Los etólogos veterinarios españoles se posicionan ante la llamada "teoría de la dominancia" canina

  • Desde GEMCA subrayan que los perros vistos como dominantes por sus cuidadores no equivalen a ser agresivos, y que la interpretación del concepto suele ser incorrecta.
GEMCA recalca en su publicación la importancia de que los convivientes con perros reconozcan las señales corporales y el comportamiento a través del que nos comunican que no desean interactuar.
GEMCA recalca en su publicación la importancia de que los convivientes con perros reconozcan las señales corporales y el comportamiento a través del que nos comunican que no desean interactuar.
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GEMCA recalca en su publicación la importancia de que los convivientes con perros reconozcan las señales corporales y el comportamiento a través del que nos comunican que no desean interactuar.

La teoría de la dominancia canina es una corriente que sostiene que los perros tienen una jerarquía social basada en el poder y la agresión, y que los humanos deben establecerse como líderes de la manada para controlar su comportamiento. Sin embargo, esta teoría ha sido ampliamente cuestionada y rechazada por la comunidad científica, que la considera obsoleta, errónea y perjudicial tanto para los perros como para sus cuidadores.

En este contexto, el Grupo de Especialidad de Medicina del Comportamiento Animal (GEMCA), de la Asociación de Veterinarios Españoles Especialistas en Pequeños Animales (Avepa), ha publicado recientemente su posición al respecto. La entidad sostiene que la teoría de la dominancia canina se basa en estudios antiguos y sesgados que no reflejan la realidad del comportamiento social de los perros.

¿Qué es la teoría de la dominancia canina?

Los orígenes de esta teoría y el uso de la terminología de ‘machos y hembras alfa’ aplicado a las interacciones sociales entre lobos surge en 1940, tras la publicación de un artículo de investigación, firmado por Rudolf Schenkel, investigador de la Universidad de Basilea.

Esta perspectiva sobre la dinámica social tuvo posteriormente su respaldo y confirmación por el biólogo y especialista en lobos David Mech en la década de 1960. Mech observó el comportamiento de lobos en cautividad y concluyó que existía una jerarquía lineal en la que un lobo 'alfa' se posicionaba en la cima. Sin embargo, en estudios posteriores, Mech y otros investigadores reconocieron que este modelo de jerarquía era una simplificación y que el comportamiento de los lobos en estado salvaje era más complejo y dinámico de lo que inicialmente se pensaba.

Además, reconocieron que la extrapolación directa de este comportamiento a los perros domésticos era inapropiada, ya que los perros han evolucionado y se han adaptado a vivir en entornos humanos durante miles de años.

Un enfoque ético y científico

Los perros son animales sociales que establecen vínculos afectivos con sus congéneres y con otras especies, incluidos los humanos. Su comunicación se basa en señales corporales, visuales, auditivas y olfativas, que les permiten expresar sus emociones e intenciones. Los conflictos entre perros se resuelven mediante estrategias de evitación, apaciguamiento o sumisión, y solo en casos excepcionales se recurre a la agresión física.

Tal como señalan desde GEMCA, los perros no perciben a los humanos como miembros de su especie ni como rivales por el liderazgo, sino como figuras de referencia y apego. Por tanto, no tiene sentido intentar dominarlos o someterlos mediante métodos coercitivos o aversivos, como collares de castigo, gritos, golpes o técnicas como el ‘alfa-roll’ o la de ‘dominance down’. Estas prácticas solo generan miedo y confusión en los perros, que pueden reaccionar con conductas indeseadas o incluso con agresión hacia las personas o hacia otros animales.

Por el contrario, la asociación de etólogos veterinarios aboga por una educación canina basada en el refuerzo positivo. Esta consiste en premiar las conductas adecuadas e ignorar las inadecuadas, sin recurrir a la violencia ni al castigo. De esta forma, se consigue mejorar la relación entre el perro y su titular o cuidadores, fomentar el aprendizaje y la confianza mutua, y prevenir o tratar los problemas de comportamiento desde una perspectiva ética y científica.

Desde GEMCA aconsejan buscar la asistencia de un veterinario especializado en comportamiento en caso de que se presenten problemas de agresividad o comportamientos no deseados.

Para acceder a la publicación íntegra de GEMCA y su posicionamiento sobre la dominancia en perros, se puede hacer clic aquí.

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