La guerra llena los campos de girasol español: "La desgracia de uno es el bien de otro"

Ramón García es un agricultor andaluz que va a sembrar girasol en los terrenos que habitualmente debe reservar para barbecho.
Ramón García es un agricultor andaluz que va a sembrar girasol en los terrenos que habitualmente debe reservar para barbecho.
CEDIDA

Hace dos décadas, al comienzo del presente siglo, el girasol se convirtió en un negocio muy lucrativo. Ramón García, que ahora tiene 58 años y lleva cultivando esta flor en una parte de sus terrenos ubicados en Carmona, Sevilla, desde hace más de 30, recuerda esos años como una época dorada.

"El girasol tenía unos precios muy buenos porque la subvención de la PAC -los fondos provenientes de la Política Agraria Común europea- iba directamente en el precio y el cultivo era muy rentable con unos costes muy baratos", declara García, que es secretario provincial de la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG).

Todo empezó a cambiar hace poco más de una década, cuando las importaciones de pipas de girasol de países con un clima más benévolo para esta flor como Rusia o Ucrania empezaron a inundar el mercado español. "Empezaron a llegar cargamentos a los puertos de Málaga, de Cádiz e incluso de Sevilla y nos hizo mucha pupa, muchas empresas cerraron", recuerda García.

Ahora, la guerra entre los dos países de los que procedían esas pipas a bajo coste para elaborar aceite y piensos ha interrumpido las importaciones y está dando un inesperado impulso a un cultivo que venía en franca decadencia en los últimos años.

Ventas por adelantado

Un cambio en la normativa europea que permite a los productores comunitarios sembrar un cultivo a su elección en el 5% de las tierras que la PAC obliga a mantener normalmente en barbecho ha animado a muchos agricultores españoles, como el propio García, a apostar por el girasol, cuyo cultivo coincide justo con este periodo del año y cuyo precio se prevé que se dispare de cara a la recogida de final de verano

"Hay empresas importantes de aquí, de Andalucía, haciendo las gestiones ya para contratar para el próximo verano, pero el agricultor tiene la disyuntiva de si contratar ya o esperar. A nosotros no nos gusta especular, no somos especuladores, pero tampoco nos gusta hacer el tonto ni el canelo", declara García.

"Cuando nosotros hemos tenido sequía otros se han aprovechado de los buenos precios"

En este contexto, más de un agricultor está tomando la decisión de comprometer una parte de su producción y dejar la venta cerrada de cara a septiembre. No es el caso de García, que suele dedicar 45 de sus 100 hectáreas de terrenos de secano al girasol y que ahora ha sembrado la planta oleaginosa también en los 5 que habitualmente deja en barbecho. "Yo estoy en una cooperativa y ellos han decidido esperar porque todo indica que va a haber buenos precios".

Nadie celebra la guerra, pero "en el campo siempre hemos dicho que la desgracia de uno es el bien de otro", señala García. "Cuando ha habido una sequía en una zona importante como el Cono Sur o Australia eso se nota en el mercado, igual que cuando nosotros hemos tenido sequía otros se han aprovechado de los buenos precios".

Un remedio para un campo en crisis

El campo español venía arrastrando graves problemas desde mucho antes del inicio de la guerra en Ucrania, debidos a la escalada de precios en productos tan esenciales para la agricultura como la energía, los plásticos o los abonos y fertilizantes. Un invierno seco no ha hecho más que complicar las cosas, con los pastos secos y la ganadería demandando aún más cereales para piensos.

Viniendo de esta situación, para Ignacio López, responsable de relaciones internacionales de la Asociación Agraria Jóvenes Agricultores (Asaja), el impulso a los precios del girasol y la flexibilización de la norma europea, que permite sembrar en terrenos de barbecho puede ser "un remedio que ayude a paliar" parcialmente la crisis del campo.

"El precio del girasol está disparado últimamente, se están haciendo operaciones a 800 y pico euros (por tonelada) y se estima que puede llegar a 1000 euros fácilmente, esto puede también convertirse en un incentivo para los agricultores que pueden decir: 'Me compensa a pesar del incremento de los costes'", declara López que, sin embargo, no prevé que vaya a haber un impacto muy relevante en la producción de pipa de girasol en España.

"El precio del girasol está disparado, se están haciendo operaciones a 800 y pico euros (por tonelada) y se estima que puede llegar a 1000 euros fácilmente"

"Tenemos 2,2 millones de hectáreas entre barbechos y superficies de interés ecológico en España, pero el Ministerio de Agricultura estima que puede andar rondando las 600.000 hectáreas las que finalmente se pongan en producción", señala López, que además indica que, en muchas ocasiones, estas tierras que los agricultores dejan en barbecho son también las menos productivas.

El equilibrio con la ganadería

El girasol era, tradicionalmente en España, un cultivo solo apto para el clima del sur. Sin embargo, nuevas variedades más resistentes al clima más frío y lluvioso del norte peninsular fueron apareciendo y la oleaginosa empezó a llenar también los campos de las dos Castillas y hasta hizo aparición en el País Vasco y La Rioja.

A sus 60, el zamorano José Roales lleva casi 40 cultivando girasoles en su explotación de 200 hectáreas ubicada en Villamayor de Campos junto a otros herbáceos como la cebada, la alfalfa, los guisantes y la berza.

"En todo Castilla y León, el girasol es un cultivo bastante popular, porque es una buena opción como rotación de cultivos", declara Roales, responsable nacional de cultivos herbáceos de la COAG. "Es una buena alternativa si las condiciones meteorológicas ayudan y el precio también, pero el precio últimamente no está ayudando".

Con todo, él también ha optado por sembrar girasol en el 5% que generalmente tiene que reservar al barbecho, aunque no se atreve a hacer una previsión tan optimista como su compañero de organización en Andalucía.

"Esto beneficia a los productores españoles, pero perjudica a los ganaderos"

"Ahora mismo es imposible saber el precio, es una lotería el hacer una previsión, porque la gente ya lo vendió en octubre y hasta septiembre no vamos a saber", declara Roales. "Ahora son todo especulaciones, ver el telediario todos los días a ver cuando el cafre este deja de matar gente y puede volver a la normalidad Ucrania que ojalá sea cuanto antes".

Recoja o no buenos frutos de su cosecha, este veterano agricultor no lanza las campanas al vuelo y rebaja notablemente el optimismo sobre los beneficios que el alza del precio de el girasol o los cereales puede traer al campo español.

"Esto beneficia a los productores españoles, pero perjudica a los ganaderos. Yo soy agricultor, pero si los ganaderos desaparecen, ¿a quién le vendo yo la cebada y el trigo, aunque le pudiera haber ganado un dinero al girasol?", se pregunta Roales. "Tiene que haber un cierto equilibrio o, al final, perdemos todos".

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