Gritos de desesperación en la protesta de los agricultores para defender el campo: "El medio rural se muere"

Algunos de los asistentes a la manifestación de agricultores y ganaderos convocada por las organizaciones COAG, Asaja y UPA, frente al Ministerio de Agricultura de Madrid (España), a 5 de febrero de 2020.
Algunos de los asistentes a la manifestación de agricultores y ganaderos convocada por las organizaciones COAG, Asaja y UPA, frente al Ministerio de Agricultura de Madrid (España), a 5 de febrero de 2020.
Ricardo Rubio - Europa Press
Agricultores y ganaderos se han manifestadofrente al Ministerio.
Europa Press

"El campo no se vende, el campo se defiende", gritan los manifestantes entre silbidos y repiqueteos de cencerros en las puertas del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Agricultores y ganaderos aseguran haber llegado al límite y quieren que el Gobierno escuche sus demandas y ponga solución a la falta de rentabilidad que han ido sufriendo en los últimos años. 

Cientos de trabajadores se han concentrado este miércoles en la glorieta de Atocha de Madrid para exigir "precios y rentas dignas" en un sector que está siendo duramente castigado por la bajada de precios, la subida de salarios y la llegada de productos extranjeros demasiado baratos para poder cumplir el papel de dignos competidores.

Andrés Pérez y su familia viven exclusivamente del campo. El agricultor tiene 50 años y se crió en una familia de cosechadores en la localidad madrileña Villarejo de Salvanés. Decidió seguir el camino de sus padres y dedicarse al cultivo de viñedos y olivos hace 25 años, pero los ingresos cada vez menores están calando en el ánimo. "Estos dos últimos años me lo estoy pensando", afirma. 

Su mujer, Cristina, confiesa haberse arrepentido en varias ocasiones de que ambos tomaran la decisión de vivir del campo. Ella es ama de casa, por lo que los únicos ingresos que reciben vienen de su marido y cuenta cómo cada vez es más complicado poder subsistir de esta profesión. "No llegamos a fin de mes", lamenta, explicando que no quiere que sus hijos sigan sus pasos por la precariedad a la que se han sumido. 

Esos hijos romperían así una tradición generacional de trabajo en el campo, pero según indican, no tienen otro remedio. Su padre, Andrés, se entristece al pensar que los pueblos se están vaciando, pero comprende que, sin la existencia de precios justos, no se puede seguir viviendo en zonas rurales. 

Recientemente el nuevo Gobierno anunció una subida del salario mínimo interprofesional a 950 euros mensuales (un 5,5% más). Esta medida ha afectado gravemente a las zonas rurales y a los sectores agrícolas y ganaderos que no pueden hacer frente a gastos tan elevados con los escasos ingresos que reciben. "Teniendo buenos precios y pudiendo vivir de ello, no nos importa pagar a la gente", declara Andrés, confesando que necesitan mano de obra, pero puntualizando que, a causa del desequilibrio entre los gastos de producción y los salarios, este año solo ha podido permitirse contratar a dos personas, cuando normalmente contrata a cuatro. 

Rafael y Dionisio, dos agricultores que han acudido a la manifestación frente al Ministerio junto a sus compañeros.
Rafael y Dionisio, dos agricultores que han acudido a la manifestación frente al Ministerio junto a sus compañeros.
Elena Omedes

Como él, a la concentración convocada por ASAJA, Ugam-Coag y UPA han acudido trabajadores de todo Madrid y alrededores para exigir una regulación de los precios  de los costes de producción.  Rafael y Dionisio se dedican a la producción de aceite de oliva y han tenido que sufrir la bajada de precios año tras año hasta que su producción ha dejado de ser rentable. “No sacas para cubrir castos siquiera”, lamentan, denunciando el hecho de que la inflación en los demás sectores no haya ido acorde a su profesión, con unos precios que consideran demasiado bajos para ser rentables.

Respecto al futuro, aún guardan esperanza con que se lleven a cabo reformas que les garanticen unas mejores condiciones de trabajo y de vida. "Los agricultores somos los que mantenemos a todo el mundo y luego no tenemos ni para vivir", reivindica Dionisio, contando que todavía guardan la "campaña" del año pasado porque no han podido venderla. "Ni siquiera la quieren", se queja indignado por los precios de venta de la aceituna, que cada año se abaratan más.

Ya no quedan jóvenes 

Álvaro, el jornalero más joven de su pueblo.
Álvaro, el jornalero más joven de su pueblo.
Elena Omedes

"El medio rural se muere", dice Álvaro. Tiene 34 años y se dedica a la producción y obtención de olivas, ajos y cereales. El agricultor es el trabajador más joven de su pueblo, Valdelaguna (Madrid), donde asegura que ya no quedan jóvenes que quieran dedicarse al sector de la agricultura o la ganadería debido a las condiciones de trabajo a las que se tienen que enfrentar. "Si tú tuvieras un sueldo como cualquier persona puede tener en una empresa, ¿Por qué no te vas a quedar en el medio rural?".

Él, como la mayoría de trabajadores del campo, creen que uno de sus principales problemas y causas de la situación actual se debe a la llegada de productos extranjeros con precios que no pueden equiparar. "El aceite que viene de Marruecos, por ejemplo. Ahí un sueldo de una semana vale 50 euros y aquí estamos pagando por un trabajador entre 70 y 80 euros al día", lamenta.

"La miel ha caído en picado"

Iván, un apicultor de 39 años.
Iván, un apicultor de 39 años.
Elena Omedes

Iván forma parte de la quinta generación de una familia de apicultores y asegura que la miel “ha caído en picado”. Insiste en la necesidad de “concienciar de que la miel tiene un precio”, para que empiecen a valorar la calidad. 

"Cada vez vamos a peor", lamenta, contando que han perdido consumidores de miel española, tanto a nivel nacional como internacional. Enfundado en un traje amarillo de apicultor, pide que suba el precio mínimo de la miel, que haya menos importaciones y que se fomente el consumo de miel española.

Insiste en la necesidad de "concienciar al consumidor de que la miel tiene un precio". Desde su sector, llevan tiempo denunciando que la gente se está acostumbrando a comprar la miel a un precio muy barato en los supermercados, lo que "desvirtúa el mercado". Según reclama, "la gente tiene que empezar a "diferenciar entre la miel de calidad u la miel que no es de calidad", asegura.

Sectores distintos, mismas demandas

A la manifestación se han sumado muchos otros que, aunque no se ven afectados por la situación directamente, han querido acudir en solidaridad con el sector. Es el caso de Josefa, una mujer de Fuenlabrada cuya familia se ha dedicado siempre a cultivar vid, que ha querido mostrar su apoyo por estos profesionales que asegura "trabajan mucho y cobran muy poco". 

Sectores distintos pero mismas demandas. El acto convocado por distintas asociaciones agrícolas se enmarca dentro del calendario de movilizaciones convocadas en varias ciudades desde enero. A él, han acudido miembros de Vox y de Ciudadanos que han sido duramente criticados por tratar de "politizar" la protesta.

Además de la capital, en otras muchas ciudades de toda España como Santander, Toledo, Córdoba, Málaga o Granada se escuchan gritos de "el campo no se vende, el campo se defiende".

Mostrar comentarios

Códigos Descuento