemia del coronavirus en España y la tensión se está viendo acrecentada en los últimos días por las medidas de restricción de visitas impuestas a los internos y la creación de módulos de observación.

La población reclusa del centro penitenciario Madrid V, más conocido como cárcel de Soto del Real, está viviendo momentos de máxima tensión después de que se haya corrido el rumor de que hay dos contagios en su interior, una circunstancia desmentida por Instituciones Penitenciarias.

“Ya el domingo mi marido me dijo que se olían que había una persona infectada y que parecía como que no le habían hecho mucho caso y ni pruebas ni nada”, declara a 20minutos.es Marta R., la esposa de uno de los reclusos del centro.

“El ambiente es tenso, porque, ya de por sí, en la relación entre compañeros hay gente con la que te llevas mejor y peor, pero siempre hay una desconfianza porque en realidad no son tus amigos. Ahora tose uno y hay tensión”, explica Marta.

Una cárcel con presos ilustres

Soto del Real ha alojado a algunos de los más ilustres presos condenados por corrupción en los últimos años. Luis Bárcenas, Rodrigo Rato o Gerardo Díaz Ferrán son algunos de los que han cumplido o cumplen actualmente condena en esta prisión inaugurada en 1995 y que alberga en sus 1.008 celdas a una población reclusa de unas 2.000 personas.

El Gobierno decretó el martes la suspensión de los vis a vis en las cárceles de Madrid, Álava y La Rioja, medida que este jueves ha sido extendida a todas las 69 prisiones que dependen del Ministerio de Interior en todo el territorio español.

En Soto del Real y en otras prisiones se están adaptando módulos para la observación sanitaria de presos provenientes de zonas de riesgo o incluso de todos los internos que regresen de permiso de estas zonas, según indican fuentes de Instituciones Penitenciarias.

La adaptación de un módulo para este fin en Soto del Real, cuyos reos han sido trasladados al resto de la prisión, ha aumentado aún más la psicosis entre los presos y ha reforzado sus sospechas de que el virus está presente en las instalaciones.

“A saber de dónde demonios ha salido ese rumor, no hay ningún caso ni hay ni siquiera una sospecha”, indican desde Instalaciones Penitenciarias. Hasta la fecha, los dos únicos casos confirmados relacionados con las prisiones son una trabajadora de la cárcel de Aranjuez y un preso del presidio alavés de Zaballa que se contagió de un ertzaintza en la unidad de custodia del Hospital de Txagorritxu, donde está actualmente hospitalizado en la UCI.

“Una opacidad horrorosa”

Los familiares de los presos, según declara Marta, acusan a Instituciones Penitenciarias de fomentar la tensión de los internos por su falta de transparencia. 

“A ellos no les han dicho nada, hay una opacidad horrorosa”, declara Marta, que dice no confiar en el funcionamiento del sistema carcelario después de que su marido tuviera que ser trasladado a un hospital en verano con una infección generalizada que casi le cuesta la vida tras semanas quejándose del dolor sin respuesta por parte de los servicios médicos.

La medida que más ha alterado el estado de ánimo dentro de la prisión ha sido, no obstante, la suspensión de los vis a vis mensuales en los que los presos podían tener contacto físico con sus familiares. Medidas similares han provocado numerosos motines en Italia que han costado la vida de seis personas y la fuga de varios centenares de presos de una cárcel.

“Una persona interna, que en el caso de mi marido no está en exclusión social y tiene su familia fuera y gente que quiere, a lo único que se aferran es a poder verles y comunicarse con ellos una vez al mes o una vez a la semana”, explica Marta. “Están mucho más agobiados y fíjate lo que ha pasado en Italia”.

Para las familias la medida ha sido también un golpe moral, aunque aceptan que es necesaria. “Es lo único que te da un poco de fuerzas a veces. Es algo que hay que hacer, no es que estés enfadado con el sistema por haberle cortado la comunicación, porque se hace por todos, por ellos y por nosotros, pero es complicado”, declara Marta.

“Hasta que no sufres algo así, no te das cuenta de cómo de importante es, cuando hablas con alguien, tener la oportunidad de poder acercarte y tocar a esa persona. Cuando vas a un vis a vis, te aferras a esa persona, le das el abrazo que no le has dado en todo el mes”. 

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