Brexit
Una figura que representa a la primera ministra británica, Theresa May, al exministro de Exteriores Boris Johnson, al secretario de Medio Ambiente, Michael Gove, y al exministro para el 'brexit' David Davis, ante el Parlamento en Londres. EFE/FACUNDO ARRIZABALAGA

La crisis abierta en el Reino Unido por el brexit ha herido de muerte al partido conservador.

Las presiones internas para que la primera ministra, Theresa May, dejara vía libre a otro líder que pudiera reconducir a los tories y culminar el divorcio con la UE han logrado su objetivo: el anuncio agónico de su dimisión (en diferido), en plenas elecciones europeas y sin el visto bueno aún a su plan.

Estos son los vaivenes y tensiones que ha sufrido la formación desde que al exjefe de Gobierno David Cameron, víctima temprana y por méritos propios del brexit, se le ocurrió la idea de plantear un referéndum que nadie pedía:

Con Cameron empezó todo

Aunque deslizó la ocurrencia meses antes, no fue hasta 2013 cuando David Cameron, líder tory y primer ministro del Reino Unido desde 2010, anunció oficialmente, de un día para otro, que promovería un referéndum sobre la relación del Reino Unido con la UE. Lo hizo para aplacar a los euroescépticos de su partido —las posiciones encontradas sobre este tema venían de lejos— y por el auge de los independentistas del UKIP. Y, en definitiva, porque optaba a la reelección en el año 2015. A pocas semanas, e incluso días, del referéndum, el partido se revolvía con fuerza y las peleas eran una constante.

Referéndum y dimisión

Cameron hizo campaña por la permanencia en la UE después de pactar con Bruselas un "estatus (más) especial" para el Reino Unido. El país votó dividido el 23 de junio de 2016 y el divorcio obtuvo finalmente un ajustado 51,9% de apoyos entre la ciudadanía. El primer ministro presentó entonces su dimisión y dejó el problema a quien viniera detrás. No solo dimitió él: Nigel Farage, líder del UKIP, también dijo adiós después de haber protagonizado una campaña llena de proclamas xenófobas y afirmaciones falsas. En el partido laborista, la figura de Jeremy Corbyn comenzó a debilitarse por su ambigüedad en el asunto.

Broncas y traiciones

La sucesión de Cameron tuvo, en términos generales, cuatro protagonistas: Boris Johnson, Michael Gove, Theresa May y Andrea Leadsom (aunque hubo otros, como Liam Fox y Stephen Crabb, hoy entre los más críticos con May). Los dos primeros eran muy amigos del ex primer ministro, pero algo se torció cuando el referéndum entró en escena, ya que decidieron apoyar el brexit. Gove había sido ministro de Educación en el primer Gobierno de Cameron y de Justicia en el segundo; Johnson había sido alcalde de Londres entre 2008 y 2016. Así, cuando Cameron dimitió, ambos se postularon para su cargo. También lo hicieron otra brexiter, la entonces secretaria de Energía Andrea Leadsom —que acaba de presentar su renuncia como líder del grupo conservador en el Parlamento—, y la entonces ministra del Interior Theresa May.

May asciende al trono

Cuando hay una sucesión en el partido conservador, se realizan varias votaciones hasta que solo quedan dos candidatos y se elige entre ellos. Johnson, decepcionado porque Gove había entrado en la carrera para suceder a Cameron, se retiró de la contienda y apoyó a Leadsom. Gove fue eliminado en las primeras votaciones y Leadsom también se acabó retirando por unas desafortunadas declaraciones sobre ser madre y estar capacitada. No hubo votación final: May quedó como única aspirante y sucedió a Cameron al frente de los tories y, también, sin pasar por las urnas, del Gobierno (julio de 2016). Nombró a Boris Johnson ministro de Exteriores, y a David Davis, del brexit. A Gove lo desterró.

Primeras decepciones

May, que había hecho campaña (poca) por la permanencia en la Unión Europea, interiorizó el mantra "brexit es brexit" y puso en marcha —se tomó su tiempo— el proceso de salida. Envió a Bruselas el 29 de marzo de 2017 la carta de activación del famoso Artículo 50 del Tratado de la Unión. En enero de 2017 pronunció en un discurso solemne una frase que todavía hoy resuena en las cabezas de los británicos: "Ningún acuerdo vale más que un mal acuerdo".

Elecciones anticipadas

Una vez apretado el botón, la primera ministra vio una oportunidad para afianzar sus apoyos, dentro y fuera, aprovechó la debilidad del partido laborista y, pese a que llevaba tiempo rechazando la posibilidad, decidió de repente convocar elecciones anticipadas para el 8 de junio de 2017. No le salió bien y perdió la mayoría absoluta; el superviviente laborista Corbyn, revalidado por las bases de su partido en 2016 a pesar de todo, comenzó a pedir su dimisión. Ella lidió como pudo con la nueva situación y se buscó como aliados a los diputados del Partido Unionista Democrático de Ulster (DUP).

