11M
¿Culpables
o
inocentes?

Quienes conococían a José Emilio Suárez Trashorras coincidían en que no era muy normal.

El periodista José María Irujo lo describe en su obra 'El Agujero' como una persona nerviosa, inquieta y fantasiosa. De hecho, en 2002 -y tras cuatro años de trabajo en la Mina Conchita, propiedad de la empresa Caolines de Merilles-, le jubilaron por depresión, esquizfrenia paranoide y transtorno de personalidad.

"Es un auténtico pirado", dicen algunos de sus conocidos sobre Suárez Trashorras.

Detenido en 2001 junto a su cuñado por un delito de drogas -dentro de la 'operación Pipol'-, se le intervinieron entonces ochenta kilos de hachís, 16 cartuchos de Goma 2 y 94 detonadores.

Nada en comparación con los 200 kilos de explosivos que, en diferentes tandas, robó de la Mina Conchita y le fue facilitando al "El Chino", narcotraficante que participó activamente en la organización de los atentados, que más tarde se suicidaría en Leganés, y a quien conoció gracias a Rafá Zouhier -un pequeño traficante de Lavapiés-.

Suárez Trashorras era el acusado para quien se solicitaba una mayor pena -38.976 años de cárcel- como autor por cooperación necesaria de los atentados y como autor material de los hechos que permitieron la adquisición de los explosivos utilizados por la célula islamista autora de la matanza, no obstante, su situación psicológica ha servido como atenuante y ha sido condenado finalmente a 34.715 años de cárcel.