Sánchez y Rivera, antes de firmar el pacto de investidura en 2016.
Sánchez y Rivera, antes de firmar el pacto de legislatura en 2016. EFE

Era el año 2016. 24 de febrero, concretamente. 'El abrazo', una de las obras más representativas de la Transición, de Juan Genovés, era testigo en la sala Constitucional del Congreso del acuerdo entre Pedro Sánchez y Albert Rivera. Los líderes del PSOE y de Ciudadanos firmaban un pacto con 200 medidas para apoyar la investidura de Sánchez tras el bloqueo político originado tras las elecciones de diciembre de 2015.

Albert Rivera, que entraba por primera vez al Congreso con los 40 diputados de Ciudadanos -tras la repetición de elecciones se quedó con 32-, se presentaba como el líder del partido del desbloqueo, de centro, dispuesto a pactar a izquierda y derecha por el bien del país pese a que anteriormente negó en rotundo posibles acuerdos con Rajoy y con Sánchez. "El acuerdo no ha sido fácil, hemos tenido que pensar en el bien común para llegar a un acuerdo que constituye el primer paso para que se produzca el cambio político en este país", explicaba Pedro Sánchez. Vivía su primer mandato al frente del PSOE.

"Ciudadanos y el PSOE han hecho un esfuerzo, representamos a nueve millones de votantes. Este país hizo un gran esfuerzo en la Transición, y hoy nos toca hacer lo mismo", agregaba Rivera. Ninguno de los dos empezó con buen 'feeling', pero superaron sus diferencias por el bien del país con este acuerdo. No obstante, entre los dos sumaban 130 diputados, lejos de la mayoría absoluta, y la negativa de Podemos de apoyar este gobierno llevó a una repetición de elecciones.

Distanciados por el "no es no" a Rajoy

Meses, elecciones y negociaciones después, la relación entre ambos se enfrió por el "no es no" de Sánchez a Mariano Rajoy, que no contaba con los apoyos para ser investido presidente pese a haber ganado las elecciones. El líder de Ciudadanos acusó a su homólogo socialista de bloquear el país por su postura tajante sobre la investidura de Rajoy, en la que no estaba dispuesto a abstenerse.

Las presiones de su partido le hicieron dimitir y dejar su escaño y, con una gestora al mando, la abstención del nuevo PSOE permitió que Mariano Rajoy tomara posesión como presidente del Gobierno. Desde entonces, los contactos entre Sánchez y Rivera fueron mínimos por la ausencia del socialista en Congreso.

En mayo de 2017, Pedro Sánchez volvió a ser elegido secretario general de su partido en contra de los barones y los pesos pesados del partido, que apoyaron a Susana Díaz. Rivera se limitó a felicitarle a través de las redes sociales y, solo unos días antes, le advertía de que no contara con Ciudadanos "para gobernar con nacionalistas", como insinuaba Sánchez.

Uno de sus siguientes encuentros tuvo lugar en diciembre de ese mismo año. En el 39º aniversario de la Constitución, ambos coincidieron en el Congreso y entre sonrisas los dos cruzaron dardos: "Yo le tengo cariño a Albert, pero me dice que soy un podemita", comentaba entre risas el nuevo secretario general, a lo que el líder naranja respondía con otra broma: "Me debes una investidura".

La moción de censura hizo saltar por los aires la relación

Si bien la relación entre ambos ya estaba tocada, saltó por los aires con la moción de censura en 2018. Hasta el día de hoy, Rivera no le ha perdonado que desbancara a Rajoy con el apoyo de las formaciones independentistas. Las acusaciones de llegar a la Moncloa "por la puerta de atrás" y mediante un gobierno "Frankenstein" se hicieron constantes y sinceras, sobre todo después de que Ciudadanos le ofreciera sus diputados si el PSOE se comprometía a convocar elecciones de forma inmediata.

Los socialistas no quisieron acatar las exigencias de la formación naranja y el resultado de la moción es conocido por todos. El "no es no" pasó a ser el de Ciudadanos a Pedro Sánchez: no a los presupuestos y no a cualquier tipo de acuerdo. Una posición que ha mantenido incluso después de convocarse las elecciones, cuando Rivera anunció su veto al 'sanchismo' tras los comicios si sus diputados fueran necesarios para investir, como así ha sido, al líder del PSOE.

Pese a que entre los dos partidos suman mayoría para gobernar, Ciudadanos está decidido a irse a la oposición aunque eso le cueste la peor crisis interna de su partido y las dimisiones de algunos pilares como Toni Roldán. Se lo manifestó al presidente en funciones en la primera ronda de contactos tras el 28 de abril, su primera reunión desde 2017 y que apenas duró 40 minutos.

Se lo transmitió semanas después en una segunda reunión que duró incluso menos y no se lo ha podido repetir una tercera este lunes porque, a diferencia de Casado, Rivera rehusó reunirse con el presidente en funciones pese a la invitación de Moncloa. Este lunes, además de dimisiones, el partido ratificó su veto a Sánchez y ha asegurado que continuirá con la misma estrategia.