Reactividad en perros: en qué consiste, qué la origina y cómo contrarrestarla

Puede definirse como reactividad toda situación en la que el animal se comporta de manera puramente emocional.
Puede definirse como reactividad toda situación en la que el animal se comporta de manera puramente emocional.
GTRES

En los últimos años se habla mucho de la reactividad en los perros, generalmente para referirse a problemas de comportamiento canino relacionados con emociones negativas como la agresividad, el miedo o la frustración. Sin embargo los etólogos y especialistas en comportamiento animal señalan que esta asociación no es correcta ya en realidad puede definirse como reactividad toda situación en la que el animal, ante un estímulo o hecho concreto, se comporta de manera puramente emocional y cuando esto ocurre, además, no de forma ocasional sino en la mayoría de las ocasiones.

¿Se puede decir que un perro es reactivo si experimenta agresividad y lo manifiesta en su conducta de forma puntual ante la presencia de otro perro? La respuesta sería negativa. Sin embargo, si la mayoría de las veces que experimenta esta emoción (u otra cualquiera) hace una gestión puramente emocional y totalmente alejada de la cognitividad podemos afirmar que un perro sí es reactivo. Por lo tanto, lo primero que conviene aclarar es que la reactividad no está asociada a algunas emociones específicas sino a la forma en la que se gestionan dichas emociones.

Como explica en su web el especialista en gestión y comportamiento canino y director técnico de Dog Training Jon Arraibi: “Un perro reactivo es aquel que responde de una manera desordenada, exagerada en intensidad y duración ante un estímulo determinado, despierte este estímulo una emoción de valencia positiva (cómo la alegría) o de valencia negativa (por ejemplo, el miedo)”. 

Arraibi añade también que aunque las manifestaciones de la reactividad que más suelen impactar a los cuidadores son aquellas que cursan con agresividad es importante atender también a aquellas que tienen su origen en una emoción positiva porque son igual de reveladoras.

“Se ha aceptado como un credo que un perro es reactivo cuando muestra incapacidad de autogestionarse ante situaciones que le generan miedo o desconfianza, como pueden ser el acercamiento de un desconocido o el cruzarse con otro perro. Y ante ello, ladra, gruñe, se abalanza o intenta agredir. Lo que no debemos pasar por alto es que ese mismo perro, además, puede que ofrezca otras respuestas exageradas y exentas de control de impulsos en contextos menos comprometidos, como por ejemplo al encontrase con una persona conocida y amigable”.

Ante esa emoción positiva, por tanto, el perro puede responder igualmente siendo incapaz de atender órdenes sencillas, mostrando una conducta desbordante en intensidad y desordenada en forma. Para el especialista, ya sea la emoción negativa o positiva se repite el mismo patrón: la mala gestión que realiza el perro del proceso "activación – intensidad – desactivación" de la emoción. Si el perro es reactivo se expresará más allá de lo necesario en al menos las dos primeras partes de este proceso.

¿Cuál es el origen de un comportamiento reactivo?

 Los etógos consideran que no hay un único motivo. Las causas son muy variadas: defecto en la socialización temprana, miedos y fobias, ansiedad, educación inconsistente o basada en castigos, excitación excesiva, deseos de saludar, juego...

Por su parte, la asociación norteamericana dedicada a la protección animal Dumb Friends League creada en 1910 habla de tres motivos recurrentes en un comportamiento reactivo:

- Frustración: Algunos perros, si están retenidos por un obstáculo como una correa, pueden excitarse si ven a una persona, un perro o un objeto. La tensión de la correa conduce a la frustración y aumenta el comportamiento reactivo.

- Miedo: Algunos perros se vuelven temerosos al ver a una persona, un perro o un objeto. Esto puede ser el resultado de una experiencia específica de terror en el pasado del perro o debido a la falta de socialización. “A medida que se acerca esto lo obliga a enfrentar el estímulo específico, lo cual causa reactividad”.

Comportamiento aprendido: Cuando algunos perros ven un estímulo, como una persona, un perro o un objeto y proceden a acercarse, pero se encuentran con una aversión, como ser jalados por la correa, pueden comenzar a asociar el jalón de la correa a las personas, los perros o los objetos.

¿Qué hacer ante un comportamiento reactivo?

Siempre teniendo en cuenta que lo mejor para abordar un comportamiento reactivo es consultar con un especialista para analizar de forma particular el caso, los etólogos recomiendan seguir las siguiente pautas:

- Entender que al perro le supone una amenaza un estímulo determinado y quiere alejarse de él o bien acercarse de manera poco controlada. No intentar someter al perro al nivel máximo de estimulación pretendiendo que se acostumbre.

- Dejar de someter al perro durante un tiempo al estímulo en cuestión. Mientras tanto, trabajar la obediencia relajada (con refuerzo positivo).

- Una vez conseguido lo anterior, comenzar a introducir en el paseo el estímulo en cuestión a una distancia que el perro tolere. Cuando se detecte el estímulo comenzar a distraer al perro (con premios de comida, juego, palabras agradables o practicando señales de obediencia relajada). Cuando el estímulo haya pasado, se esté a una distancia prudencial de él y el perro haya conseguido alejarse sin ladrar ni saltar hacia él, habrá llegado el momento de parar y darle un premio mayor (comida, caricias, palabras... ).

- En el caso de que la motivación sea acercarse para saludar o jugar, haremos el mismo trabajo y el refuerzo positivo final será dejarlo que salude.

- Ser conscientes de que es un trabajo de mucho tiempo y que mientras se hace el perro no debe enfrentarse al estímulo en toda su magnitud.

Por su parte, la Dumb Friends League recomienda estas pautas:

Qué hacer

- Enseñar al perro algunas conductas de reorientación como objetivos y ‘mírame’. Una vez que el perro conozca alguno de estos comportamientos, utilizarlos para redirigir su atención cuando reaccione.

- Comenzar a entrenar al perro a una distancia donde no reaccione a los estímulos, y avanzar progresivamente hasta estar más cerca de la persona, el perro u el objeto que lo hace reaccionar. La idea es avanzar solo cuando el perro no reaccione a esa distancia.

- Cuando el perro esté alrededor de un estímulo específico y no reaccione, utilizar premios y felicitaciones para reforzar los comportamientos apropiados y tranquilos.

- Evitar exponer al perro a situaciones en las que es más probable que muestre reactividad.

- Si se presenta una situación en la que el perro reacciona y no se puede redirigir la conducta, alejarlo suavemente de la situación.

Qué no hacer

- No castigarlo. “El castigo no ayudará y, de hecho, empeorará el problema. Si el motivo de la reactividad es el miedo, el castigo hará que su perro se vuelva más temeroso, y esto podría llevar a la agresión. Intentar castigar o refrenar físicamente a un perro reactivo puede provocar que intensifique su comportamiento, y el resultado probable es una mordedura o un ataque grave”, explican.

- No tirar de la correa en el momento de la reacción del perro. “Lo mismo vale si usted sabe que su perro está por reaccionar: no tense la correa antes de que se le acerque una persona u otro perro”.

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