Cine y erotismo: las películas más atrevidas más allá de Grey

  • 'Cincuenta sombras más oscuras' se estrena este viernes 10 de febrero.
  • El cine más comercial, y el de autor, siguen explorando lo que puede mostrarse en pantalla fuera del cine X.
  • 'La vida de Adèle', 'Brokeback Mountain, 'Soñadores', 'Antichrist', 'Shame' o 'Lucía y el sexo' están entre los principales referentes.
Dakota Johnson y Jamie Dornan vuelven a ser Anastasia Steele y Christian Grey
Dakota Johnson y Jamie Dornan vuelven a ser Anastasia Steele y Christian Grey
Universal
El 10 de febrero se estrena la segunda parte de Cincuenta sombras de Grey, Cincuenta sombras más oscuras. Jamie Dornan y Dakota Johnson vuelven a encarnar en esta entrega a Christian Grey y Anastasia Steele. Cuando Christian Grey, que se siente herido, intenta convencer a la reticente Ana Steele de que vuelva a formar parte de su vida, ésta le exige un nuevo acuerdo antes de aceptar. Pero cuando la pareja empieza a tener más confianza y una cierta estabilidad, aparecen dudosas figuras del pasado de Christian decididas a parar en seco sus esperanzas de un futuro juntos.

Las puertas del ascensor, con Anastasia Steele dentro, cerrándose ante las narices del millonario Christian Grey. Así terminaba la primera entrega vista en cines de la primera de las adaptaciones de la trilogía erótica escrita por E.L. James. Pero ya está a punto la segunda parte, Cincuenta sombras más oscurasse estrena este viernes 10 de febrero, de nuevo en una fecha cercana a San Valentín, para seguir profundizando en la relación de dominación y sumisión, y sobre todo los aspectos más románticos de los personajes que encarnan Dakota Johnson y Jamie Dornan.

La historia de una joven iniciada en las prácticas sexuales de BDSM (boundage, disciplina, sadismo y masoquismo), pero en el mismo tono suave que la trilogía de Grey, tuvo ya un gran éxito del género en los años 70 conHistoria de O, que protagonizó la francesa Corinne Cléry con 24 años. Mucho más explícito se mostró el italiano Pier Paolo Passolini con la polémica Saló, o los 120 días de Sodoma, una sórdida fábula sobre los fascismos y los abusos y humillaciones, de todo tipo, que podían ejercer los que ostentan el poder sobre los demás.

Por requisitos artísticos o buscando la comercialidad. Sin llegar a la clasificación del "cine para adultos" —las películas porno o clasificadas "X"—, el cine mainstream y también el de autor a lo largo de cada época han explorado los límites que no debía traspasar. No enseñar más carne de lo que las posibles censuras del momento, lo que políticamente correcto dictaba o para evitar esa clasificación X que reduciría llegar a un mayor número de espectadores.

Diversos cineastas, películas e intérpretes han puesto a prueba estos cotos, atreverse a dar un paso más allá. En este aspecto, y en este siglo XXI, probablemente haya sido La vida de Adèle (2013) la más osadacon las escenas lésbicas de sexo entre Adèle Exarchopoulos y Léa Seydoux, además ganando la Palma de Oro en Cannes. Esta producción francesa dirigida por el tunecino Abdellatif Kechiche es uno de los referentes indiscutibles.

Antes habían destacado las escenas, mucho más contenidas, de Mulholland Drive (2001) de David Lynch, con Naomi Watts y Laura Elena Harring; o Cisne negro (2010) de Darren Aronofsky y con otro lúbrico momento, de sexo oral, entre Mila Kunis y una Natalie Portman que fue recompensada, por su interpretación de una obsesiva bailarina de danza, con el Oscar a la mejor actriz. El mismo año, Julio Medem aisló a sus dos protagonistas, Elena Anaya y Natasha Yarovenko en una Habitación en Roma. Entre lo más reciente, el surcoreano Park Chan-wook ha sorprendido, para bien, con la trama de intrigas y pasiones de La doncella (2016).

En cuanto a cine comercial, algunas han logrado incluso colarse entre las categorías a los Oscar más importantes. Brokeback Mountain (2005) fue conocida como la película de "cowboys gais", la dirigió el taiwanés Ang Lee y la protagonizaron Jake Gyllenahaal y el prematuramente fallecido Heath Ledger —el mítico Joker de El caballero oscuro—. Aunque no viéramos sus escenas más fuertes ha sido uno de los títulos emblemáticos y más comentados de los últimos años.

En cambio, Ang Lee sí que llegó mucho más lejos al mostrar una intensa relación sexual en Deseo, peligro (2007), un thriller en el Shanghái de 1942 y esta vez con una pareja hetereosexual, con Tony Leung Chiu Wai y Tang Wei. Volviendo a las temáticas homosexuales, una de las más alabadas por los críticos ha sido El desconocido del lago (2016), de Alain Guiraudie, pasiones y deseos entre orillas y bosques, y con una cierta intriga con ecos de los relatos de Patricia Highsmith.

Memorable para toda una nueva generación fue ver a Eva Green en Soñadores (2003), de Bernardo Bertolucci, y su relación triangular con un joven estudiante y su propio hermano en la ficción, y en el marco de presuntas libertades de las revueltas de 1968. Por lo demás, Michelle Williams y Ryan Gosling tenían sus buenos momentos en Blue Valentine (2010); Scarlett Johansson y Jonathan Rhys Meyers en Match Point (2005); Angelina Jolie y Antonio Banderas en Pecado original (2001), Diane Lane y Olivier Martínez en Infiel (2002), o Halle Berry y Billy Bob Thornton en Monster's Ball (2001), con Oscar incluido para la actriz.

