El buen alemán

El buen alemán - Cartel
Título V.O.:
The good German
Año de producción:
2006
Distribuidora:
Warner Bros
Género:
Drama
Clasificación:
Pendiente por calificar
Estreno:
2 de marzo de 2007
Director:
Steven Soderbergh
Guión:
Paul Attanasio
Música:
Thomas Newman
Fotografía:
Peter Andrews
Intérpretes:
George Clooney (Capt. Jacob ´Jake´ Geismer), Tobey Maguire (Patrick Tully), Cate Blanchett (Lena Brandt), Tony Curran (Danny), Jack Thompson (Congresista Breimer), Leland Orser (Bernie Teitel), Beau Bridges (Coronel Muller), Robin Weigert (Hannelore)

Fotogramas de la película

Sinopsis

Finales de la II Guerra Mundial. El corresponsal norteamericano Jake Geismer es enviado a Postdam para cubrir la Conferencia de Paz en la que se tiene que determinar el destino de una Alemania devastada. El chofer encargado de trasladarle a la zona americana es Tully, un hombre corrupto con tratos en el mercado negro. Esos negocios no atraen a un periodista como Geismer, pero sí se interesa por la bella novia de Tully, a la que conoció hace años. Cuando Tully aparece muerto, Jake sabe que es casi imposible encontrar la verdad en un tiempo de posguerra, con muchos secretos por ocultar. Ambientada en la Alemania de 1945 y rodada con las técnicas de filmación de la época, "El buen alemán" es un drama con el misterio como telón de fondo. El realizador Steven Soderbergh retrocede en el tiempo para contar una historia comprometida, después de éxitos como "Traffic", por la que recibió el Oscar al mejor director en 2001. Para el reparto, cuenta con uno de sus actores fetiche, George Clooney, con el que hatrabajado en la saga "Ocean's", de la que se espera la tercera parte. Clooney vuelve al cine tras un 2006 en el que fue oscarizado por su interpretación secundaria en "Syriana" y nominado por su labor de director en "Buenas noches, y buena suerte". Le acompañan la también ganadora de una estatuilla Cate Blanchet (El aviador) y Tobey Maguire, a punto de estrenar la nueva aventura de "Spider-Man".

Crítica

Elogio del clasicismo cinematográfico, sí, pero con el filtro fluido de una película sin mordazas. El toque Curtiz suspira en cada plano. También el escepticismo moral del Berlín, Occidente de Billy Wilder y, sobre todo, El tercer hombre de Carol Reed, pero Soderbergh es un cineasta firmemente aferrado al hoy, que decora su homenaje con témperas en desuso, jugando con la plástica anacrónica del blanco y negro como solución estética y como principio, viajando al pasado con lentes arcaicas y miradas horizontales de otro tiempo. Pero el nihilismo es marca de fábrica. El buen alemán es, quizá, la película sobre la posguerra que habrían firmado Curtiz, Wilder o Reed con el bagaje de una perspectiva histórica a sus espaldas, si hubiesen hablado del anteayer en vez de del hoy por la mañana. Soderbergh explora las tinieblas pre o post apocalípticas, según se mire, de esa Europa de ajedrecistas, que no celebraba el finiquito feliz de la II Guerra Mundial, aunque las apariencias apuntasen en tal dirección, bien al contrario acicalaba la armadura para encajar los golpes inminentes de la Guerra Fría. El Berlín de 1945, el de la conferencia de Postdam, es decir, el de El buen alemán, es la antesala del telón de acero y el mundo bipolar asolado por el espectro nuclear y la amenaza del desastre. Un Berlín, pues, visto con los ojos objetivos que otorga la distancia, paraíso de sabandijas, criaturas oscuras, parásitos del caos y, claro, arquetipos cincuenteros. Lo nuevo de Soderbergh funciona precisamente por esa providencial colisión entre recortables mitómanos y representaciones contemporáneas de los precipicios del caos postbélico que augura la escarcha que se le viene encima. El buen alemán es un thriller casi modélico, referencial y reverencial en exceso, que puede ser leídocomo una nostálgica colección de guiños al Hollywood dorado o, con más propiedad, como una feliz resurrección del esqueleto formal y conceptual del noir bélico clásico como atrezo de un discurso vitriólico ejemplarmente matizado. Clooney y Blanchett son émulos idoneos del Bogart y la Dietrich de turno, haciendo olvidar el desliz de casting que eligió a Tobey Maguire como tipo duro y amante imposible de una alemana vertiginosa como la etérea y divina Cate. Embajadores intachables del glamour en esta lúcida retrospectiva del cine de entonces, que redimensiona (a lo ancho) la magnitud de las sombras inherentes al subgénero.

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