Vox espera mejorar su relación con el PP de Feijóo después del año y medio sin hablarse de Abascal y Casado

  • Feijóo aterrizará en Génova 13 con un PP que ya ha abierto la veda de los pactos con Vox.
  • Abascal confía en tejer una relación estable con el PP salido de Sevilla, porque "las formas son más importantes que el fondo".
Santiago Abascal y Pablo Casado conversan en el Congreso, en una imagen de archivo.
Santiago Abascal y Pablo Casado conversan en el Congreso, en una imagen de archivo.
Europa Press

El marzo de liderazgo interino de Alberto Núñez Feijóo y de salida para Pablo Casado no ha estado exento de actividad para el PP, abocado a tomar decisiones importantes. Sobre todo una: pactar con Vox en Castilla y León. Alfonso Fernández Mañueco quitó el precinto y el PP estrenó un sistema de pactos del que alardea, justificado a susurros. La unanimidad en torno a la figura del gallego ha conseguido frenar la hemorragia interna. Isabel Díaz Ayuso comparó la puesta en escena del mitin en Madrid junto a Feijóo con Pasapalabra. A los concursantes del PP les separa del bote qué contestar en la V.

A Vox, sin embargo, no le incomoda un titubeo que puede ser utilizado incluso como arma electoral. El partido de Santiago Abascal es tan solo especialmente susceptible con la etiqueta: todo se enturbia si sus socios potenciales lo tachan de extrema derecha. Como se refirió a ellos, precisamente, Esteban González Pons, el hombre que ha pilotado la transición del partido. "Las formas son más importantes que el fondo", sostienen fuentes de Vox al respecto.

Feijóo esconde sus diferencias en una amalgama de referencias al populismo, apelando a la garantía que ha supuesto para el centroderecha su capacidad para frenarlo a ritmo de mayoría absoluta. "Hablan de grandes acuerdos, incluso de la necesidad de hablar con el PSOE, pero no dicen de Vox nada de nada", afirmaban esta semana desde el entorno de Abascal.

Porque el margen de mejora respecto a la relación que mantenían Casado y Abacal es amplísimo: ambos líderes no se dirigían la palabra desde octubre de 2020, cuando Vox impulsó una moción de censura contra el Gobierno de Pedro Sánchez que el PP no apoyó. "Esta moción no la dispara contra el Gobierno, sino contra el partido que le ha dado trabajo 15 años, y le ha salido el tiro por la culata". Con estas palabras, Casado dinamitó la relación personal con Abascal y el PP, el verano pasado en Ceuta, consumó la afrenta contra el líder apoyando su declaración como persona non grata. Jorge Buxadé, vicepresidente político de Vox, apelaba al "respeto a sus votantes" como línea roja para consolidar entre ambas fuerzas una "alternativa" a Pedro Sánchez.

Violencia intrafamiliar, el término acuñado por Vox

Pero a Feijóo ya le ha salpicado el pringue: la sintonía con la derecha radical, acechada por los recelos internos y por la extrema fiscalización de la otra trinchera ideológica amenaza con ponerlo todo perdido. El presidente gallego se montó un lío este jueves explicando lo que era o no violencia machista, lo que era o no la violencia vicaria, lo que era o no la violencia intrafamiliar, un término acuñado por Vox que parece haber comprado, incluido además en el acuerdo de Gobierno en Castilla y León. Ya lo había hecho antes Jesús Aguirre, consejero de Sanidad de la Junta de Andalucía. El andaluz es el próximo gobierno regional que puede suponer la reedición del pacto en Valladolid.

"Nosotros no buscamos con esto un guiño, todo lo contrario. Nosotros no nos movemos ni un pelo de lo que hemos dicho hasta ahora", sostienen fuentes del equipo de Feijóo sobre una polémica que consideran artificial, recalcando la sensibilidad sobre el asunto del presidente gallego. "Si le tenemos que ganar votos a Vox, no será utilizando esas políticas; al revés, en todo caso intentaremos atraer a Vox hacia nosotros", sostienen. El gallego aclaró finalmente su posición, la de incluir la violencia vicaria como una expresión más de la violencia machista, con ese componente de género como agravante.

El pacto de gobierno en Castilla y León supuso, además, un problema sonoro con los socios europeos. Casado se empeñó en ir solo a la cumbre de líderes conservadores en París y allí defendió a capa y espada su legado más allá de los Pirineos, porque dentro es incorregible el tufo a napalm de una reputación destruida. A Donald Tusk, todavía líder del Partido Popular Europeo, lo tuvieron que llamar desde Génova 13 después de que reprobara el pacto públicamente. Gobernado su país por la derecha radical, el polaco es especialmente susceptible con el nuevo sistema de pactos del PP. La explicación es sencilla: el partido del ex primer ministro polaco se encuentra en una situación muy frágil, carcomido electoralmente por el flanco derecho por el PIS [Prawo i Sprawiedliwość, Ley y Justicia], el partido del primer ministro Mateusz Morawiecki. Y si hay un líder que Abascal admira es a él. Más incluso que el húngaro Viktor Orban.

"Nosotros ya no miramos al PP, sino al PSOE"

"España no es una excepción. El debate dentro del PP con los partidos que están a nuestra derecha es un debate vivo. El propio Tusk gobernaba en regiones con el PIS, en Italia estamos gobernando con la Lega y en Austria hasta hace poco hemos tenido coalición de gobierno con un partido más a la derecha que Vox", se defendían en privado desde Génova 13.

Aún así, pese a la intención de Vox de tender puentes y con el PP en la encrucijada de entenderse, en un callejón sin salida tras la pérdida de su hegemonía, las ambiciones de ambos partidos son pantagruélicas. La intención de uno y otro es la de devorar el electorado de la derecha. Vox trata de calar el mensaje de que el sorpasso es inminente. "Nosotros ya no miramos al PP, sino al PSOE", repite una y otra vez en privado uno de los pesos pesados del partido. Vox despliega sondeos internos optimistas y encuestas de Electomanía que luego exponen en comunión con su electorado en las redes sociales. En ellas solo pintan dos barras: la verde y la roja, de tú a tú con el PSOE. "En el momento que el votante perciba que estamos por encima del PP, nos disparamos", viene a decir el mismo dirigente.

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