Fassbender, Huppert, Lucía y el sexo

Entre las producciones españolas, el referente y también a nivel internacional lo marcó Lucía y el sexo (2001), nuevamente otra obra del donostiarra Julio Medem. Una historia estructurada como un cuento para adultos, sensible y sensual, que catapultó a su protagonista Paz Vega como uno de nuestros sex symbols, por no hablar de la presencia de Najwa Nimri elevando considerablemente la temperatura de sus escenas.

Causaron sensación Maribel Verdú en la mexicana Y tu mamá también (2001), Ludivine Sagnier en la francesa La piscina (2003), el sensual baile de Jessica Alba en Sin City (2005), el no menos excitante striptease de Rebecca Romijn-Stamos —ante Antonio Banderas— en el thriller Femme fatale (2002), o Vahina Giocante en la francesa Lila dice (2004) explorando su sexualidad a la tierna edad de dieciséis años.

Atrevido fue Michael Fassbender como adicto al sexo en Shame, dirigida por Steve McQueen (12 años de esclavitud). O una Isabelle Huppert sin pudor en Elle (2016) de Paul Verhoeven, actriz que ya había conmocionado en la turbadora La pianista (2001) de Michael Haneke. El inclasificable musical taiwanés El sabor de la sandía (2005) plasmó una visión entre deprimente y festiva del mundo del porno.

Secretaria para todo, Sr. Grey

Maestro de la provocación y la polémica es el danés Lars Von Trier, que no solo nos ofreció los dos volúmenes de Nymphomaniac (2013) sino que cuatro años antes hizo correr ríos de tinta, y puso los teclados a cien con opiniones y artículos a través de Internet, con Antichrist (2009). Una nueva vuelta de tuerca en su tema preferido, el de las crueldades entre las relaciones hombre y mujer, aquí en formato de thriller psicológico de terror.

Nada más empezar, una escena en la ducha que contenía insertos más propios del cine X que del convencional; después, agitadas escenas de onanismo o de mutilaciones genitales en primer plano. Von Trier incorregible. No menos escandalosas fueron las también muy explícitas Shortbus (2006), Ken Park (2002), Nueve canciones (2004), Intimidad (2001), The Brown Bunny (2003) o la mexicana Batalla en el cielo (2005) mostrando escenas de sexo no simuladas y sin tapujos.

Retomando los fetichismos y las relaciones de sumisión, otro de los referentes es sin duda Secretary (2002), plasmando esa fantasía entre jefes y, eso, secretarias. Maggie Gyllenhaal era la eficiente empleada dispuesta a satisfacer todas las órdenes y trabajitos que le encomendara el hombre que la había contratado. La curiosidad está en que éste, interpretado por James Spader, era también un ricachón, un abogado solitario que se apellidaba nada menos que Grey.

Abrieron el veto enseñando algo más...

Hedy Lamarr en 'Ecstasy' (1933). El primer desnudo integral, y un orgasmo femenino, visto en una película comercial. Después de esta coproducción checo-austriaca, la vienesa Hedy Lamarr haría una notable carrera en Hollywood. Fue calificada como "la mujer más bella del mundo", pero también poseía una mente brillante. Como inventora desarrolló una de las tecnologías precursoras en comunicaciones inalámbricas.

Jane Russell en 'El forajido' (1943). Si a la italiana Silvana Mangano le bastó con enseñar muslo y pantorrilla en Arroz amargo (1949) o a Rita Hayworth quitarse un guante en Gilda (1946) para agitar la líbido del personal, Jane Russell tampoco tuvo que recurrir a sacarse la ropa para el western que protagonizó a las órdenes de Howard Hugues. Pero tuvo serios problemas de censura. ¿El motivo? Los prominentes pechos de la actriz.

John Voight en 'Cowboy de medianoche' (1969). El padre de Angelina Jolie interpretó a un ingenuo cowboy pueblerino que en la gran ciudad, en Nueva York, donde debía ganarse la vida como gigoló. Fue la primera producción clasificada X en ganar el Oscar a la mejor película. Al año siguiente, en 1970, Russ Meyer logró seducir al público con Más allá del valle de las muñecas —también conocida como El valle de los placeres—. Sus especialmente "dotadas" protagonistas superaban, y por mucho, los atributos de Jane Russell.

Linda Lovelace en 'Garganta profunda' (1972). Probablemente la película clasificada X con mayor éxito comercial de toda la historia. Aunque ni el rodaje fue agradable para su protagonista ni posteriormente tuvo una vida fácil. Los años 70 acogieron otros títulos emblemáticos del género como El imperio de los sentidos, Emmanuelle, Calígula o El último tango en París.

Richard Gere en 'American Gigoló' (1980) y Kim Basinger en '9 semanas y media' (1986). Dos de los grandes iconos sexuales ochenteros. Gere no tuvo reparos en mostrar su trasero en el filme de Paul Schrader, mientras que la película protagonizada por Kim Basinger y Mickey Rourke se convirtió en la más icónica en cuanto a erotismo light, y estética de videoclip. También encumbró a su director, Adrian Lyne. Al año siguiente estrenaría Atracción fatal, y en 1997 la nueva versión de Lolita.

Sharon Stone en 'Instinto básico' (1992). No faltaron las escenas de cama, y otros momentos álgidos, pero lo que conmoció al público fue ese famoso cruce de piernas en la escena del interrogatorio. A veces una (breve) imagen vale más que mil palabras o desnudos. Sharon Stone fue la reina entre las sex symbols femeninas de los noventa. Aunque las posteriores Acosada (1993) o El especialista (1994) no le llegarían a la suela de los zapatos al intenso thriller de Paul Verhoeven.

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