Lourdes Benavides  Responsable de Países frágiles de Oxfam Intermón

Un sistema alimentario global roto

Dos jóvenes buscan entre los estantes vacíos de un supermercado un bote de salsa, en Beijing.
Dos jóvenes buscan entre los estantes vacíos de un supermercado.
EFE/MARK R. CRISTINO

Desde el año pasado, las organizaciones no gubernamentales venimos alertando de la situación de extrema vulnerabilidad de millones de personas en la zona del Sahel y en el Cuerno de África. Naciones Unidas confirmaba hace poco que un total de 181 millones de personas están en riesgo de vulnerabilidad extrema en todo el mundo, y entre ellas 49 millones están al borde de la hambruna. Desde el 2020, las ‘tres ces’ (Covid-19, conflictos y crisis climática) han generado más pobreza y más desigualdad, impactando especialmente a las mujeres. Se necesitan fondos para responder de forma urgente a estas crisis, sabiendo que además los niños y las niñas son sus principales víctimas.

La guerra que asola Ucrania está provocando además la interrupción del suministro de alimentos y una gran volatilidad de los precios tanto en Ucrania como a nivel mundial. Las reservas de alimentos y las rutas de transporte han sufrido importantes daños y el transporte marítimo para exportar alimentos ha sido bloqueado. En marzo, los precios de los alimentos a escala global, que ya eran muy altos, alcanzaron máximos históricos, y muchos de estos países son importadores de esos alimentos.

El G7 deberá responder ante la realidad de la crisis alimentaria y además enfrentar los retos de un sistema alimentario mundial roto. Facilitar la exportación de granos bloqueados de Ucrania no resolverá por sí solo los problemas subyacentes. El mundo ya produce suficientes alimentos para todos. El hambre, la malnutrición no están causadas por cantidades inadecuadas de alimentos, sino por los fallos políticos que restringen el acceso de las personas a un derecho básico como es la comida.

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