El medio rural contra el maltrato animal

Firma invitada  Sergio García Torres e Irene de MiguelOPINIÓN
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Mujer sosteniendo a un perro adoptado
Mauricio del Pozo

Hace un mes y medio, el ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030 presentó el Anteproyecto de Ley de Protección y Derechos de los animales. Lo hacía de la mano de la mejor compañía posible: rodeado de personas y entidades venidas desde distintas regiones de nuestro país para celebrar juntos y juntas el Día Mundial de los Animales.

Esta ley cubrirá, por fin, el vacío legal de protección animal que, durante años, ha sido una de las grandes deficiencias de nuestra legislación estatal. Recordemos, por ejemplo, que todavía los animales no son considerados “seres que sienten” en nuestro ordenamiento jurídico, y que tras años de lucha vamos a conseguir hacerlo realidad en los próximos días.

Durante las semanas posteriores a la presentación del anteproyecto han llegado muchas felicitaciones, ideas y propuestas; pero también han aparecido resistencias. Rechazos minoritarios pero muy amplificados que han intentado decir que nuestro medio rural y las personas que allí viven no ven con buenos ojos los estándares mínimos de salud, bienestar y protección que esta ley va a establecer para todos los animales.

Ante esto, es importante alzar la voz y decir que es rotundamente falso. Es mentira que el medio rural no quiera que se garanticen condiciones mínimas de salud animal y humana en la cría de animales. Tampoco es cierto que apoyen acciones miserables como el descarte de cachorros para después sacrificarlos y enterrarlos en cal viva. No es verdad que defiendan que los animales tienen que vivir hacinados en jaulas o ser sacrificados cuando cumplen años. Es falso, en definitiva, que quienes defienden estos actos inhumanos representen al medio rural.

Afortunadamente, todas sabemos que las personas que hacen o apoyan estas actitudes son una minoría, frente a una amplia mayoría que sí cuida a sus animales. Y esto es especialmente claro en las poblaciones medianas y pequeñas donde el sector agroganadero realiza fundamentalmente sus actividades y donde se conforman entornos en los que la convivencia con animales es más común en el día a día. Los ciudadanos y ciudadanas del entorno rural tienen una relación estrecha y habitual con los animales, ya sea en el desempeño de actividades laborales, en los acompañamientos o la propia convivencia con las personas. Nadie sabe mejor que ellos y ellas lo importante que es su bienestar.

Esta ley no solo los va a proteger, sino que los va a ayudar. Primero, porque garantizará un estándar de bienestar mínimo a todos los animales, estén donde estén. Incluye cuestiones como que ningún animal de compañía sano pueda ser sacrificado; medidas para poder coordinar los registros de las comunidades autónomas y evitar que un animal perdido sea imposible de localizar, prohíbe peleas de animales, mecanismos que los ahorquen o mutilaciones por motivos estéticos. Un estándar que la mayoría de personas ya supera, con creces, en su relación con los animales, pero que obligará a aquellos que no lo hacen a tener que cumplir la ley.

"Esta ley prohíbe peleas de animales, mecanismos que los ahorquen o mutilaciones por motivos estéticos"

Pero además, la ley abordará con especial detalle los casos específicos de animales en el medio rural, generando un marco legal protector de su situación. Es el caso, por ejemplo, de los perros pastores y de guarda de ganado. Frente a la mayoría de legislaciones autonómicas, la ley estatal concebirá de forma diferenciada la labor de los perros pastores, facilitándoles que puedan desarrollar su actividad con los rebaños de ganadería extensiva sin los requisitos de supervisión de otros animales. Es decir, que mientras que ahora mismo muchos dueños de ganado tienen que vulnerar la norma autonómica, esta ley abordará de forma detallada sus casos garantizando que los perros pastores puedan desarrollar su labor con todas las garantías.

Por último, este artículo debe tener, desafortunadamente, un apartado final que aclare alguna de las falsedades que se han intentado difundir sobre la ley para reafirmar el relato anterior, pero que se desmontan en apenas unas líneas. La más llamativa (aunque no la única) ha sido, sin duda, la supuesta prohibición de la cría de animales. Como es evidente, esta norma no la va a prohibir, sino que la va a regular con controles de bienestar y trazabilidad para que esta se haga en buenas condiciones y no pueda acabar en abandonos o sacrificios. Dicho de otra forma, si eres un criador o criadora (como muchos de nuestro país) que tiene condiciones adecuadas solo tendrás que registrarte, pero quien lo haga de forma fraudulenta o sin las condiciones adecuadas deberá cesar en su actividad.

Por tanto, basta de prejuicios sobre el medio rural. Al igual que en los núcleos urbanos, la mayoría de los ciudadanos del entorno rural rechazan el maltrato a los animales y están hartos de que su salud y su bienestar no sea una cuestión a proteger en las leyes de nuestro país. Hay que decirlo claro: las nuevas legislaciones de protección animal garantizan los derechos de los animales y también, de una manera clara, los derechos de las personas que son responsables de ellos, ya sea en el pueblo más pequeño de la montaña o en el barrio más concurrido de una gran ciudad.

"Es mentira que el medio rural no quiera que se garanticen condiciones mínimas de salud en la cría de animales"

Los únicos que pueden verse perjudicados por esta norma son quienes se dedican de manera clandestina a hacer negocio criando animales a través de la explotación de hembras hasta que no pueden parir más para después vender sus cachorros por internet. También quienes crían animales y después los abandonan porque realizan descartes según les interese. Ellos son los que se oponen más firmemente a la norma porque su actividad estará mucho más controlada. Pero, frente a ellos, nosotras sabemos que las prácticas a las que pone freno esta ley son ampliamente rechazadas en nuestro país.

En definitiva, es el momento de seguir avanzando con valentía en esta legislación, que permitirá no solo evitar casos de maltrato y abandono sino también poner en valor el buen trato que la mayoría de las personas tiene hacia sus animales. Nuestro medio rural no merece que se defiendan, en su nombre, prácticas deleznables. Lo que merece es una ley que reconozca y recoja su compromiso con el bienestar animal. Esperamos que, muy pronto, esto sea realidad.

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