La uberización se extenderá y traerá mayor precariedad laboral

  • Las plataformas digitales han empezado a trasladar su modelo laboral a nuevos sectores.
Un 'rider' cruza la Gran Vía de Madrid con la mochila de reparto, en una imagen de archivo.
Un 'rider' cruza la Gran Vía de Madrid con la mochila de reparto, en una imagen de archivo.
Jorge París | Jorge Paris

Se presentaron como una alternativa flexible y de poco compromiso para estudiantes o trabajadores que quisieran hacerse con un sobresueldo.

Las plataformas digitales, que comenzaron a expandirse coincidiendo con el peor momento de la crisis económica de 2008, no se consideran empleadores, sino meras herramientas para poner en contacto a consumidores y autónomos que ofertan distintos servicios.

Su entrada en España vino de la mano de empresas vinculadas con el transporte y la logística, como las estadounidenses Uber y AmazonFlex o las españolas Cabify y Glovo.

Ha pasado una década desde su irrupción y estamos ante un proceso expansivo que se ha bautizado como "uberización".

La gran revolución que abrió camino para este modelo fue la propagación de los teléfonos inteligentes. Mediante sencillas aplicaciones, las plataformas fueron creciendo ahorrando costes laborales y tributando buena parte de su actividad en el extranjero.

Las plataformas son ya un actor más dentro del mercado de trabajo español que cada vez se extiende a más sectores y tipos de trabajador, incluyendo empresas de limpieza y servicios a domicilio –como Clintu o Wayook–, cuidados –Aiudo o Cuideo– o turismo – Sandemans o Urban Safari–.

Bajo su paraguas se han empleado ya hasta un 12% de los trabajadores españoles y, para un 2% de hogares en España, este tipo de trabajos sería su principal fuente de ingresos, según datos del informe El trabajo en las plataformas digitales de reparto realizado por UGT.

"Me temo que no va a haber sector que se pueda librar de esto en la medida en que estamos hablando de plataformas, algo muy etéreo y, a cambio de una nueva relación con los trabajadores, la reducción de costes para las empresas sería bestial", declara Gonzalo Pino, secretario de política sindical de UGT.

Relación laboral o mercantil

La principal fuente de conflicto entre estas plataformas y los trabajadores que se emplean a través de ellas ha sido precisamente la relación que une a ambos actores. Las plataformas defienden que su relación no es laboral, sino mercantil, entre un autónomo y una empresa que le aporta un servicio, mientras que los sindicatos y plataformas de trabajadores defienden que deberían estar en plantilla.

El conflicto se encuentra actualmente judicializado con una sucesión de recursos y sentencias, en muchos casos contradictorias, y culminará cuando el Tribunal Supremo dicte jurisprudencia.

Entre tanto, las plataformas reivindican que la legislación laboral se adapte a su modelo con la creación de la figura legal del trabajador autónomo económicamente dependiente (TRADE) digital, mientras que sindicatos y la propia Inspección de Trabajo y de Seguridad Social abogan por el cumplimiento de las leyes ya existentes.

"Estamos en desacuerdo con el cambio legal que legalice la figura del TRADE digital, que no deja de ser un trabajador autónomos con el mismo sistema que hay ahora, la flexibilidad que tanto enarbolan estas plataformas solo va a ser para la empresa", declara María Mercedes Martínez Aso, portavoz de la Unión Progresista de Inspectores de Trabajo (UPIT).

"Lo más conveniente es que se posicione el Supremo en las líneas que ya van siendo contundentes de que son falsos autónomos y que estén dentro del estatuto de los trabajadores", añade la inspectora.

Precariedad en expansión

Más allá del conflicto judicial, la uberización ha supuesto, hasta ahora, un aumento de la precariedad que amenaza ahora con expandirse hacia lugares del mercado de trabajo hasta ahora ajenos a este fenómeno.

"Esto puede sustituir a lo que han sido las ETT, que eran la puerta de entrada al mercado de trabajo, aunque se dilataron para convertirse en la norma y con esta nueva ola de digitalización esto se puede hacer más fuerte aún, con la lógica de la ETT, pero con una precarización bestial", explica Sergi Cutillas, economista de la consultora Ekona.

"Si la tecnología se usa de la forma de la que se está usando y en las manos de quién está se crea algo peligrosísimo para la democracia", añade Cutillas.

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