Revuelta temprana

Las primeras decepciones con el brexit llegaron pronto, y también las conspiraciones en el seno del partido conservador —en 2016 ya comenzó la guerra de documentos filtrados desde el propio Gobierno—: se acusó a May de ir cediendo posiciones y de dejar atrás la idea de un brexit duro según pasaban los meses. Se llegó a un consenso con Bruselas sobre el periodo de transición, pero la salvaguarda de Irlanda del Norte se convirtió sin remedio en uno de los escollos fundamentales. En verano de 2018, May recibió su primer gran varapalo amigo: los ministros Johnson y Davis y dos vicepresidentes del partido anunciaron sus dimisiones irrevocables por desacuerdos con "Chequers", el primer gran plan para el brexit firmado por la primera ministra. Pensaban que era demasiado blando; otros ministros del Gobierno, de hecho, lo tacharon de "preocupante". Tampoco gustó a los laboristas ni a la UE.

Moción de confianza

May no cejó en su empeño e intensificó las negociaciones con Bruselas. Aunque si bien consiguió en noviembre cerrar un borrador sobre la futura relación del Reino Unido con la UE, a continuación se encontró con siete renuncias más. Tiraron la toalla, entre otros, el —nuevo— ministro del brexit, Dominic Raab, la ministra de Trabajo, Esther McVey, y el secretario de Estado para Irlanda del Norte, Shailesh Vara. Enseguida, los rebeldes del partido le organizaron una moción de confianza, que superó. Ahí estaba, inamovible, el ultraconservador Jacob Rees-Mogg, impulsor de la facción European Research Group.

Y tres veces 'no'

A partir de la moción de confianza y superada otra, esta vez de censura, comenzó un pulso entre Gobierno y la Cámara de los Comunes. En febrero de 2019, después del primer 'no' rotundo en el pleno al plan negociado por May con la UE, se produjo la sonada marcha tres diputadas conservadoras —Heidi Allen, Anna Soubry y Sarah Wollaston— entre acusaciones al partido de haber virado ideológicamente a la derecha; decidieron aliarse con ocho diputados laboristas que también habían dejado a su grupo, descontentos con Corbyn. El Gobierno se quedó a cuatro deserciones de perder la mayoría en el Parlamento. En marzo vendrían otras dos votaciones contra el plan y varias votaciones parciales que impedían cualquier alternativa al mismo. No sirvió de nada la promesa firme de dimisión de Theresa May a su grupo parlamentario, descontento también por su acercamiento a Corbyn, para que apoyara su plan en la tercera votación.

El 'brexit' se retrasa

El bloqueo total se tradujo en un retraso en la fecha de la teórica salida del Reino Unido de la UE, que ahora está prevista, por concesión de la UE, para el 31 de octubre. No obstante, el requisito que puso Bruselas a Londres fue su participación en las elecciones europeas del 26 de mayo. El partido conservador, que se dejó 1.240 concejales y perdió el control de 41 ayuntamientos en las últimas elecciones locales, apenas ha hecho campaña. Desde su propia web, incluso, pidieron a sus votantes que consideraran otras opciones a la hora de colocar la papeleta en la urna. May intentó vender su plan hasta el final.

Boris Johnson & Cía

La carrera por la sucesión de May ya es imparable: hay más de una docena de nombres en liza, según la prensa británica. Uno de ellos —lo ha confirmado él— es el de Boris Johnson, el favorito en las quinielas. Vuelven a la lucha también Michael Gove y Andrea Leadsom. Y se han apuntado, parece, Dominic Raab y Jeremy Hunt, ministro que sustituyó a Johnson en Exteriores. Dentro del Gobierno, además, nadie quiere quedarse fuera de la competición: se añaden a la lista oficiosa Sajid Javid, actual ministro del Interior, y su predecesora Amber Rudd; Matt Hancock, ministro de Sanidad; Rory Stewart, ministro de Desarrollo internacional; Esther McVey, ex secretaria de Estado de Trabajo; Penny Mordaunt, ministra de Defensa y Liz Truss, secretaria del Tesoro.

Formas de marcharse

En el partido tory daban por hecho la marcha de May, de una manera u otra, desde hace semanas. Y no solo porque ella misma prometió que renunciaría. Las presiones al Comité 1922, la dirección del grupo parlamentario conservador, para que aprobara de forma urgente una modificación en la norma que decía que no podía someterse a una nueva cuestión de confianza en menos de un año se tornaron insoportables. En los medios comenzó una cuenta atrás sobre si May pasaría del 29 de mayo, fecha en la que superaría en días en el cargo a Gordon Brown, que fue primer ministro durante dos años y 319 días entre 2007 y 2010. Otras opciones, al margen de la renuncia voluntaria y la moción, pasaban por una moción de censura en el Parlamento —¿promovida otra vez por Corbyn?— o por una revuelta como la que sufrió Margaret Thatcher . Por si fuera poco, durante la Convención Nacional del Partido Conservador, prevista para el 15 de junio, estaba prevista una moción de confianza simbólica.

Incertidumbre total

El proceso para reemplazar a May, que de momento seguirá temporalmente en el cargo de primera ministra, no será corto. Pasarán entre seis y ocho semanas hasta que se conozca el nombre de su sucesor (en el partido y en el Ejecutivo), que no tiene por qué convocar unas elecciones inmediatas. Su sustituto será el encargado de renegociar el brexit, con prórroga o no, convencer a los suyos (y a los demás) de que aprueben un eventual plan y pasar a la segunda fase del proceso; o bien, de dar marcha atrás. En el aire queda, además, la última propuesta de May de que haya un segundo referéndum.