A pesar de las reiteradas proclamas patrióticas con las que se llenan la boca los principales partidos políticos, las empresas multinacionales y multimillonarios a quienes rinden pleitesía no tienen más patria que el dinero. Filtración tras filtración descubrimos nuevos nombres de corporaciones, famosos o políticos que utilizan empresas offshore o pantalla para ocultar su verdadero patrimonio en guaridas fiscales al margen de las obligaciones tributarias. Y decimos "guaridas", por no decir directamente "cloacas", porque llamarlas "paraísos fiscales" sería aceptar la gramática de la misma minoría peligrosa para quienes esos lugares resultan paradisíacos.

Gracias a estos lugares donde la lex mercatoria impera sobre cualquier otro derecho, a la ingeniería contable y a recovecos legales, un puñado de privilegiados ha encontrado numerosas fisuras para ocultar o disimular una proporción sustancial de sus fortunas. Y hoy todo el sistema hace aguas por esas grietas. La evasión o elusión fiscal de las grandes fortunas y empresas está en el corazón tanto del vertiginoso aumento de la desigualdad en todo el mundo como de la tendencial carestía financiera de los Estados. Se estima que en toda la UE se pierde cada año un billón de euros en recaudación tributaria por este motivo. El equivalente al PIB de España. Algo especialmente obsceno en estos años de crisis en los que desde las instituciones europeas se pedían esfuerzos a la mayoría de la población para que aceptasen recortes de derechos e ingresos a cambio de "salir entre todos" de la crisis.

Pero las grandes fortunas no solo no han contribuido a ese esfuerzo, sino que han acelerado su concentración de poder y de riqueza, en gran medida gracias al entramado mundial de guaridas fiscales. El resultado es de sobra conocido: la captura y perversión de las instituciones y de las agendas públicas a manos de los poderes financieros para ponerlas a su servicio. Una tendencia donde el aumento de la desigualdad se retroalimenta con el secuestro de los procesos democráticos por parte de las élites. Porque la evasión fiscal es un gran agujero negro que traga democracia y equidad y que, lejos de ser un fenómeno coyuntural, constituye un elemento estructural del capitalismo líquido de nuestra época. Porque nunca ha habido tanto dinero en guaridas fiscales como ahora. Economistas como Gabriel Zucman calculan que el volumen podría ascender a 7,6 trillones de dólares ocultos en lugares como Suiza, Luxemburgo o Singapur. Difícil imaginarse semejante cantidad de dinero. Lo cual, entre otros efectos, nos hace subestimar el verdadero grado de concentración de la riqueza en curso.

A pesar de que todos estos datos eran de sobra conocidos, ha tenido que ser el impacto mediático y social generado por filtraciones como la Lista Falciani, Luxleaks, Papeles de Panamá o Papeles del Paraíso lo que ha obligado a las autoridades europeas a escenificar su supuesta lucha contra la evasión fiscal. En el Parlamento Europeo se han abierto estos años diversas comisiones de investigación sobre estas escandalosas filtraciones. Yo fui miembro de la que investigó los Papeles de Panamá (comisión PANA) y desde entonces de su continuadora (TAX3) que precisamente hoy presenta su informe final de recomendaciones en el pleno de Estrasburgo.

En una de las comparecencias de esta comisión, el premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz nos contaba que tenemos que concebir el secretismo y la opacidad que rigen en estas guaridas fiscales como parte fundamental de una "economía global en la sombra". Y el papel de Europa en este proceso es determinante. Porque con su marco de libertad de movimiento de capitales sin armonización fiscal mediante, la propia arquitectura económica de la UE no solo no evita, sino que admite e incluso promueve que haya regímenes fiscales dispares en su seno, propiciando una devaluación fiscal permanente. Así mismo cuenta con sus propias estructuras offshore y un entramado regulatorio cuyos desniveles, permisividades y estímulos en la sombra potencian la evasión y elusión que de facto beneficia solo a los grandes capitales, rentistas y familias más ricas, en perjuicio de las mayorías populares.

A pesar de sus limitaciones e insuficiencias, del juego de equilibrios propio de la política parlamentaria y de las trabas que hemos encontrado por el camino, el informe de recomendaciones que hoy votamos en el Parlamento Europeo aporta varios elementos interesantes. Por ejemplo, reconoce que la legislación comunitaria en demasiadas ocasiones protege a las empresas pantalla frente a los Estados. Por otro lado, achaca a la propia arquitectura económica neoliberal de los Tratados europeos y a las asimetrías crecientes entre territorios de la Unión gran parte de la responsabilidad en la permisividad y fomento de este régimen de evasión fiscal generalizada. Tira de las orejas al Consejo y a la Comisión Europea por haber negado sistemáticamente la existencia de paraísos fiscales en el seno de la UE, y a los Estados miembro por las recurrentes amnistías fiscales que favorecen la impunidad de los evasores. En fin, por primera vez se explicitan y destacan los impactos sociales de la evasión y elusión fiscal sobre el aumento de la desigualdad, sobre los derechos de las mujeres o sobre los procesos especulativos con bienes de primera necesidad como la vivienda en las grandes ciudades.

El informe propone una regulación de esos facilitadores y promotores de la evasión y elusión fiscal que son los intermediarios fiscales, empezando por la gran banca privada europea, recomendando (porque, como sabemos, las decisiones del Parlamento muy rara vez son vinculantes, lo cual dice bastante de su supuesto carácter legislativo y de las carencias democráticas de la UE) que el interés público prime sobre el secreto profesional en el que se amparan estos facilitadores para ocultar sus actividades evasoras. Y en caso de incumplimiento, el texto plantea posibles sanciones que van desde incluir la evasión y la elusión fiscal entre los criterios que inhabilitarían a una empresa para concurrir en procesos de contratación pública, hasta la retirada de la licencia para operar.

Este informe es un paso en la buena dirección, pero sin duda insuficiente si se queda ahí. Cabe destacar en paralelo el descontento creciente y las acciones de denuncia en aumento por distintos países europeos contra las multinacionales evasoras. Iniciativas que ayudarán a que esas "recomendaciones" del Parlamento Europeo se terminen traduciendo en medidas reales contra los privilegios de esa minoría peligrosa que siempre ha hecho del dinero su única patria verdadera. Alexis Tocqueville decía que la Revolución Francesa no se inició en 1789, sino dos años antes, cuando la aristocracia se negó a pagar impuestos en la conocida como "revuelta de los privilegiados".

200 años después, las élites económicas mundiales se han conformado en una nueva aristocracia que se cree con derecho a no pagar impuestos. En la lucha por otra Europa será central el combate contra la desigualdad y la evasión que la alimenta. Aunque para eso no bastará con comisiones parlamentarias de investigación, sino que seguramente tengamos que volver a emprender una revolución fiscal contra los privilegiados.