11M
¿Culpables
o
inocentes?

Emilio Llano era, por encima de todo, un mal vigilante.

Contratado para vigilar la Mina Conchita, en donde trabajó hasta 2002 Suárez Trashorras, hacía la vista gorda para que se pudiese destruir el explosivo y los detonadores sobrantes sin pasar por el minipol.

Llano Álvarez, al final de cada mes, rompía las anotaciones sobre entregas y consumos. Pese a lo evidente de la artimañana, la Guardia Civil no se percató en ninguna de las revisiones correspondientes.

Llano Álvarez se enfrentaba a una pena de 5 años por tráfico de explosivos, pero fue finalmente absuelto.

DECLARA EMILIO LLANO

Emilio Llano, el vigilante de una mina llena de explosivos, no era precisamente escrupuloso con su trabajo.

De hecho, era casi una tradición el desorden y la vista gorda con los mineros que, según había dicho previamente El Rulo, pagaban de su nómina los explosivos.

Lo más curioso de todo es que, según ha declarado el propio Llano, los controles de la Guardia Civil nunca vieron nada extraño.

"Llevaba el consumo de todos los días, lo pasaba a los libros y lo rompía (...), esto se llevaba a las inspecciones de la Guardia Civil", ha declarado Llano.