Queipo de Llano, el golpista cuyos restos serán próximamente exhumados de la Basílica de la Macarena de Sevilla

Queipo de llano.
Queipo de llano.
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Después de que este jueves se produjese la exhumación de Franco y sus restos fueran desalojados del Valle de los Caídos, el PSOE andaluz y Adelante Andalucía han puesto el foco en otro golpista sepultado en un lugar de honor: Queipo de Llano, cuyos restos se encuentran en la Basílica de la Macarena en Sevilla.

Mucho menos conocido por razones obvias, lo cierto es que Queipo de Llano fue un personaje clave en el golpe de estado de 1936 y en la Guerra Civil, muy especialmente en lo que respecta a Andalucía. Y no es de extrañar la controversia que suscita su lugar de reposo, teniendo en cuenta la responsabilidad que se le imputa en la muerte de cerca de 54.000 personas y en el fusilamiento de Federico García Lorca, icono literario andaluz por excelencia.

"indisciplinado, díscolo y difícil de ser mandado"

Nacido en Tordesillas (Valladolid) en 1875, Gonzalo Queipo de Llano emprendió desde bien joven la carrera militar, en la que destacó por su participación en algunas de las guerras claves en la historia española. Su debut se produjo en la Guerra de Cuba, a la que partió en 1896 con solo 21 años de Edad. Por su participación en esta campaña, fue galardonado con cinco cruces de la Reina Cristina y fue ascendido a Capitán.

A su regreso, fue enviado a Melilla, donde participó en la campaña militar iniciada tras el Desastre del Barranco del Lobo. Un año después, ya de vuelta en la península, promovió varias protestas entre los militares (entre ellas, las dirigidas contra el entonces Ministro de la Guerra, Agustín Luque) e incluso llegó a ser arrestado por su participación frustrada en un duelo con el director de una revista de temática militar, un escándalo que le valió dos meses de encarcelamiento en una prisión militar. No sería la última vez que atraería la atención de las autoridades por este motivo, ya que en tras la publicación del Expediente Picasso, siendo ya coronel, apadrinó  al general José Sanjurjo en un duelo contra el también coronel José Riquelme en un caso muy sonado en la prensa del momento.

Durante la dictadura de Primo de Rivera mantuvo frecuentes desavenencias con el general, anteriormente amigo suyo, por lo que fue frecuentemente trasladado entre distintos Gobiernos Militares de Andalucía y Marruecos hasta, finalmente, ser enviado a la reserva por el propio dictador, calificado de "indisciplinado, díscolo y difícil de ser mandado".

Las diferencias con Primo de Rivera llegaron a tal punto que, una vez caída la dictadura, se vio envuelto en una pelea a puñetazos en una cafetería con los hijos del exdictador (entre ellos José Antonio, fundador de la Falange), según narra el Sancho Dávila, que durante los primeros años del franquismo fue nombrado jefe territorial de Andalucía.

Un golpe de estado... republicano

Durante la "dictablanda" de Berenguer, el periodo que siguió a la dictadura de Primo de Rivera, Queipo de Llano participó en el 'putsch' prorrepublicano de Cuatro Vientos (Madrid) en 1930. El alzamiento fue un absoluto fracaso, y el militar tuvo que exiliarse en Francia, pero le valió ser erigido como uno de los héroes republicanos de la época y le permitió trabar amistad con otros republicanos exiliados como Indalecio Prieto.

Gracias a ello, con la proclamación de la II República pudo regresar a España e incluso ser nombrado capitán general de Madrid y convertirse en una pieza fundamental de las reformas de Manuel Azaña.

El ascenso de Queipo de Llano por el escalafón militar en estos años fue imparable, y fue pronto ascendido a general de división y Jefe del Cuarto militar del Presidente de la República bajo el mandato de Niceto Alcalá Zamora. Precisamente, se emparentaría con este al casarse los hijos de ambos.

Esta prosperidad no duro mucho, sin embargo, debido a sus frecuentes intromisiones en política. Por este motivo, los Gobiernos republicanos lo fueron relegando a puestos menores, lo que alimentaría su resentimiento hacia la causa republicana, que tan fervientemente había defendido.

