Momentazos y polémicas que han marcado 'MasterChef 8': de la perdiz de Saray a la relación de Luna y Alberto

Saray, Luna y Alberto, de 'MasterChef 8'.
Saray, Luna y Alberto, de 'MasterChef 8'.
RTVE

Este lunes, MasterChef 8 ha llegado a su fin con la victoria de Ana Iglesias. La madrileña se ha alzado con el premio de 100.000 euros, su propio libro de cocina y un Máster en el Basque Culinary Center, además del honor de ser la octava MasterChef de España. De este modo, los espectadores han dicho adiós a una de las ediciones más diferentes y exitosas.

Este temporada ha tenido diversas particularidades, como que ha habido 18 aspirantes (más que nunca) o que han tenido que vivir un confinamiento. Sin embargo, algo que ha marcado a esta edición también ha sido la cantidad de polémicas, momentazos y anécdotas que ha tenido.

Amor, rivalidad (sana y no tan sana), historias emotivas, inmunidades eternas y rebeldía contra los jueces son algunas de las cosas que han identificado a MasterChef 8, todo ello provocado por su peculiares participantes.

Unos aspirantes muy contestones

Ya desde los primeros programas, los concursantes apuntaban maneras y dejaban claro que iban a ser muy rebeldes. Algunos como Andy o Iván no siempre han estado de acuerdo con las valoraciones de los jueces, especialmente este último, que sacaba su carácter más veces de las que lo guardaba.

Las polémicas de Saray

Pero no eran los únicos, Saray también se apuntaba a eso de responder a los jueces y sacar su genio. Quizá por eso mismo, su expulsión fue tan abrupta, pues cuando le tocó cocinar una perdiz entera se negó y la presentó cruda y sin desplumar encima de una salsa yendo más allá en la rebeldía que demostraban los aspirantes.

Pero el paso de la cordobesa por MasterChef 8 no terminó con su expulsión, pues ya fuera comenzó a hacer diferentes declaraciones sobre el programa y criticó abiertamente al jurado: "Están esperando a que hagas algo malo para pegarte tres palos en la espalda y terminarte de hundir".

También aseguró que ella no se había presentado al casting y la habían contactado por Instagram, algo que muchos entendieron como que no había pasado por las mismas pruebas que el resto y puso en entredicho al programa. Sin embargo, lo que aclaró la organización es que "una redactora que buscaba perfiles" le propuso rellenar el formulario para entrar al talent, como hace con muchas otras personas, pero luego siguió el mismo proceso que todo el mundo.

Utilizando sus redes sociales, Saray continuó comentando el concurso, eso sí, sin ningún tipo de filtro. Aseguró que Luna era actriz y no se había dicho, algo que es cierto pero que daba a entender que no era una aspirante real, y también siguió soltando pequeños datos sobre los expulsados, algo que ella ya sabía de antemano porque estuvo en la final.

La última de sus polémicas fue, supuestamente, filtrar el ganador, pues hace un par de semanas subió un story a su Instagram donde comentaba las 5 últimas posiciones: Ana, Andy, Iván, Alberto y Luna. Aunque ella comentó que solo era su opinión y quería mostrar cuáles eran sus favoritos, ahora ya se sabe que esta lista coincide con el resultado final.

Juana, otro 'casting' puesto en duda

Las polémicas con los castings no quedan ahí, pues Juana fue otra aspirante que también fue puesta en entredicho. Los internautas descubrieron una foto de 2018 de ella en el Instagram de Huga Rey, estilista del programa y hermana de Macarena Rey, CEO de Iberia Shine, productora del formato.

Al parecer, la segoviana es la portera de su comunidad, por lo que esta relación con el equipo de MasterChef hizo sospechar a muchos usuarios lo mismo que comentaba Saray, que "algunos concursantes estaban enchufados".

La rivalidad del gallinero

Iván, José Mari y Andy, más que cocineros, a veces parecían aves de corral. Literalmente, pues entre ellos se llamaban "gallo", y "pollito" a este último. La rivalidad que tenían era palpable, sobre todo Iván y Andy, que la llevaron incluso hasta el duelo final.

Todo el rato parecía que tenían que demostrar quién tenía el plumaje más brillante con sus platos, y los jueces eran partícipes de esta competición, casi siempre sana. Pero la recurrente broma de llamar "pollito" a Andy e imitar el piar de los pájaros hizo que muchos espectadores se quejaran a RTVE de que estaba "sufriendo bullying".

"En ningún momento queremos humillar ni queremos hacer nada negativo hacia ningún concursante. Esto es un juego que hay entre jueces, concursantes y a Andy le llaman pollito y a Iván le llaman gallo. Es un juego que él mismo explota y desde luego, a una persona de 26 años con la cultura y la experiencia que tiene Andy, nadie le va a amilanar", respondió Toñi Prieto, directora de entretenimiento de la cadena.

Un pin para boicotearlos a todos

José Mari resistió con uñas y dientes en MasterChef 8, y lo peleó en cada gala. Pero también le ayudó bastante conseguir el pin de la inmunidad en el programa 5, un emblema que podía usar o no usar una única vez para salvarse de la prueba de expulsión. Y, aunque tuvo oportunidad, no fue hasta la gala 11 cuando lo utilizó.

Estos siete programas con el pin dejaron divertidos momentos en los que todos parecían envidiarle y estar cansados de su privilegio. Pero además, aunque él siempre lo negó, parece que este comodín le hizo tener una actitud más pasota en algunas pruebas de exteriores. Algunos de sus compañeros alegaban que, al poder usar el pin de la inmunidad, trabajaba diferente para enviar a los miembros de su equipo a eliminación y él poder salvarse.

Muy sonada fue la expulsión de Michael, donde incluso Andy opinó que José Mari le había contagiado su actitud para boicotear la capitanía del aspirante estadounidense. Como con una zancadilla constante, ambos estuvieron estorbando más que ayudando y, finalmente, Michael fue el eliminado. Pero no todo dura para siempre, por lo que, en el programa siguiente a usar el pin, José Mari dijo adiós a MasterChef 8.

Luna y Alberto, amor en las cocinas

No todo fueron discusiones y polémicas, también hubo momentos bonitos y románticos. El ejemplo de ello fue la relación de Luna y Alberto, una amistad que comenzó como un tonteo más por parte de ella que de él. Tras varias semanas en las que la canaria buscaba al catalán constantemente y él ni siquiera quería cocinar con ella por su nervios, parece que comenzaron a acercar posturas.

Las semanas confinados juntos parece que ayudaron, pues volvieron mucho más cercanos. Aun así, él continuaba pidiéndole tranquilidad en los fogones a Luna y llevaban un ritmo diferente, tanto en el concurso como en la relación. Pero el amor era palpable y se saldó con un par de besos en el programa final.

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