La doncella (The Handmaiden)

La doncella (The Handmaiden) - Cartel
Título V.O.:
Ah-ga-ssi
Año de producción:
2016
Distribuidora:
La Aventura Audiovisual
Género:
Drama
Clasificación:
No recomendada menores de 16 años
Estreno:
2 de diciembre de 2016
Guión:
Park Chan-wook, Chung Seo-kyung, Sarah Waters
Música:
Yeong-wook Jo
Fotografía:
Chung Chung-Hoon
Intérpretes:
Ha Jung-woo (Conde Fujiwara), So-ri Moon, Hae-suk Kim, Min-hee Kim (Lady Hideko), Tae-ri Kim (Sook-Hee), Jin-woong Jo (Tío Kouzuki)

Fotogramas de la película

Sinopsis

En los años 1930 Corea está bajo colonización japonesa. Allí vive Sookee, una carterista que es contratada por un falso conde para robar la recién obtenida herencia de Hideko, una rica joven japonesa que vive en su gran mansión bajo la influencia de un tirano, su propio tío, que se encarga de administrar su riqueza. Para conseguir su propósito, Sookee entrará en la casa como la nueva doncella de Hideko, cuya misión una vez allí será manipular a la joven para que sea conquistada por el estafador.

El coreano Park Chan-wook (Stoker), uno de los nombres propios del cine asiático actual, dirige esta cinta, entre el drama romántico y el thriller, que se inspira en la novela Fingersmith de la escritora británica Sarah Waters. La doncella (The Handmaiden) llega a nuestras pantallas tras conseguir el premio del público en el Festival de Sitges, y nos ofrece una emocionante historia protagonizada por dos mujeres, interpretadas por Kim Min-hee (Ahora si, antes no) y la debutante Kim Tae-ri, una con un pasado oscuro y otra con un presente desesperado, que establecen una estrecha relación entre ellas bajo la sombra de la estafa. A ello se une el suspense que emana del relato, y que culmina un thriller con altas cargas de erotismo no exento de sorpresas argumentales. Junto a sus protagonistas, Chan-wook completa el reparto con Ha Jung-Woo (The Yellow Sea) y Jo Jin-woong (Asesinos), entre otros.

Crítica

El mitificado realizador Park Chan-wook [Oldboy (2003), Stoker (2013)] se reencuentra con sus obsesivos estilemas a través de una adaptación libre, aunque respetuosa con la estructura tripartita y colmada de twists del original, de la célebre novela Falsa identidad, de Sarah Waters. Como aquella, La doncella nos habla, en medio de una trama colmada de traiciones y engaños -ubicada en este caso en la Corea colonizada por Japón de los años ´30-, del romance entre una joven criada y su (aparentemente) cándida señora.

Una puesta en escena manierista; los gratuitos e indisimulados afanes de epatar vía violencia, cháchara agresiva o erotismo; y, en definitiva, modos cinematográficos donde la belleza y el onanismo visual se dan la mano, aseguran a los entusiastas de Chan-wook el disfrute del largometraje, merced a un nuevo despliegue de amoralidad existencial donde la forma y el trasfondo resultan casi siempre indiferenciables.

Los problemas de La doncella, magnética cuando la sexualidad estalla en exuberantes set-pieces, provienen de un histrionismo interpretativo y escénico ciertamente cargante, a menudo derivado de su condición de gran farsa; aunque ese espíritu chillón es común a parte sustancial de la obra de Chan-wook. Decisiones formalmente coherentes con la propuesta, pero que colisionan una y otra vez con el pleno rendimiento de la ficción.

Con todo, la articulación de La doncella está llena de elementos estimulantes: para empezar, el discurso feminista más convincente de la temporada, una elucubración acerca de la rebelión contra lo patriarcal desde el cuerpo femenino como fuente autogestionada de juego y placer frente a los constructos del lenguaje -concretado aquí en cierta tradición literaria y en la verborrea imparable de los personajes masculinos- hegemónico. Pero, sobre todo, cabe destacar cómo sus intrincados juegos narrativos -colmados de imágenes que reformulan sus sentidos a medida que progresa el metraje- reflexionan sobre las posibles naturalezas de lo ficticio, desde la complaciente sumisión a lo subversivo, con lucidez desarmante.

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