La toma de Sevilla

Durante el año 36, Queipo de Llano, entonces Inspector General de Carabineros, viajaba frecuentemente por distintos puntos de España. Al mismo tiempo, tuvo conocimiento del golpe de estado que planeaban los generales Mola, Sanjurjo, Franco y Goded, e insistió en participar, pese al recelo inicial de este grupo. Según reconocería en sus memorias, fue esta itinerancia la que le permitió establecer contacto con estas personalidades, dispersadas por la geografía española ante las sospechas republicanas, e incluso convencer a Miguel Cabanellas para su anexión a la causa. En junio de ese año, apenas un mes antes de la rebelión se decidió su adscripción a la Guarnición de Sevilla, determinando el papel que habría de jugar en el golpe de estado.

Tras el estallido del golpe, Queipo de Llano se rodeó de una camarilla de militares sublevados y fue tomando los principales puestos de poder en la organización militar de la ciudad sin encontrar apenas oposición. En pocos días, con la ayuda de grupos armados informales de orientación falangista y del Tercio y los Regulares de Cádiz, redujo todos los focos de resistencia institucional o popular, llegando a disparar la artillería contra edificios civiles.

Finalmente, la toma de la ciudad se consumó con la lectura en la Plaza Nueva del bando firmado por el propio Queipo de Llano que declaraba el estado de guerra.

"(Las mujeres republicanas) no se librarán, por más que pataleen"

Los registros civiles de los juzgados elaborados por los mismos sublevados evidencian la extrema crueldad de la represión que se desató en la ciudad: para la aplicación del bando de guerra, se llegan a aducir motivos como "ser votante de izquierdas", "ser familia de republicanos destacados". Muchas de estas acusaciones eran lanzadas por los propios vecinos de los fallecidos.

En este periodo, el historiador hispanista Ian Gibson afirma que el mismo Queipo de Llano ordenó en una conversación telefónica el fusilamiento del poeta federico García Lorca.

Estos registros desaparecen a los pocos días del golpe, a medida que se iba extendiendo por las provincias andaluzas, ya que el general dictó instrucciones precisas para que las muertes no fuesen anotadas y minimizar así la evidencia de las mismas, una situación que se prolongaría hasta febrero de 1937, comienzo de la 'represión institucionalizada' a base de consejos de guerra.

En este periodo, Queipo de Llano utilizó la radio, en particular Radio Sevilla, como instrumento del terror. Todos los días, a las 10 de la noche, lanzaba sus llamadas "charlas" en las que buscaba infundir el miedo en los republicanos y azuzar a los rebeldes. En una de estas apariciones, llegaría a declarar sobre las mujeres republicanas: "Ahora por lo menos sabrán lo que son hombres de verdad, y no milicianos maricones. No se van a librar por mucho que berreen y pataleen".

El 8 de febrero de 1937 ordenó el bombardeo de las personas que huían de la ocupación de Málaga por la carretera de Almería, en el que fallecieron entre 3.000 y 5.000 personas. Además, según cifras del historiador Hugh Thomas, en la recién tomada ciudad se fusiló a unas 8.000 personas, de las que se conocen los nombres de al menos 6.100.

En total, se atribuye a Queipo de Llano la muerte de al menos 54.000 personas (de acuerdo a las cifras del historiador sevillano Leandro Álvarez Rey) cuyos cadáveres se han hallado en 708 fosas comunes por toda la Comunidad Autónoma.

Condenado al ostracismo

Al fin de la guerra, Queipo de Llano fue ascendido de nuevo al rango de teniente general y presentado como un héroe en Sevilla. Pero los honores no tardaron en dar paso a la marginación. Debido a su fuerte carácter, pronto empezó a ser considerado incómodo por el incipiente régimen, que trató de mantenerle apartado enviándole en distintos viajes diplomáticos a Alemania e Italia.

Sus exabruptos verbales le valieron la enemistad de dos figuras muy poderosas, el general Varela y Serrano Suñer, lo que unido a una cierta antipatía personal de Franco que se remontaba a las estancias en África del general (en las que fue superior de Franco) le valió, al tiempo que era galardonado de cara a la galería (con la Cruz Laureada de San Fernando e incluso con un título nobiliario, marqués de Queipo de Llano), ser despojado de toda clase de responsabilidades hasta terminar retirado en propiedad de varias fincas, algunas de ellas en la Cartuja sevillana.

Murió, finalmente, en 1951, y fue enterrado en la Basílica de la Macarena, cuya construcción patrocinó y de donde, en aplicación de la Ley Andaluza de Memoria Histórica y con la cooperación de la cofradía, se espera que sus restos sean retirados próximamente.

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