Chantall, 18 años, víctima de explotación sexual.
Chantall, 18 años, víctima de explotación sexual. Pablo Blázquez/Proyecto Esperanza

Chantall es nigeriana, huyó de su país por la muerte de sus padres, el intento de su tía de casarla con un hombre mayor y las constantes agresiones físicas que sufría por parte de quién debía haberla cuidado. Chantall no quería casarse, sólo era una niña. Huyó como pudo y se mezcló con gente que le prometió una vida mejor en Europa, no sin antes haberle hecho comprometerse a pagar la deuda del viaje, siendo menor de edad todavía.

Entre las diferentes situaciones que pueden considerarse Trata de personas, la Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Transnacional explica que entre ellas está la captación, transporte, traslado, acogida o recepción de personas recurriendo a la amenaza o al uso de la fuerza u otras formas de coacción; y el rapto, fraude, engaño, abuso de poder o de una situación de vulnerabilidad o a la concesión o recepción de pagos o beneficios para obtener el consentimiento de una persona que tenga autoridad sobre otra, con fines de explotación.

Este martes se celebra el Día Mundial de las víctimas de Trata, un delito que afecta, según el último informe de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, a más de 20.000 personas. De todas ellas, el 77% son mujeres que han sufrido, en su mayoría, explotación sexual, según la ONU. En cuanto a los hombres, el delito de trata más común es la explotación laboral.

L.S es un hombre que llegó a España engañado por la mafia. Huía de una situación difícil en su Rumanía natal, en la que los problemas económicos y las relaciones tóxicas le llevaron a caer en el desvarío del alcohol. Cuando pisó territorio español, se sintió ilusionado, pero duró menos de lo que esperaba, aún le aguardaba lo peor.

"En España, si me pasa algo, siempre habrá alguien que se preocupe"

Chantall tiene actualmente 18 años, llegó a España después de haber sufrido agresiones físicas, primero en Nigeria y luego en Marruecos, dónde la llevaron esos "hombres mafiosos" que le organizaron el viaje.

En Marruecos, soportó explotación sexual, días y días en los que lo único que podía hacer era darle vueltas en su cabeza a la idea de salir de aquel infierno. "No sabía que iba a ser de mí", cuenta la joven a 20minutos.

Aquellos hombres la tenían escondida en un bosque, junto a otras personas. A Chantall la prometieron un traslado a España, aunque aún quedaba la deuda pendiente con la mafia, hecho que se encargaban de que no olvidara fácilmente. A su llegada a Madrid, aún bajo su control y presión, solicitó protección internacional en la Oficina de Asilo y Refugio, y contó la historia que la red mafiosa le había dicho que dijera. Después todo era más de lo mismo, explotada y obligada a ejercer la prostitución en un polígono industrial.

En este punto, la Brigada Central contra la Trata de Seres Humanos de la Policía Nacional inició una investigación, y Proyecto Esperanza, organización de protección a víctimas de trata, se encargó de Chantall. "No sabía en quién podía confiar", cuenta la joven que tuvo miedo de hablar con las trabajadoras sociales de la organización.

Una de esas educadoras sociales, Ana Almarza, explica a 20minutos que "es preocupante" el aumento de "víctimas jóvenes". "En este último año hemos atendido a 180 mujeres", afirma Almarza. En cuanto a la situación de estas mujeres, Almarza explica que "muchas no se sienten víctimas porque las engañan sus propias familias o amigos".

Después de la identificación como víctima de explotación sexual, Chantall tuvo apoyo apoyo psicologico, jurídico, y educacional. Ahora quiere formarse y estudiar Derecho en la universidad. "Me siento muy segura, de lo que hago, de mí misma y de lo que puedo lograr", afirma. La joven dice estar "muy agradecida" por todos los cuidados recibidos. "Sé que estoy en un país en el que, si me pasa algo, siempre habrá alguien que se preocupe y esté pendiente, eso es lo más importante cuando estás lejos de tu casa", concluye.

"Ya me han jodido"

En el momento en el que L.S. puso un pie en España, le dieron "su primera ostia", según cuenta este hombre rumano a 20minutos. Vino al país engañado, bajo la promesa de un trabajo en España. Los golpes y cortes en el cuerpo se sucedieron aquel primer día. Le amenazaron con matarle, le pegaron con los puños, con un cinturón y con un cuchillo.

"Ya me han jodido", eso es lo que pensó L.S. antes de subir a una casa pequeña, en malas condiciones y en la que llegaría vivir junto a otras 30 personas. "Dormíamos en todas partes, hasta en la terraza", cuenta.

El trabajo para el que estaba allí era para recoger frutas en un campo cercano. "Los golpes no cesaban, me tiraban la fruta a la cabeza", recuerda este hombre. Ese día trabajó sin parar hasta la una de la madrugada. Les movían, a él y a otras personas, por varios varios pueblos y fincas. "Estuve dos años en esta situación. Así. Me quitaron el pasaporte y el móvil". Le amenazaron con quitarle a su familia, y el miedo a esto le hizo aguantar hasta lo indecible. 

Tras estos dos años, un día en el que estaban trabajando en un campo, se presentaron a 10 furgonetas de la Policía Nacional. Alguien les había dado el chivatazo de una red de explotación laboral. "Estaba muy asustado, no sabía si podía hablar", explica L.S.

Pero sí que pudo, primero con una traductora, luego con policías y luego con miembros de Fundación Cruz Blanca, una organización de protección de víctimas de Trata. Con respecto a estos últimos, L.S. está muy agradecido. "He aprendido español, me han ayudado en muchas cosas, con cursos, para buscar trabajo, para hacer buenos amigos. Han estado conmigo todo el tiempo", afirma.

"Ahora he aprendido que la gente mala piensa en ella y la gente buena piensa en los demás" explica L.S., que ofrece un consejo a las personas que desean irse de su país: " No confiéis en personas que no conocéis. No quiero que esto le pase a nadie más".