Economía colaborativa.
Economía colaborativa. LUIS F.SANZ

En medio de unas cifras que reflejan una cierta recuperación tras la crisis, pero con graves problemas aún por resolver como la elevada deuda y la tasa de desempleo, y de una situación de incertidumbre política por la falta de formación de Gobierno en España y de  dificultades que acucian al conjunto de Europa, las economías del mundo están adquiriendo un nuevo modelo, adaptándose a un tiempo donde las necesidades y la tecnología están dando un giro a los conceptos tradicionales de oferta, demanda y consumo.

Economía colaborativa. Así se define el reciente sistema, cuyos ejes de actuación son la participación y la confianza.

''Se trata de la vuelta al capitalismo tradicional en el que dos partes intercambian libremente'', afirma Manuel López Zafra, codirector del Máster en Data Science para Finanzas de CUNEF (Colegio Universitario de Estudios Financieros).

La economía colaborativa no es una moda. En poco tiempo, ha adquirido un protagonismo inimaginable y las perspectivas auguran un progresivo crecimiento.

Un informe realizado por la consultora PWC recoge que el valor de las transacciones realizadas en Europa alcanzó el ejercicio pasado los 28.100 millones de euros.

Para 2025, los expertos sitúan la cifra a nivel mundial por encima de los 300.000 millones.

Para 2025, los expertos sitúan la cifra a nivel mundial por encima de los 300.000 millones

En España, algunas universidades han incorporado en el nuevo curso posgrados y másters sobre este tema. Por ejemplo, la Complutense de Madrid ha creado el Master de Experto en Gestión y Promoción de Empresas de Economía Social y Solidaria.

Los sectores con mayor relevancia en este tipo de actividad son el de transporte y el  de alquiler de casas. Pero la  economía colaborativa permite la participación de todos los demás agentes.

Compartir coche para ir de viaje o al trabajo, alquilar una casa, una habitación, el garaje en horas de trabajo, el trastero, la bici o una tabla de surf,  hacer de guía turístico, sacar el perro a pasear, organizar cenas o comidas en casa, pedir un préstamo, vender un mueble o un billete de tren que no vamos a poder utilizar... las posibilidades son infinitas.

En España se calcula que existen unas 500 compañías que a través de sus plataformas ponen en contacto a los interesados.

El estudio de PWC destaca, por otro lado, que España es uno de los países donde mayor peso tiene la economía colaborativa. Francia y Reino Unido son líderes en Europa.  Seguidamente se sitúan Alemania, España, Holanda, Suiza, Italia, Polonia y Bélgica.

Los analistas afirman que en el caso de nuestro país el alquiler de casas a través de esta formula ''es extremadamente popular'', suponiendo el 25% del total de operaciones que se realizan a través de los diferentes canales. En el caso de establecimientos turísticos céntricos llega al 50%.

El sector financiero también está adquiriendo especial significación, y PWC señala que el volumen de transacciones a través de las plataformas se incrementó un 152% en 2014, hasta los 62.000 millones de euros, convirtiendo a España en el sexto mayor mercado financiero alternativo  de Europa.

El éxito de la economía colaborativa es claro y así lo reflejan las cifras ''Es más eficiente y optimiza la utilización de recursos; es más ecológica y además crea lazos sociales'', comenta Rodrigo García de la Cruz, profesor del IEB (Instituto de Estudios Bursátiles).

Pero también existen inconvenientes.  ''Puede provocar la pérdida de empleos de algunos sectores, pero es algo que está ocurriendo en la transformación digital de cualquier sector de la sociedad'', asevera García De la Cruz.

''La solución es transformar los puestos de trabajo, ya que en muchos casos serán generadores de nuevos empleos y servicios para los países, dinamizando su economía, como está ocurriendo ya en muchos países'', añade.

El principal escollo por resolver es la convivencia entre lo tradicional y lo innovador. Afecta a todos, pero con especial importancia al transporte y al turismo. ''Los problemas pueden venir por las limitaciones de acceso que las autoridades y los sectores establecidos plantean.

Es conocido el contencioso que Airbnb mantiene con el Ayuntamiento de Barcelona por presión de los hosteleros tradicionales [este verano amenazó a la compañía y a Homeaway con multas que podrían alcanzar hasta los 600.000 euros al considerar que carecen de licencia para el alquiler de apartamentos turísticos].

Confebus demandó a Blablacar por competencia desleal (desestimada finalmente por el juez); y los taxistas madrileños han bloqueado Madrid en más de una ocasión para situar a Uber fuera de la ley, con escaso éxito'', recuerda el profesor de CUNEF, Manuel López Zafra.

Son las dos caras de una misma moneda: la economía tradicional contempla la situación como una amenaza, y la colaborativa como una posibilidad de ahorro y de obtención de ingresos.  Influye, además, y mucho, que el ámbito regulatorio y fiscal no es el mismo, y que difiere entre Comunidades Autónomas.

La polémica entre partidarios y detractores ha puesto en alerta a Gobiernos y a la Unión Europea.

La Comisión diseñó  este verano la Agenda para la Economía Colaborativa, donde incluye una guía sobre cómo la normativa existente deberá aplicarse al nuevo modelo.

Se trata de una serie de pautas recomendadas para que cada uno de los Gobiernos revise o modifique las leyes actuales teniendo en cuenta la economía colaborativa.

''Nuestro papel es fomentar un entorno reglamentario que permita el desarrollo de los nuevos modelos de negocio y, al mismo tiempo, proteja a los consumidores y garantice una fiscalidad justa y unas condiciones de trabajo equitativas'', declaró Jyrki Katainen, vicepresidente de la institución, en el comunicado hecho publico el pasado junio.

Se trata de la principal vía de ingresos debido a las dificultades para encontrar empleo

El documento de la Comisión destaca, por otro lado, que los motivos que  la población argumenta para trabajar en alguna plataforma son dos:  se trata de la principal vía de ingresos debido a las dificultades para encontrar empleo, y  permite hacerlo desde casa con mayor flexibilidad e independencia.

Este será uno de los asuntos que deberá abordar con prioridad el nuevo Ejecutivo. De momento, la Comisión Nacional de los Mercados y de Competencia (CNMC)  última un documento normativo no exento de  dificultades surgidas por el desacuerdo entre los miembros del propio organismo. No obstante, la CNMC reconoce que este sistema es ''una realidad'', y que lo que necesita es una adaptación.

Rachel Bostman, autora del libro What’s Mine is Yours (lo mío es tuyo), considerado como la biblia del consumo colaborativo, opina que la ''revolución colaborativa será tan significativa como la industrial''.