El buque oceanográfico Ángeles Alvariño dejará las labores de búsqueda de Anna y Gimeno en Tenerife el próximo jueves

Buque oceanográfico Ángeles Alvariño.
Buque oceanográfico Ángeles Alvariño.
Carlos Gámez
Buque oceanográfico Ángeles Alvariño.
Carlos Gámez

El buque del Instituto Español de Oceanografía Ángeles Alvariño prolongará hasta este jueves las labores de rastreo en busca de Tomás Gimeno y su hija de 1 año, Anna, tras permanecer unos días inoperativo por una avería.

El delegado del Gobierno en Canarias, Anselmo Pestana, ha informado de que este barco oceanográfico finalizará este jueves "una casi tercera prórroga de su trabajo en Canarias" en el marco de la investigación judicial abierta tras la desaparición de Tomás Gimeno y sus dos hijas y que ha permitido encontrar hasta el momento el cadáver de la mayor.

De esta forma, el buque "apurará al máximo los compromisos de investigación que tiene en otras zonas del país", ha referido Pestana, quien ha agradecido "la generosidad que ha tenido el Ministerio de Ciencia" con la instrucción de este caso de violencia machista y vicaria.

A juicio del delegado del Gobierno en Canarias, la intervención "inédita" de un recurso de estas características, junto al gran compromiso del equipo de la Guardia Civil que participa en las labores de búsqueda, han permitido que esta investigación "de sus frutos".

"Ha sido una suerte para poder, al menos, y desgraciadamente, despejar dudas y no tener un caso más de desaparición de niños abierto en Canarias", ha referido Anselmo Pestana. 

Es la primera vez que el Ángeles Alvariño participa en la búsqueda de personas. Se incorporó a la búsqueda el pasado 30 de mayo. Cuando tenía previsto abandonarla, localizó una botella de submarinismo y un edredón que se identificaron como pertenecientes a Tomás Gimeno.

Hallazgo del cuerpo

Ello motivó que prolongase su rastreo y tres días después, el pasado jueves, localizó a unos mil metros de profundidad un ancla atada a dos bolsas de deporte, en una de las cuales se encontraba el cuerpo de la pequeña Olivia, de 6 años.

Para estos hallazgos ha sido decisivo el equipamiento del buque, dotado en el fondo de su casco con una ecosonda de presión que le permite captar cualquier anomalía que se encuentre en el fondo marino.

El Ángeles Alvariño, el buque que busca a las pequeñas Anna y Olivia
El Ángeles Alvariño, el buque que busca a las pequeñas Anna y Olivia
Carlos Gámez

Este modelo –Ecosonda Multihaz EM 710– es capaz de emitir simultáneamente una gran cantidad de ondas acústicas que a su regreso se convierten en impulsos eléctricos y permiten dibujar un mapa del fondo marino.

Cuando el sensor notifica que ha encontrado alguna anomalía en el fondo, entra en acción el robot no tripulado Liropus 2000, capaz de inspeccionar y recoger muestras hasta una profundidad de 2.000 metros, aunque debidamente adaptado, puede sumergirse incluso a 3.000 metros de profundidad.

Este robot cuenta con una cámara de alta resolución y en su búsqueda del padre y las niñas desaparecidas ha rastreado fondos marinos conformados por basaltos volcánicos que a tan solo 700 metros de costa pueden llegar a los 100 metros.

En el lugar donde se están ejecutando las tareas, la profundidad oscila entre los 600 y los 1.700 metros.

El Liropus 2000 fue fundamental en las labores de investigación científica llevadas a cabo durante la erupción del volcán submarino Tagoro en aguas de El Hierro, en 2011. 

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