"No soy una política de consenso. Soy una política de fuertes convicciones". Esa frase la pronunció Margaret Thatcher en 1979. La apodada como 'Dama de hierro' afrontó, aguantó y generó respeto durante los once años que fue primera ministra británica. Precisamente esa estrategia fue la que trató de seguir Theresa May en solo tres. Pero no ha podido. Con la dimisión de la premier en plena crisis (eterna) del brexit, se hace evidente que el plan de resistencia dibujado por la cabecilla tory no ha tenido resultado.

Thatcher era persona de rictus inquebrantable y fuertes convicciones. May tenía ahí la referencia, pero no se ha acercado a ella. ¿Por qué? Ha acabado siendo el blanco fácil de un Parlamento fragmentado, inconformista y alejado del sosiego que requería -y requiere- una situación tan delicada. De estilismos similares y actitudes calcadas, la historia no recordará a May como una aprendiz de Thatcher, sino como alguien que quiso y no pudo, o no supo.

Theresa May asumió el poder en 2016, después de que el sí ganase en el referéndum sobre la salida del Reino Unido de la UE. Entonces era ministra del Interior con David Cameron, y una de las personas de más confianza del entonces primer ministro. May, que votó contra el brexit, no podía imaginar el reto que se le venía encima, y que a la postre ha sido el mismo que ha propiciado su renuncia.

La política británica empezó a girar entonces en torno a un solo tema: salir o no salir y sobre todo, cómo salir. El primer paso que da May es el de convocar elecciones anticipadas para reforzarse en su papel. No lo consigue. Con las negociaciones entre Londres y Bruselas recién iniciadas, los conservadores pierden la mayoría absoluta en el Parlamento. Esto, que podría parecer banal, acabará siendo un elemento decisivo para el final político de la premier.

De la pérdida de apoyos entre los votantes se pasa entonces a los cismas internos. Theresa May no cambia de plan. David Davis y Boris Jonshon, dos de sus hombres de confianza, abandonan el Gobierno. La primera ministra se va quedando sola y a pesar de ello, en noviembre logra cerrar un acuerdo con la UE, que, eso sí, necesita del respaldo de los Comunes.

Una política contra viento, marea y negativas

Una, dos y hasta tres veces llevó ese pacto a votación. Sin apoyos. Esta fue una de las cualidades que ha caracterizado el mandato de May: la insistencia. Otra es la resiliencia. Es decir, la capacidad de sobreponerse a las dificultades. A las desbandadas en su Ejecutivo habría que unir también las presiones para adelantar una dimisión que ahora ha llegado. "En tiempos duros todo el mundo debe soportar la parte de dolor que le corresponde", llegó a decir la propia May.

La historia de Theresa May es la de una mujer que ha convertido la política en una carrera de fondo. Su meta era el brexit, pero no ha llegado a ella por desgaste. En las elecciones generales de 1997 obtuvo su primer asiento en la Cámara de los Comunes y en 2002 se convirtió en la primera mujer en ser presidenta del Partido Conservador, cargo al que volvería en 2016. Posteriormente, ya en el Gobierno, ocupó las carteras de Mujer e Igualdad y del Interior. En 22 años, ha asumido muchas responsabilidades, pero ninguna tan arriesgada como la de sacara su país de la UE.

"Esto no es un juego", dijo en 2017, como si pudiera prever lo que estaba por venir. Queda la duda de si en realidad no lo ha sido y en eso lo han convertido o si directamente los políticos británicos han querido jugar, pero parece que las turbulencias dejan una perdedora clara: Theresa May. Reino Unido participa en las elecciones europeas contra su voluntad, de momento, sigue en la UE conta su voluntad y May ha dejado de ser primera ministra contra su voluntad.